Jimdo - El punto - Libro - J. F. Rico ©

 

 

Miran, se ponen uno a un lado y el otro al otro. Se repantigan, con cierto control, eso sí; se sonríen, son muy educados. Uno hace las preguntas, retoricas todas, almibaradas... Están en la cumbre; la parte que responde, lo hace de forma previsible, siempre lo esperado, no hay que arriesgar, la carrera es muy importante. Hay que ser correctos (Las putadas ya las dejaremos para cuando no nos vea nadie..., ¡las harán con gusto!). No hay que exponerse. Ji, ji, ja, ja. No han hecho nada por que la vida sea mejor, nada. Lucirse, trepar y decir siempre lo que conviene. ¡Ah, las putas!

 

Fuego. Tiene una farmacia. Siempre ha tenido la misma pareja (debe de estar... de la misma zanahoria más que harta... Pero seguro que se inventan cositas... para no caer en la monotonía..., y tal). Los dos, y el perro, viven felices en un buen chalet, en una de las mejores zonas de la ciudad, ¿ves? Ella tiene el pelo largo, ondulado, del mismo color que tiene el sol al atardecer..., justo antes de que se esconda (el sol). Piernas casi perfectas. Culito un punto respingón. Es muy guapa..., 38 tacos tiene. Paso a su lado (¡mira que me conoce!)... Y es como si yo fuera un átomo, un neutrino... Don nadie... En un descuido, nos cruzamos la mirada..., ni un segundo, dura... Parece que me tuviera asco...; pero no, es ella, que es que ya le sale el tedio -¡inevitablemente, como la lava de un volcán!- por los ojos... Seguirá así hasta que palme..., si no aparece, de nuevo, el Capitán América... Yo... Sí, que fui el primero en perforar todos sus agujeritos... Es igual, día y noche: ¡mentiras!... Excepto que yo (nos contaba Pardales, esta vez sobrio) también la espicharé algún día... Ya seremos libres, pues. (No sé, no sé...). Voy a tomar algo por ahí...

 

Está la gente por la calle como atontada (todavía más...), asfixiada..., mirando como idos hacia un coche que pasa, un balcón... ¡No sabe dónde meterse..., toda esta morralla!, en definitiva. Vete y cuéntales que andas depilándote... ¡Ya verás, ya! ¿Juegas al baloncesto? ¡Uy, uy! Rencorosos, envidiosos, mediocres, traicioneros..., sí, sí... ¡Todos unas bellísimas personas; líderes... Lo cierto es que os han llevado toda la vida de la mano..., buenos consejos, buen ejemplo... Los mejores Coles... y... ¡no dais para más...! ¡Hasta habláis con faltas de ortografía!

 

Míralo, el señorón, ¡payaso! Pelón. Es el Señorón. Tontolahaba. Por mí te pueden dar bien, bien... ¡Oh, la pasta, ésa es la cuestión; tú lanza el anzuelo..., alguno picará..., ya verás! Sí, sí, tenemos una posición... ¡¿Nosotros?! Nosotros lo sabemos todo, de todo opinamos... ¡Hostias, eso sí, las empresas para las que trabajamos pierden dinero por un tubo, sí, sí! Los medios de comunicación, los coach, los partners... ¡Mogollón de maulas...! Florecitas en primavera. Todo se repite. Así, obligados a no detenerse..., todos a una, empujando. ¡Ah, joder, si pudierais les arrancabais los dientes con unos alicates a los vecinos... Si es que deseáis el mal ajeno, que se os ve en la jeta! El anzuelo, picar, eso es. ¡Oh, pero es que yo tengo un cociente intelectual de la hostia, a mí no... Esto gritaba Pitillo, subido a una mesa, en el bar... Molestaba a la gente, se lo llevaron a hostias...; a suaves empujoncitos, también...

 

He quedado con una señora; seré breve. La señora con la que voy a ir a merendar a la orilla del río en este bello pueblo en el que me solazo disfrutando del fin de semana ya debe de haber acabado de pintarse... y de hacer los bocadillos. Yo llevaré unos cartones de buen vino, algo hay que poner, aparte de lo otro... Tal cual: La señora llevó unos bocadillos de mortadela... Allí (a la orilla del río) al atardecer, se estaba muy a gusto... Un ligero viento acariciaba las hojas de los árboles (chopos). Al acabar, la señora comenzó a recoger las cosas y se agachó..., me puso el culo..., ¡hermosísimo!, casi en la punta de la nariz... Podía ver como colgaban (la ley de la fuerza de la gravedad) su opulentos pechos..., como los badajos de dos campanas..., para un lado, para otro... Me levanté, todo lo tenía ya muy levantado, yo. Le dije que era la persona más atractiva que había visto en mi vida... Se puso un poco colorada (el vino..., la situación... Yo..., lo que acababa de escuchar...). -Gracias -me contestó, muy convencional-, tú tampoco estás nada mal... Fin. A joderse. Ahora, lo importante: ¿Qué va a ser de España...? ¡Yo, Pistolo, te lo digo  como politólogo, creo que pronto se solucionará todo...! ¡Hala, a tomar por el culo!

 

El manicomio es la calle y está a tope, señores, no da para más. El director de todo esto es morfinómano..., no puede con su vida..., el hombre. Es primavera. Semana Santa. Miles de macacos hacen tiempo, comiendo pipas, para ver cómo pasan por delante unos alienados con un capirote. De negro, tapados con capas, túnicas..., sudando como lo que son. Las procesiones... El juego de las chapas, las grandes mamadas. Vómitos. La Araña se hará unos 300 lereles al día. Hay una paisana de unos 100 años que siempre me la encuentro a la entrada del bien inmueble cuidando las florecitas. Tiene chepa, su mentón casi toca el ombligo... Muy doblada, mira torcido, de lado... Por esto vive tanto; parece que así esquivara la muerte.

 

La Choni ha escrito un libro (uno más..., y van...); lo está promocionando. Lo importante, sin duda, es matar el aburrimiento, está claro..., ella vive de las rentas..., pues eso. El poeta, ha sacado un poemario. También lo está dando a conocer... por radios, periódicos... Es un personaje verdaderamente asqueroso (se puede demostrar de una forma científica...). Este pájaro tiene una voz como apenada..., pedante, se le nota, aunque lo disimula, que lo que él dice es La Verdad. Luciérnagas, herbicidas, el Puto Polo Norte, las abejas... Se le llena la boca de baba. ¡No se le entiende nada..., al joputa éste! Parece, se cree buena persona... ¡Ah, cabrón, si tienes al vecino que lo van a desahuciar y miras hacia otro lado..., a una puesta de Sol, por ejemplo! A uno -un gran periodista- en la radio lo han despedido..., en su lugar han puesto a otro que es tartamudo y mediocre... Yo, un niño, escucho cómo tocas el piano, estamos en el salón; ha pasado mucho tiempo, sigues a mi lado: en el Cielo. Y te sigo escuchando. ¡Dios, haz justicia, fulmínalos! ¡Que sufran!

 

Me he puesto toda la noche encima -decía PItillo-. No me queda ni una gota de sangre; tengo la boca seca. Todas las persianas están bajadas, pero bien, hasta los topes... Es que no se ve ni un alma..., no hay ruidos; escucho mis pasos..., y ¡clak!, piso una baldosa suelta..., hace un ruido que creo que va a desapestar a todos los muertos de todas las partes, de todos los tiempos... Giro una esquina y es como si dejará atrás, lejos, una guerra... La mía no la suelto... o no me suelta ella. Pero sigo. Pasa un coche..., es, parece una señal que hay que interpretar a la fuerza de alguna manera... Seguro que es un pringadete que madruga..., no sé... Soy ya una sombra, cruzo el portal sin abrirlo, subo al ascensor y parece que voy en un cohete... Disparado... Consumiendo un día más de este año 2017. Doy la vuelta en el pasillo... y me largo por donde venía... Ya estoy otra vez en la calle... Se ven bien las estrellas..., es mejor así...

 

Huele a vinagre, en la calle. Las ratas saltan de coche en coche... en Madrid. La basura se pudre. Y la primavera, en este 2017, sigue quejándose... Hay un loco en la Casa Blanca (aunque lo cierto es que esto no lo tengo claro, no...); su despacho está lleno de ratones. Este tío de la corbata roja... no sabe envejecer. México legalizará las drogas, todas, y sólo se venderán a ciudadanos de EEUU. Enero sigue a su ritmo... Todo, todo, hasta lo más infame, lo deshace en la nada una sonrisa tuya... Se jubilan, y luego pasa lo que pasa... Te veré en el Cielo... Y recién duchada tu olor a jabón me envolverá para siempre.

 

El tiempo, Lucifer de la nada, todo, todo desaparece con él... Nada deja... Pasa... Un millón de veces más veloz que la luz, implacable... Nadie sabe qué es... ¿Dónde quedan las cosas...? No queda nada... en ninguna parte... Y la Tierra, girando sobre su eje y alrededor del Sol... A toda hostia hacia ninguna parte en medio de la noche y la nada... Fotografías en blanco y negro... Sonrisas y luz... El paso del tiempo... Yo te controlo... Cuando yo quiera te callo la boca, ¡piojoso!

 

¡Oh!, fulminado por el Sol, evaporándome..., reconstruyéndome antes, durante y después... Siempre haciendo el esfuerzo... por mantener el tipo... Ahora en esta explanada de asfalto humeante... Cuarenta grados, por lo menos... Chancletas compradas en Los Chinos, baratas..., pero muy frescas... No creo que me duren más de cuatro días, y ya es el tercero... Se están rompiendo, el uso, ya se sabe..., o como decía Franquesteín: "Lo barato sale caro". Como nacer, que es gratis. Pensaba Pistolo mientras se iba ahogando de calor camino de una cafetería, una puta cafetería con aire acondicionado. Hay situaciones que fabrican filósofos... como churros.

 

Voy a recoger un poco de vergüenza en La Fábrica de Pobres y con ella os voy a tatuar en la frente esto: "No soy digno de que me llamen Hombre". Porque tenéis las entrañas de plastilina, el corazón de mierda, y la sangre envenenada de cobardía. Cuando os vayáis, en ese último segundo, os veréis como realmente sois... Y os daréis asco. Esto os dolerá eternamente, ese segundo lo será. Y pura pantomima habrá sido vuestra vida. ¡Dios salve ha quien ha conquistado un poco de Justicia! Esto ya os lo estáis oliendo... a medida en que vais envejeciendo. (No todos, ¡eh).

 

Soplo, y todas las lágrimas derramadas bailan en el cielo y luego caen como copos de nieve de infinitos colores hasta deshacerse entre mis pies. Levanto una mano y detengo el tiempo, la muevo un poco, como acariciando una mejilla, y se enciende la noche, haciendo que brille, limpio, claro, amoroso todo lo que mi vista abarca. Ya no hay horizonte, ni suelo... todo es luz. El agua está tan clara que sólo con mirarla te limpia todas las penas. Todo encaja, todo cuadra... Y Dios se avergüenza un poco al saber que ante tanto dolor no hace nada. Soplo, camino, doy la vuelta al Mundo en un segundo, todo lo veo, no me muevo... y me siento fuerte. Estoy orgulloso porque desprecio el miedo. Tengo una coraza de cristal, es tu amor, tu ternura indestructible.

 

Caras..., caretos, sonrisitas, dientecitos blanquitos... Todos, casi todos, sujetando la cabeza... con la mano, así, una mano en la cara... con aire pensativo..., interesante. Así están en las fotos..., muchos... ¡Ah, eso sí!, aquí muertos de hambre ¡ni uno!, no, no..., eso no. Lo harapientos no tienen "acceso" a la internerté de los cojones; ésos nada, ésos... a dormir en los cajeros de los bancos, para que luego digan que si los bancos son unos usureros y que si esto y que si lo otro..., ¡pura generosidad eso es lo que tienen en el alma..., altruismo, ¡joder! Resentidos, que sois todos unos...

 

Diamantes, rosas..., un ciprés escupiendo sangre..., toda esta legión de mugrientos..., almas podridas..., sonriendo, sino riendo... Ni principio  fin..., flores, gente legal, honrada, honesta... Ya es que nos está emputeciendo tanto el tiempo y la experiencia..., maliciados que estamos todos. ¡Y éste, y... todos, hala, venga, con teléfonos en los bolsillos..., con pantallas..., una mierda...! ¡Dale que te pego, todos a una, sin parar..., revuelve el alma..., putos micos! ¡A votar de nuevo!

 

Y tú, perlas, oro, explosión de colores... El pelo, todo remolinos rojos..., unos labios un poco gruesos... Ojos achinados, unas piernas bonitas..., perfectas, largas como la vida..., que siempre lo es. Los pies, un poco torcidos hacia dentro... Giras en una esquina... y ya no te veo. Todo huele a limpio. Sábanas recién lavadas, sin perfumes, jabón nada más; de lo más corriente..., ¡ese olor!, ¡tan limpio! Empieza aquí la vida. ¡Ni me miras...!, es mejor, mejor que no te juntes conmigo, acabaría mal..., como la vida.

Luego está la de la farmacia. "A ver, unas aspirinas". Con esos ojos como dos lunas doradas..., algo oscuros, cejas espesas..., y pecas. "¿Por qué cojones, tía, te me pones colorada?", muy poco tiempo, dos segundos, un flash.

Qué estoy haciendo, ¿el gilipollas? Me pongo una camisa blanca..., ¡tan blanca, tan de don Nadie!... Sin virguerías, tiene el cuello, así, de esos en pico..., no sé cómo llegó a mí.

Un pantaloncito vaquero; unas zapatillas de deporte..., para hacer running, ju, ju, ju..., baratas, la verdad; un cigarrito...

¡Ojalá que no existiera el Tiempo, joder! Inocente, todo me lo creo. "Las aspirinas, ¿cuanto es?". "Tanto". "Ah". "Gracias". "Hasta luego". "Adiós". ¡Es que no me quito de la cabeza este olor a limpio..., la cama, la almohada, las sábanas... Oooh! "

-¡No sabemos nada, no tenemos ni puta idea de nada, Pistolo.

-¡Bah, yo con tal de no llegar a viejo...!

-¿Y qué vas a hacer, da gracias si llegas.

-¡Sí, sí, por los cojones! 

 

Íbamos con un peso de la hostia encima, desesperados sin saberlo, sin ser conscientes de ello, por la vía del tren, entre los raíles, andando como si estuviéramos siempre a punto de caernos; llovía..., llovizna..., hacía, con viento...; ¡claro que no llevábamos paraguas!..., era lo mismo; me caía el agua y se llevaba un pedacito de mí en cada gota… hasta el suelo..., hasta las piedras de la vía del tren de los cojones, de los putos cojones. Pistolete se había puesto la cazadora encima…, tapándose la cabeza..., era igual… Con nosotros iba la Morrito... y también ángeles…; nuestros ángeles de la guarda…, flotando..., así, entre el viento y la lluvia…, ¡los muy mamones!

¿Para qué íbamos a hablar? Dando tumbos... Y ya, yo lo sé, en la cabeza nos daba la vara un sentimiento de culpa que no sabíamos por qué estaba ahí, jodiéndonos... El viento... A las afueras... Llegaban los ruidos, el rumor, del gran avispero..., de la masa de casas y macacos y coches... 

"¡Y si viene un tren y no lo oímos!" -dijo la Morrito-. "Pues que venga, joder" -le contestó, Pistolo, el Kamikaze-.

Yo me puse a escuchar música… con los dos auriculares bien colocados en las orejas..., como tapones de cera... Llevábamos así, aproximadamente,  media hora... No teníamos pensado nada... ¿Parar?, claro, tampoco... En fin, que estábamos  crucificados al vacío..., doloridos. 

Si en vez de agua, llovieran rosas azules, rojas, verdes, amarillas, negras..., vaya, pues la cosa... Adorado seas pedrusco, raíl...,  hierro  y madera.

Tiene un culo de la hostia, la Morrito; es alta, morena, delegada...,  el pelo liso, con el agua, empapado, le brilla…, le tapa un poco la cara... Siempre estaremos así, pienso, debajo de lágrimas que caen como siempre han  caído…, incansables, eternamente... A los que ya no nos queda ni una es a nosotros, ¡joder!

No  nos pilló el tren... Tuvo su punto...; no habíamos cumplido la edad de Jesucristo cuando empezó  a predicar... y ya nos habían coronado hacía tiempo.

 

Hacen lo que quieren, esto está muy claro. Tienen el control. Andan por ahí con pantalones de marca (color verde, violeta...), suelen dar el pego, o sea: parecen unos desarrapados... ¿Pero de qué tienen  el control? ¿Sabes de qué?, Regi, di...

 

Todo es una cuestión de estímulos..., en el tarro, en la chola, en el coco, los estímulos... Pues entonces hay que imaginarse cosas... Que si yo le dije, que si él me dijo..., que si qué pensará..., y así. A esta hora entro, a ésta salgo... Cobro a fin de mes. Sobran trabajadores... Y, ya se sabe, lo que sobra tiene poco valor... Mano de obra toda desparramada por ahí..., alcoholizada, y qué pasa: paro forzoso. Pero por la noche, por la noche... dulces sueños (no para todos). Pensar que Cervantes las pasó putas... Y Phérez se ha comprado hasta un velero..., revuelve el estómago. Está bien, nunca se había vivido mejor, la verdad. Si te he visto no me acuerdo... A mí que me registren... La carcoma, la lepra, la podredumbre... Le-Pene, es usted fea de cojones. 

 

 

 

Continuará...

 

 

 

 

 

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