PÓNGAME UNA COCA-COLA... SIN HIELO, SÍ, SÍ... DEL TIEMPO. ¿PINCHO

 

TIENEN, ES GRATIS, VA CON LA CONSUMICIÓN, EH?




 JIMDO CASTAÑAS, NUECES, MELONES... ¡Y QUE NO SE DIGA MÁS!

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PARÍS JIMDO

J. F. RICO JIMDO

“Mira, mira, ha salido el sol, qué bien…,¡qué bonito es el sol!, sobre todo éste, el del invierno… que sale por sorpresa, sí, y parece que me limpia de arriba abajo, incluso es como una ducha…, como si pudiera lavar mi cabecita loca y dejarla, así, tranquila, brillante, inocente…, mi cerebro, inocente…Este sol de invierno me lo deja en un estado tan puro… que es como si acabara de nacer…, no, no me quita la memoria… No. Pero es eso, Sol de invierno.” Todo esto me lo cascó de golpe, sin parar…, como una ametralladora, con los ojos, así, como soñadores…, y la boca, los bordes, las comisuras de la boca, rebosantes de saliva, mi amiga Dorotea –alta, morena, gran lectora…¡una tía buena!, se entiende lo de buena, ¿no? Unos pechos, un culito…¡Ay, ay, ay!- mientras dábamos una vuelta por esta hermosa ciudad, envueltos en un pestiño a putrefacción que no nos importaba; eso es lo que aparentábamos…, ya se sabe, las apariencias. Había huelga de basureros, basureros…Llevaban ya una semanita de nada tocando los cojones y jodiendo a los vecinos con eso de la seguridad en el empleo (en este caso, querían seguir recogiendo basura, mierda, y un aumento de sueldo…,¡los miserables!, también querían que la empresa no despidiera a, a…más de la mitad de la plantilla, seguro que estos trabajadores, servidores públicos, de alguna forma, tenían mucha razón, eso sí…, y seguro que al final los iban a joder bien jodidos, eso también, ¡es lo que pasa, siempre!) y parece que estaban dispuestos a continuar…¡Guerreros, sí señor! Le dije, mirando para arriba, a sus ojos, a su cara…, es que es muy alta…, y hasta juega al baloncesto y todo. “Dorita, tú que eres, creo, una muy buena amiga mía, ¿no podrías centrarte un poco en lo que estamos hablando, en lo que te acabo de decir?...Sí, sólo son quinientos euros de nada…, y, de verdad que te los devolveré…”. Oye, chaval, si es que les hablas de dinero, a la gente, y es que se te ponen todos, pero todos, todos, a la defensiva…O te salen con poemas…, el caso es cambiar de tema, esquivar el peligro…Pues ahí la tenéis, a Dorita, hablando del sol del invierno…, de lo bonito, de lo bello que es…, haciéndose la mártir…, la muy puta… “Mira” -esto de decir “mira” cuando en realidad te están, o te van a hablar, tiene huevos…, no me digáis que no, ¡eh!-, “Panillo, yo, bien lo sabes tú, esto del dinero me trae sin cuidado…¡No es lo más importante en la vida, qué caramba (ella es fina…, caramba, dice…, vamos como para mandarla a tomar por el culo, pero es que ya, pero ya…, en fin, paciencia, cabrona), hay cosas que tienen muchísimo más valor…, el amor, la belleza, la ternura…¡uy, uy, uy…, tantas cosas, jolines”. Seguíamos caminando mientras el perfume de la crisis, o sus consecuencias…, la huelga, nos iba agriando un poco el ánimo. “pero, joder, si yo no te digo que no…, si tienes razón, pero, ya sabes, son quinientos lereles (euros) lo que tengo que pagar, como mucho dentro de dos días…, a ver…, eso tiene su importancia, no me digas que no…, si es que si no pago me ponen en la puta calle, así, sin más…Pero, vamos, tía (aquí metí la pata, en lo de “tía”…, no le gustaba…, los tacos los pasaba…, pero lo de “tía”…es que la ponía de muy mala hostia, a su manera, se entiende…, de muy mala hostia, pero muy fina, ella), si a ti eso no te parece…incluso hasta grave…, ¡ya me dirás!” Como el que oye llover, exactamente así…, así seguía andando, a mi ladito, Dorotea. “Yo, Panillo, te los prestaría con gusto, en serio, de verdad…, pero, que no, que no es para lo que me dices…, y me vas a perdonar la impertinencia…, te lo vas a gastar…, bueno, ya sabes…”. Si darme cuenta, una rata que estaba como borracha, sería por el veneno…, lenta, en zig-zag, tropezó…, o tropezamos los dos, con un zapato mío…¡Cosa de centésimas de segundo, le metí una patada…, pero vamos…, un hostión, que la lance, la puse encima del techo de un bonito choche…, allí cayó y (sí; "y") hizo: ¡clack, clack…, criggg, griggg…! Medio muerta quedó. Seguimos caminando, paseando, alegremente, ¡qué leches!, Dorita y yo, ella sin inmutarse, haciéndose la dura…, con el asco que le dan los ratones…, y las ratas…, pufff, si lo sabré yo. Llegamos a una calle en la que no había…nada, no había gente…, nada…, basura. Pocas casas, algunas hechas polvo, en el esqueleto…, otras, medio enteras, medio de pie…comiéndose a los muertos de hambre que allí vivían, es un decir. Por aquí también hay basura amontonada, sin recoger, desde hace días…, ¡no,no,no, aquí, en este barrio, El Matadero!..., hace siglos que la porquería acampó. A ver si por el lado, por decirlo de alguna manera, romántico, cuela. “Dori, qué color, desvaído, vaporoso…,¡qué hermosura!, esas hojas que alfombran el suelo, con ese bello color pastel, marrón claro, dorado…, y apagado, y que crujen según vamos pasando, pisándolas, nosotros dos, que somos las dos únicas luces encendidas demasiado pronto en este barrio miserable, podrido…Es que atardece, Dori, pero nosotros brillamos, resplandecemos…, no sabemos a dónde vamos, la verdad, pero bueno, nosotros aquí…, en cualquier sitio, día y noche, somos un destello…¡Luz divina, somos!...Cada día me gustas más…Bueno, qué, qué me dices, es la tercera vez que te lo digo, y no estoy pidiendo…, te dejo que me hagas el favor, vaya, que es muy distinto” Una paisana, en un edificio de tres plantas, con las paredes como un cuadro del Gran Maestro Zen, Tapies, y con las pintadas mas asquerosas del mundo, se arranca, con unas tenacillas, unas pinzas de ésas, los pelos de la barbilla. Nos mira y no nos ve, ¡Qué asco, la Virgen! Dori vive en una de las mejores zonas de Madrid, por allí, sólo con pensar en cómo es aquello, es que ya hasta hueles los billetes de quinientos euros (lereles, según…, así los llama La Momia, a los euracos) Por aquí, por este barrio, por El Matadero, hay alguna casa de una o dos, máximo, plantas, abandonada, en ruinas, deshecha. Tiene una ventaja por donde caminamos ahora, brincando, henchidos de alegría, hay menos olor a podrido, hay menos basura, y aunque hay mucha, alguna ya está seca, ésta lleva ahí, seguro, desde el principio del Tiempo. Y como vive, bueno, muere poco a poco o deprisa la mayoría de ella, menos gente, pues los, llamémoslos así, residuos son relativamente pocos…Además, éstos, los miserables, los parias…consumen menos…, generan menos basura…, y mira que, verdad, les llega al cuello, la mierda. “Te presto los quinientos…Vale, pero, pero…quiero que me hagas eso…, sí” -me dice ella, el amor de mi vida-. Sacamos, compramos una botella de agua de dos litros en un Supermercado que tenía el suelo aceitoso y a las cajeras con una cara como de estar a punto de ser ahorcadas. “Allí”, me dice, excitada, “en ese portal…no hay nadie, no pasa nadie por ahí.”. Me pimplo los dos litros…, hacemos tiempo…y vamos al portal, se agacha, de rodillas se pone, se echa el pelo para atrás, se abre la camisa…y lo demás, se toca, y me dice: “Venga, ya…, hazlo”. Tiene una mirada como si estuviera ida…Me largué, ni siquiera la mandé a tomar por el culo…¡Que me echaran del piso, joder! Pero eso, es que eso…¡Ah, no, eso no! Borrego me habría dicho que hice bien. Tengo frío.

JFR

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Lo olíamos..., como una sombra..., entraba..., allí estaba, mamao perdido, manteniendo la compostura..., murmurando no sé qué de Schopenhauer..., de Nietzsche. Se apalancaba en la silla... La pizarra a su izquierda (¡vade retro,..!); sacaba el Interviú. Nosotros lo mirábamos como si fuera una mosca danzando en la punta de nuestra nariz. Empezaba a mover el brazo con la mano debajo de la mesa..., cada vez con más energía..., estaba colorado..., por el vino no, por otra cosa. Era la clase justo después del recreo; casi todo Dios estaba sudoroso..., no nos concentrábamos..., y él... dale que te dale al manubrio..., pasaba una hoja..., y con más ganas; nosotros, las bestias, los héroes, entre algún eructo y algún que otro gesto de desesperación, rellenábamos quinielas, mirábamos el móvil..., y así. Concluida su evasión, nos miraba... y a duras penas, pero con energía y bizqueando, decía: "¡Silencio!". Ni puto caso; hacía que escribía..., recibía algún pelotazo de papel arrugado, volador; sonaba el timbre..., se levantaba subiéndose la bragueta... y a través de una carrera de obstáculos salía por donde había entrado. ¡Dios!, ¿por qué nos echaste del Paraíso?... Ver cómo se consumen... envejecen, palman... se doblan... ¡Ah!, mírala, ahí está ella... con el perrito, paseándolo... agachándose a recoger la caquita de la bestia...¡Oooh!, es que el marido le ha dicho que: “No, no, niños no... Yo no quiero tener hijos”. Así que se han comprado un perro... Me dice unos hola de la hostia, ella... Que no se descuide el Adán... que cualquier día le entro… y tiramos el perro al río... Íbamos unos cuatro... Serían las tres de la madrugada..., de la noche, mejor, por una calle, más bien estrecha, ni un coche aparcado; caminábamos por el medio... y, a veces, alguno por la acera..., no había nada, ni un ruido, un silencio de la hostia. Empapados y envueltos por la Noche; ¡perdidos estábamos!, vaya. No notábamos nuestros pasos, las suelas de goma nos mantenían, al caminar, en el aire, silenciosamente..., a un milímetro del suelo... ¡Ah!, esto menos a uno que llevaba zapatos, buenas suelas, como de metal..., y a cada paso hacía: ¡clac, clac, clac!; aquello no nos daba la risa... porque nosotros, ahí, esa noche no sabíamos ya ni quiénes éramos ni adónde íbamos (a sobar, eso sí..., pero...). Y ¡clac!, y ¡clac!...; y alguna farola con una luz blanca proyectando nuestra sombra arrastrándose sobre la superficie que pisábamos, poco fiable, y que nos servía de alfombra llena de cristales rotos. Allí no hablaba nadie, no había ni viento..., ni lluvia... ni nada... ¡Silencio oscuro!, como las paredes de los edificios que nos apretujaban. ¡Qué vergüenza nos daba el ruido que hacía el otro tonto de los cojones al andar con esos zapatos que, incansables, nos obligaban a que estuviéramos pendientes de ellos todo el rato! Tiramos la casa por la ventana... señores.... ya no damos abasto a tanta y tanta y tanta ¡injusticia! ¡Oh!

J. F. Rico


       

 

     Y... ¡UN POCO DE BUEN HUMOR! 

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cartooningja.jimdo J. F. Rico.Biografía, que no lo es, de Jeff Bezos.
Biografía, que no lo es, de Jeff Bezos. cartooningja.jimdo J. F. Rico Jimdo Amazon Digital Services, Inc.

 

 

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