“La Dori”. II Entrega.

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“Su saldo es de cincuenta y cuatro céntimos.”. Escupitajo en la cara. “¿No le gusta, no lo ha visto bien? Su saldo es de 0,54 céntimos.”. ¡Jode, eh! Esto me sale en la pantalla, pantallita, pantallita del móvil; con precisión, sin discusión, exactamente, ésa es la cantidad que tienes de saldo para hablar, casi, en algunos casos, para vivir; no vales más, en este momento, para la Compañía.

Generalmente vales tanto como tienes, tanto como ganas…También vales, más o menos, según la edad que tengas… Es así, no hay hostias. A veces, qué mejor, sí, haber nacido bobo, pero bobo ya diagnosticado, clínico, clínicamente bobo…, nada chaval, a ser feliz…, y qué cojones, la vida resuelta. Ahí, en  estos casos, es que vales la hostia, claro, no eres un peligro, todo son risitas, mimos, ¡es tan bueno! Me cago en la… Éste es el caso, pues, cincuenta y cuatro céntimos de saldo, aquí no se fía, ¿quieres más?, paga. Paga, paga como un cabrón, ¿qué no puedes?, te jodes. Esto es lo que vale usted, caballero, ni más ni menos, ahora. ¡Ah, que está jodido, que las cosas no van bien! ¡Vaya, ¿dolor?! Oiga, esto es lo que hay. No existimos, somos algo intangible, un ente… Usted sí, usted sí existe…, hasta cincuenta y cuatro céntimos, existe. ¡Ah!, nos lavamos las manos, a nosotros que nos registren, somos una Sociedad Anónima…, aire, neutrinos, nada…, pero eso sí, a usted lo jodemos, sí, lo jedemos bien jodido…Es lo que hay. Cuenta Corriente, ¿cuánto?, pues eso vale usted, señor, señorito. Caballero. Ya puede ir a cascársela por ahí, a resoplar, a gritar, a ponerse rojo, blasfemar, es igual, nos la suda, bueno, ni eso.

 

Destellos, luces violetas, sangre, milagros. Ya es que llevo un peso encima que es la hostia, y ¡pummm!, me doy un cabezazo contra un muro, cemento, armado. Es igual. Ya está, si es que se te quitan las ganas, si es que ya no tienes ni ganas de tenerlas. Todo veloz, como un rayo…, el fin. No haber nacido, listo; no haber nacido, eso, listo. Cincuenta y cuatro céntimos…, y tú borrachita, y ¡tan guapa!, el pelo por encima de los hombros, como olas, haciendo curvas, espirales, pero todo muy bien, geométrico y sensual y a la defensiva, ¡ojo!... Y la sonrisa, esos dientes, si es que ya te ríes sólo por estar viva, si es que ni tocarte quiero; verte, eso es…Y ya no existes, nada. No haber nacido Panillo. ¡Hala!, así, ahora a joderse. Ver pero no tocar.

 

Azul, agua y muerte, todo pegajoso, sin futuro…, o qué futuro, cuál…Yo creo que estas cosas me pasan para joderme aún más, sí, el haberte conocido, eso, ¡toma, para que te jodas chaval!, te lo restriego por los putos morros, venga, vía.

 

Duérmete Panillín, todo llega a su fin, todo acaba, todo tiene un final (no un fin, de eso no sabes, ¡ni puta idea!...), así que tranqui, tronko, tranqui.

 

Es que me pasan unas cosas que son, qué sé yo, milagrosas, raras, no sé, y por la noche, casi siempre, a las tres o las cuatro, por la calle, ¡joder!, tengo un imán…, total, que nada.

 

Le has jodido el coche a tu padre, Dori, tía, un coche cojonudo, sabes, ¡una pasta!, si es que te sobra, perdidita mía, que estás ciega… ¿Y yo?: “Tú no le digas nada, contra menos hables, mejor, a tu padre”… ”No tuviste la culpa, vamos, y nada más, a callar.”. “Que no te huela el aliento, bebe agua”.

Se apagó una luz, me palpita muy deprisa el corazón, parece que se quiere escapar; me paro, como un árbol, en la puta acera, clavao, ahí, miro el cielo, las fachadas de los edificios, cuento cuántos pisos tiene éste, el otro…; echo a andar otra vez… Quiero que llueva, y sin mojarme, limón, jugo de limón; quiero todo verde, limpio, limpio sobre todo, esto es muy importante. ¡Ah!, puro. Quiero estar limpio, ser un recién nacido, respirar aire de limón, aroma.

Recogerte el pelo y besarte en la boca, un choque de trenes, una explosión, chispas, un estruendo…, y luego más y más…Vete a la mierda…, o…, que te jodan. Si es que me hueles a dinero, Dori, si es que me molestas…, el smartphone, el  iPad, el bolso, tan bonito y caro, las dos rosas en el asiento de atrás, envueltos los tallos así como con plástico muy fino. Aaaggg. ¿Por qué cojones me pasará esto a mí, si yo no quiero nada…, bueno, tampoco es así. Si es que parece que me escupieras en la cara, que me insultaras, me molestas, me da asco esto. Yo quiero la pureza, palacios de cristal, de luz, en el aire, en el cielo…, la boca limpia, el estómago en paz…, eso es lo que yo quiero…, y no saber nada, vaya, y quizá no existir. Ya es que estoy anestesiado, quiero volver a ser un niño…y ya no mucho más…, y desaparecer. Pero puedo repartir hostias, soy Panillo, amigo de Borrego, nunca lo dejaría en feo…, no me creo que se diera el matarile…, no.

 

Continuará

 

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