"La Momia y el fin de agosto"

J.F. Rico © 

 

La tarde, la muy hija puta, soltaba sus últimos graznidos..., al fondo, a lo lejos, se veía por la ventana, el mar, o como dicen algunos tontos del culo: la mar, azul, verde, gris, naranja en donde el sol en su ocaso desparramaba sus últimas palabritas.

 

Es muy importante la apariencia, el aspecto, sobre todo si eres un puto cusmín, como es el caso de La Momia.

 

El perfume del mar, su olor, era percibido por La Momia como una caricia..., estaba mirándose en el espejo... y cada vez se daba más asco, La Momia…; pero bueno..., hay que arreglarse, peinarse..., ver qué tal queda esto y lo otro y lo de más allá... Una última mirada y, sí, parece que se veía un poco mejor, La Momia, en el espejo, reflejada.

 

La habitación ya se estaba quedando sin luz, natural, se entiende, quizá por eso se perdonaba la vida al reflejarse en el espejo de los cojones, es que casi  no se veía nada de él, ya digo.

Encendió, pues, nuestro puto desagracio, héroe, la luz, la artificial, ¡¿cual si no?!, cojones, que ya me estoy cansando de escribir..., ¡joder!

 

Ya en la calle..., es que le faltaban ojos para que no se le escapara sin echarle una mirada melancólica y de admiración a alguna de las tantas y tantas tías buenísimas que por allí, todas muy arregladitas, pasaban, iban, venían...¡Uy, uy, uy!

El paseo marítimo, con sus terrazas, sus cosas,  sus tal..., y ya: la noche, y ya: las estrellas, y ya: La Momia con cinco euros en el bolsillo..., ¡si es que es para morirse...! ¡Eh!, Momia. Roto pues, estoy..., ¡¿qué cojones hago yo con cinco euros?! Aquí, precisamente aquí..., todo luces, colores, música..., es como si una lluvia de lujuria y deseos empapara el aire y costara respirar...

¡Joder!..., es que uno se da cuenta de que no da abasto a todo… Hay que escoger, así son las cosas, la vida..., y aun escogiendo, muchas veces, la mayoría, vas de puto culo…; ¡oye, que es lo que deseas lo que, finalmente, te escoge a ti… ¡Vamos, que no nos salva ni Dios…!, con perdón.

 

Sí, ahí iba yo, entre montañas coronadas por una niebla que bajaba lentamente, con algunas pequeñas perlas violetas... y con piedrecitas de oro; niebla como baba que bajaba al asfalto…, un charco de hierro y humedad, el asfalto.

Pues nada, he ido, he seguido feliz por ahí..., ¡y roto, joder!, entre montañas... Y a galopar, a galopar hasta enterrarlos en el mar, galopa jinete del pueblo (menudo pájaro está hecho éste, el pueblo)..., que la muerte no es nada si va en tu montura..., y así..., es de un poeta español, esto de a galopar...

A mí la poesía no es que me guste, lo cierto, pero me ha venido a la cabeza esto de que la muerte no es nada si va en tu montura...¡La muerte: nada! ¡Los cojones, nada! Lo que jode, jode, es tener cinco putos euracos en el bolsillo y ver que está a tu alcance, si tuvieras, por ejemplo mil -o muchísimo menos- esa preciosa (pero preciosa) puta...

Mírala cómo me indica el camino que va al cielo... Nada, tía..., que no, que no puedo..., o sea: que no tengo un chapolín, pelao estoy.

 

Así que seguimos, seguimos entre montañas verdes, difuminadas por la niebla...,¡eh, eh, eh, eeeh!, húmedas, muy altas, laberínticas, asfixiantes a veces..., caminando a boleo, esperando un milagro..., y es que se me están hinchando ya mucho, pero mucho, los huevos…

Está lejos lo que busco... ¡Ah!, y la muerte, la muerte, la muy inconsciente está ahí..., por ahí, siempre..., la muy asquerosa, la muy cabrona..., pero, vamos, vamos..., que no voy a decir nada, nada.

 

Ahora veo a una, es delgadita, alta, vaqueros rojos, algún grano en la cara..., los hombros algo anchos..., ¿pelito de la cabecita? Negro, o así; largo... Está muy..., es una maravilla..., y yo me veo así, solo..., feliz, con caries en los dientes...(no va ser el la polla, no te jode..., si es queee), con tabaco, con sabor a Coca-Cola.

 

¡Sólo pienso en dinero! ¡Puto miserable! Y cuando me entierren (si me entierran), qué más dará nada..., ¡qué más da ya nada! Yo tengo una brújula, siempre sé dónde está el Norte..., pero ¡qué más da!

 

Queridos gusanos, a veces sólo eso, un gesto amable, amable, es suficiente. Entonces, la inocencia es estar loco... como yo, yendo entre montañas de niebla verde, trastornado, inocente, feliz, con los dientes pochos, fumando..., ¡y guapo!

 

Queridos mamones, el tiempo, sin ningún esfuerzo, sin hacer nada, invisible, inexistente..., es, ha sido eficaz, práctico, muy, muy real... ¡Como una serpiente pitón que nos ha empezado ha tragar desde el mismísimo instante en el que nacemos, a todos; a todo, y su digestión ha  sido -es- nuestra vida!

 

Labios rojos, con una sonrisa algo viciosilla, ¡me levanta hasta el cielo...!

 

Y ahora..., ahora… llueve y no hay nadie por la calle... a la una de la madrugada -una y media-, con las luces oscuras y amarillas de las farolas... reflejadas en nada, ¡reflejadas en nada! ¿El Infierno? Pues esto, o así; una ciudad de tres millones de lombrices... a la una y media de la noche..., en el mes que tú quieras, amor.

 

¡Nada! Y luego: la miseria, ¿qué os puedo contar yo de la miseria?... Había uno que, tirado en el suelo, gritaba y pedía limosna... ¡Murió entre las llamas del fuego que lo devoraba! (vamos, que el tío parecía una antorcha), corriendo... y dando alaridos. Fue el colchón putrefacto del asqueroso sitio donde dormía (pasaba la noche), ardió, accidentalmente, dicen, el colchón..., y él, hecho una llama, salió dando voces... Murió poco después y... nada. No hay nada.

 

Un poco la tiranía del estómago, el flagelo de la cabeza, la imaginación buscando excusas, salidas, alguna que otra necesidad más..., pero..., y, ¡nada! Un sinsentido, tío. Aunque a veces, pocas, la belleza aparece, siempre fugazmente (la cabrona), imprevisible también..., entonces sí, incluso huele a salitre, huele a mar. 

 

Y la locura... Así, éste estaba al sol; un calor de la hostia, un calor pegajoso, 40ºC. por lo menos. En un coche viejarráncano, de segunda -en el mejor de los casos- o de décima mano. 

El tío (que en vez de sangre ya es que tenía heroína circulando por él por los siglos de lo siglos...) tapaba las ventanas, todas, del coche, con cartones, con protectores de esos que usan las autocaravanas para protegerse de sol (de éstos, pocos, valen más que el cartón, claro). 

 

Allí estaba, a pecho descubierto, en pantalones cortos, con las patas peludas; el maletero abierto, en la calle García Venido, en cuesta, pegado a la acera, bien aparcado, bebiendo agua de una botella de plástico…, estaría caliente de cojones…, botella y agua. 

  

Pero eso sí, el chaval, bien puesto, bien manos a la obra y preparando su hogar, su dulce hogar, (lo debieron de haber echado de la pensión en la que dormía…, eso seguro…, por endrogao). 

El tío está -no hace falta ser muy observador- chupao, los pómulos marcados como si fueran chichones, los ojos como dos sartenes enanas, la boca apretada y los labios finos, finísimos, casi invisibles… ¡Hechos para besar, princesa, sensuales, para besarte a ti…, ahí…, en una lujosa playa llena de ricos y tías buenas…, en una playa exclusiva. Inocente, reina, puta, que eso es lo que eres! Un pendiente –eso que no falte-. ¡Dios, si esto es todo lo que hay..., oye, que te lo digo: ¡vaya mierda!

 

Pues allí, arreglando el cochecito, estaba, para vivir…, pasar la noche.

¡Qué calor!, deberían ser, cuando lo vi, las cuatro de la tarde, finales de julio (¡siempre contando el tiempo, siempre contando los días, meses, años…, y todo ¿pa qué?, pa ná), y el sol, machacando, ¡el muy vago!

 

Bueno, pensar en el horno en el que iba a estar... El despertar que iba a tener (estirar las piernas, etc., sudando como un asqueroso) le iba a resultar muy, muy jodido, ¡terrible!

 

Ese… ataúd con ruedas y con todo lo demás de que se compone un vehículo a motor (juas, juas, juas). Vaya que el tontolhaba éste me daba como, hostia, casi miedo...

 

¡Estar sin un céntimo es lo que tiene, paseas y paseas…! ¡Es gratis! Más adelante..., en una calle perpendicular a la punta de mi nariz, donde la cuesta acababa... de caer, está la calle General Alfoz, y allí, justo en una esquina, estaban unos mataos, tres a cuatro, con sus cascos y sus cosas, trabajando, trabajando para el ayuntamiento (llevando el pan a sus casas, honradamente…, sí, con el sudor de su frente…, ¡Qué remedio, esto es una lotería, la vida, chaval), cambiando unas baldosas…, ¡con interés!, todo con atención, amando el trabajo, eso es…

Y doblados, dando  cabezazos en el puto, en el putísimo suelo de la acera de los putos cojones.

 

Hasta yo, sólo de mirar, ¡qué calor de más paso..., la hostia!

 

Uno usaba un taladro, ¡¡tratatrunn, tratatrasss, tratatruntaaaaarrrrr!!, y picaba, picaba… con entusiasmo; estaban como borrachos, ¡grasientos, pegajosos... en esta sauna... y el calor… y el ruido…, todo, de verdad, embriagador…

¡Ahí quería ver yo al alcalde, hostias, con un casco!

 

Hay que cambiar de acera, mi capitán; además, del otro lado hay sombra; ¡qué horror éste, el de los peones!

 

Cojo la emoción, me meto en la cabeza todo el mar, entero. Avenida Playa Mar, más de dos kilómetros; aceras, palmeras, terrazas, olores… a casi todo, especialmente a comida. Luces, gente, mucha gente; papás, mamas, familias, abuelas, chavalada con piercings y cosas..., pantalones caídos... ¡Tías!

 

Las tías…, oye, que ahora se ha puesto de moda el pantalón vaquero cortito, y que marque, subido, bien subido, hasta la cintura…, más aún, y oye, que se ve algo del culete, lo llevan desde las más jóvenes a las más…, o sea, menos jóvenes. No son conscientes, ninguna. Lo cierto es que hacen hasta daño, tiembla uno, esos movimientos…, belleza, piernas, ¡qué piernas...!

 

¡Oh, Dios!, ¡qué sufrimiento…, sonrientes, si es que no calculan los esfuerzos, los desconocen…, aunque no sé yo…, ¿que tiene que hacer La Momia para…, para, ¡Dios!…, contenerse, aguantarse…? En fin… ¡Son preciosas, diosas!

 

Se respira sexo y deseo hasta cuando piensas en todas las desgracias que llevas a cuestas... ¡Eh, Momia! Está en el aire, en las papeleras, en los que lloran, también en los bancos de los paseos, está en todas partes, el sexo, ¡ah!, el ansia. Buscando, como esclavos de él, el placer. Vamos, ¡como perros!, todos en celo…, y ellas también, claro. ¡Qué quieres!, todos.

 

Y la playa, y los toldos para cubrirse del mamarracho del sol..., ¡tan potente! ; las tumbonas, la arena ardiendo... Las paisanas con esas tetas que arrastran, de tan caídas, por entre las piernas, hasta los tobillos… y más..., celulíticas, llenas de aceites, sonrientes, con el puto gorrito para darse un chapuzón... ¡Esas cabezas de sardina que tienen...!

Hacen un dibujo, unas líneas, unos surcos, con la punta de los pezones en la arena…, un dibujo de loco en la dulce y asquerosa arena..., arena de playa.

 

Así están, amontonados, son como patatas friéndose en aceite, en una buena cantidad de aceite de girasol...

 

De vez en cuando se ve alguna tía buena; pero, ¡ah, amigo!, ¡hostia!, si es que ni te mira, vamos, que si algo notas, es mala hostia; tú, tú, puto pringao, puto gusano,¡¿ligar conmigo?! ¡Andaaa, andaaa.

 

Y a la orilla, el mar, ya sucio, de vómito, color de leche condensada aguada. Allí, eso es, retozando, los asquerosos con su alegría extraterrestre y su puta, putísima panza peluda.

 

Momia, hay que esperar a la noche. Tío, te cuelas en un botellón, haces como que tal, y de gratis y por el puto morro te puedes tomar algo, y si alguna despistada -para esto tiene que funcionar el radar, bien- se pone que no hay Dios que le perdone la vida…, pues nada, a por ella.

 

Así fue…, botellón, saludo a nadie, es decir, haces como que conoces, saludas, así como al vacío…, sólo tú sabes que nadie contesta…, pero ¡ojo!, la gusanada, el personal ve que saludas, y nada, piensa (esto todo ocurre muy rápido, eh), éste está aquí por derecho…, en algún grupo, seguro…

 

Mamao perdido…, y a las ocho de la mañana despertó La Momia…¡¿Y los cinco euros?!, ¡me cago en mi puta vida!...¡Aaaah, aquí, aquí están! Vale.

 

Hay que… asearse, despejar. La playita, la arena no está caliente, ¡y el agua!, y el mar limpio, fresco, no hay nadie, están (en el fondo, a veces, sólo a veces, me dan así como pena, sí, siento así como…, no sé, compasión, ¡joder! ¡Ay, Diooos!..., que todo se va, que las ilusiones, que la alegría, los sueños…, que todo se queda atrás, en ninguna puta parte…) durmiendo, o desayunando tristeza con los días contados, qué más da; el caso es que esto está vacío.

 

Mar, azul verdosillo, fresco, olas… Si es que ya no hay lágrimas, ¡hostia!, no quedan ya, nos ha exprimido, la vida, hasta la última gota, secos estamos.

 

Limpio, ¡qué olor tiene el mar! Me sumerjo, ojalá me ahogara, salgo, saco la cabeza… ¡siempre con el agua al cuello, oye! El cielo es como ceniza... y también... ¡azul y blanco! Yo es que tengo un arroyo de agua fresca y clara en mis venas, ahora.

 

Putita, putita, la de la noche pasada. Lluvia, lluvia.

 

Los días, la vida es así, hay que desayunar, comer, cenar, dormir…, y dale y dale. Pues Momia, chomino, que eres un chomino, vas a desayunar hostias, hoy.

 

Y el que no tiene para desayunar, lo más seguro es que no tenga para comer -no da tiempo a juntar el dinero-, ni para cenar…, ni para comprar una pistola y pegarse, con precisión, aguantando el retroceso, un tiro en el cielo de la boca… y que reviente la cabeza como si fuera confeti tirado en una boda, en la vida puta.

 

Hostia, amor, quiero serlo todo, quiero ser el mismísimo infinito, una estrella, Dios, quiero ser…, morir, quiero, también.

Abrirme el pecho con lo que sea, agarrarme el corazón, perderme en alta mar…, verde oscuro, desintegrarme.

No tengo esperanza…, pero tengo cojones, ¡eh!, esto es muy importante; sí, yo tengo c-o-j-o-n-e-s, bien puestos. La ternura, la belleza, en fin.

 

 

Se te pega a los pies, a los tobillos..., más arriba aún, la arena, cuando sales de la mar salada; ¡cago en la puta leche! Y sin toalla, qué hacer. ¡Cola!, en las duchas públicas, contadas las hay. Unos culos, unas caras de berzas..., berridos de las criaturas, gente fea, fea.

 

"No, no, por favor, pase usted primero". "No, no, pase, pase usted, señora"... "Muy amable, muchas gracias". "Nada, nada, no hay de qué"..., y pasa delante de mí, a quitarse la pegajosa sal, costra y mierda de la límpida mar salada, la señora; un monstruo, con dos tetorras -normal, dos, claro-, cada una, exactamente, como una hormigonera.

 

Pone cara de gusto, el monstruo, echa la cabeza, que es como un balón de rugby, hacia atrás, sensual, la foca, y se alisa el pelo, mojadito de agua clara, húmedo, liso, como si fuera un casco bien ceñido al cabezón que se han de comer los gusanos y al que no le queda nada que se diga de apestar a aceite frito de la cantidad de horas que va a hacer en la cocina de su hogar, dulce hogar..., para que coma la familia..., unida.

 

"Pase, pase usted ahora"..., y paso, claro, "Gracias". "No hay de qué, hace un día precioso, hasta luego". Aquí es cuando digo para mí..., uhmmm, hasta luego..., hasta luego..., bueno, bueno, buenooo.

 

En verano también hay unas tormentas de la hostia..., duran poco..., a ver si hay suerte y le cae un rayo a la "hasta luego".

 

Tengo dinero. Un giro.

 

Los que están en el Banco, en la entidad bancaria, en la sucursal, en la jaula, los empleados… yo no sé, ¿estarán locos, loquitos?, ¡¿y los clientes?! ¡Dios, de todos, Dios!, ¡qué caretos cuando les sueltan la pasta…!, así como alegres, culpables, yo no me lo merezco, así como un perrito moviendo la colita si le dan una alegría, un hueso, una caricia, así se ponen; y el galeote, el empleado de la sucursal de mis santos cojones recuenta -que no haya errores, eso lo primero- lo que ya está a punto, babeando, de coger el señor cliente, el puto muerto de hambre.

 

Esto es así, es lo que se ve..., y miedo, mucho miedo por todas partes…¡Amigo, Momia!, es que es puro pánico el que da sólo el pensar en la, eso es, miseria.

 

Yo cojo lo mío, educadamente, soy muy sensible, me conmuevo por nada. ¡Ay, ay, ay, Virgen Santa, alcázar irreductible que eres, por siempre, por los siglos de los siglos!, soy muy pudoroso, amable, instruido, vamos, muy ¡como hay que ser!, por decirlo ya de una puta vez.

Sin embargo, también, reconozco que soy eso, exactamente, La Momia…, llevo dentro un veneno queee.

 

Yo: “Hola”. El esclavo, el trabajador…,¡con la crisis que hay, joooder!: “Hola”. Yo: “Retirar”. “Hasta luego”, yo; “Hasta luego”, me despide, amable, el cadáver, desde el otro mundo que hay detrás del mostrador.

 

¡Y que no se puede fumar, tío… Estos políticos, es que es para hostiarlos, bueno!

 

Cómo se nos va la Vida, agua entre las manos… pecadoras, en gilipolleces. El asunto es no aburrirse…, es por lo que hay guerras, por lo que, a lo bobo a lo bobo, se enamora la gente…, por lo que se buscan problemas, también…

¡Hay que llenar el coco, chaval, es fundamental, básico, imprescindible…, para no volverse loco ya del todo. Es la esencia humana, bueno, eso y hacerse la vida más cómoda, constantemente; inventando, investigando, anestesiándose, y así…

 

Un día se me va a aparecer Jesucristo, rodeado, envuelto, cómo no, en una luz sobrenatural, inexplicable, amorosa, incluso olerá a rosas, y notaré, en medio del estercolero en el que estoy (y tú también, julapapillas), una gran paz…, ¡así de grande! Y Él me dirá: “Pero, hijo (así, como debe ser, empezando con confianza…), ¿no ves?, ¿no me ves?, cómo, ¿así es que no creías -o no del todo, o andabas buscándome- en Mí?, pues aquí me tienes;  ¿me ves?, verdad”.

 

La peste de la mierda que me rodea, casi tan espesa que se podría cortar con un cuchillo, me marea…, me mata...

“Oh, sí, Señor, yo sólo, humildemente, quería una prueba…, sí, y que pudiera con mis escasos sentidos, oído, olfato, gusto, vista y tacto, verificarlo”.

Yo, La Momia, esperaba que antes de que los dos nos llegáramos a marear del todo por el puto mal olor, Él me dijera: “Anda, Momia, dime qué quieres, pide un deseo…, o dos, o…¡ Que estoy aquí que es que tiro la casa por la ventana”.

 

¡Sí, sí, hostias!, ni mu, me contestó a lo que yo, humilde siervo de los cojones, le dije. Así es que la cosa quedó en una contestación celestial... Dijo, amoroso: "Que la Paz sea contigo... y con tal y tal… ¡Y ahí te quedas..., julapapas!

 

Eres paciente Momia, lo sabemos; instruido, bueno, bien educado, prudente…, sí, sí, todo eso…, bien, vale, ¡pues te jodes! ¡Como no sea a hostiazo limpio, no hay Cristo que dé, vamos, ni la hora!

 

Llevas encima un peso tan grande que ya es que casi te arrastras en vez de caminar… como Dios manda, parece que andas como nadando a braza... limpiando bien las aceras, a ras de suelo, tumbado, boca abajo… ¡Qué pena Momia!

 

Mi capitán, ¡arriba! Dos culos, pantalones cortitos, rosa y azul, iluminan el mediodía, ¡en pie!, llevan camisetas holgadas, enfrentado el aire, chocando con él, suavemente, les marca, les dibuja, casi es que los ves, los pezones.

Fuente de luz…, el Big Bang (que no sé quién lo ha puesto ahí… al principio…, que es que eso, será un paso, sí, pero de momento no explica nada), la leche condensada, ¡joder!, una maravilla, un imán… esos senos, pechos; una es pelirroja, otra morena, se ríen; las tías, es que siempre, o están bailando o están riendo…, algunas, quede claro, ¡anda, que no hay mujeres valiosísimas en cualquier actividad humana, ciencia, empresa, arte…, y cada día más, ¡joder!

¡Ah, si el Mundo estuviera gobernado por ellas, ya veríais, ya, como otro gallo nos cantaría!

¡Oh, qué culos, qué piernas…, y el pelo, y los dientes, y la sonrisa, esas sonrisas…! Salvadme, salvadme…, Dios, en el Cielo, os lo pagará…,¡que lo que es yo!

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Los dientes, Momia, que te lo digan a ti. Venga, éntrales, pregúntales por alguna calle, ofréceles dinero… Bueno, se está mejor sentado aquí, aquí, hostias, joder, en estas rocas, mirando a la mar salada, sin deseos, la mente en blanco -dentro de lo posible, ¿no?-, sin mover ni un dedo, así, como haciendo yoga…, pero, uy uy uy, hostiaaa, que te explota en la cabeza la visión celestial de esas dos tías de hace un rato. Control, control. El mar, azul, perfumándolo todo, prolongándose en el Cielo, impasible…, siglos y siglos, milenios. El mar, mira, mira, Momia, piérdete en él…, a ver si hay suerte, hombre. Yo sé bien lo que quiero…,¡pero, mientras tanto, ¿qué?! ¡Ah!

No sufras, mi niño, no sufras mi estrella, mira, que te canto un nana…,¿ves?

“Oiga, oiga”, escucho detrás. “¡Eh, qué dice, ¿es a mí!”, y yo me señalo con un dedo, (el índice, mano izquierda, a la altura del pecho) como diciendo con el gesto, ¡qué me cuentas, qué quieres! “Sí, sí, es a usted”, contesta el julapapas éste de los cojones (siempre tiene que venir alguien a joder la marrana, oye, es que no hay manera). “Qué”, le digo (el mandria éste está vestido así como de uniforme…, como un almirante, como un capitán general…, y ya se sabe, en esta mierda de país, le pones un puto uniforme al más baboso, tío, y es que se cree, vamos, el no va más). “No sabe que no se puede estar ahí, que está prohibido (ya empezamos, pienso), que es peligroso…, ¿no lo sabe, eh?” Vaya, y es que es el “eh” ése que me dice al final…, y el tono, lo que me jode…”Ah, pues no lo sabía”. “Pues no se puede estar, no”, insiste, la gusarapa. Dejo de mirarlo, le doy la espalda y echo el veneno, la mala hostia, fuego (bueno, algo así), que me sale por los ojos, por la boca, por la polla, por todas partes, al mar, a la mar salada, que ahí se disuelva…, que así me calme…, amor. “Yo no se lo digo más…, aviso a la policía…,¿me oye”, dice el mierda. Ni puto caso, yo. Bueno, pues se largó…, así como hablando solo…, si se acerca y me toca los cojones, te lo digo, es que le rompo la cara, lo hostio, joder. Hala, hala, vete a avisar a la policía…, mamón…, ¡ a la policía, ah, ah, ah…, yo es que me descojono; ¡ay, Dios mío!

Ahí sigue el mar…, es bonito, algunas gotas de él me salpican…, es un gigante tímido…, se cerca y se aparta, se acerca y se aparta…, como los gatos; que son unos buenos cabrones, los gatos.

En la playa, en las playas no hay flores…, rosas, orquídeas, geranios…Hay arena. En la recepción del hotel tampoco hay flores. Ahí coincide La Momia pidiendo la llave de su habitación con una chica de unos veintitrés giros de la Tierra alrededor de su eje y del Sol, es que es así; es algo más joven que tú, Momia. Dice, esta dulce, dura, esbelta, morena, pelo liso, largo, con una camiseta que deja que se vea casi toda su espalda, un aeropuerto…, su piel con alguna peca, su cintura así, fina…, unas piernas casi eternas, bien dibujadas…, como hechas en carne y hueso por el Greco…, su cara…, de eso se encargó Modigliani. Pechos pequeños, piedras, sólidos…, como si nadie los hubiera… ¡Virgen!, las cejas espesas, separas como si estuviera enfada la una con la otra, oscuras…, a mí me parecen azules, un azul muy oscuro, en realidad negras…, sí, así, tanto como mi puto futuro de los putísimos cojones (que además me es igual…, ahora, eso sí, lo que me jode es el asunto ése de la Vida Eterna…, pánico, es que me da…, me angustia, es un horror…, ¡joder!, ¿entonces en que ni espichándola hay escape, no tenemos bastante con lo que nos papamos aquí?).

¡Oh! Unas chancletas de playa, corrientes…, dedos de cristal, rocas, las uñas, pintadas de rojo. El pantalón, corto, nada ceñido…, vamos, como para no tener que andar en bikini…, éste, esta pieza de él, está, seguramente, entre el centro del universo (ella, lo suyo) y el pantaloncito verde oscuro tapando.

“Oiga, por favor, ¿me podría dar una vaso de leche?”, dice, ya con su llave en la mano, al recepcionista, que parece un criminal con cara de bobo. El bigote del criminal, su mirada, que ya es la de un completo subnormal, tiembla, y contesta, casi soltando saliva, y a la vez como una máquina, un autómata…, ping-pong-ping-pong…,¡premio!, ¡bingo! “No, no, pero en la…”. “Deje, es igual, es igual”, dice ella; ella, alma pura que sabía muy bien que yo lo estaba oyendo, que yo escuchaba todo…, incluso me miró. ¡Oh, Momia, no eres invisible! Pedí la mía, la llave, el salvoconducto…

Los dos cogimos el ascensor, solos.

Tembló el edificio, la Tierra perdió, eso, su eje…, incluso se puso a girar al revés, ¡un terremoto! Líquidos, fluidos…, todo empapado. Una explosión atómica levantó todos los catres del Mundo lanzándolos hacia el cielo, como un vomito, como si reventara una pelota llena de…

Lo mejor es el primer beso…, luego salí, de su habitación, una vez satisfechas mis necesidades fisiológicas, y fui  a la mía, ligero.

Dios es testigo, le prometí, jurar ya es una cosa seria, en nuestra dolorosa despedida, mar de lágrimas, uh uh uh, que luego nos veríamos, iríamos por ahí, me presentaría a una amiga, montaríamos en los caballitos..., y así. Pues vale, seguro, eso seguro.

 

Ya, si no te sujetan las piernas, si no te mantienes, o a duras penas, de pies; ya, si todo, ves, el alma lo ve, es una mierda..., o peor, no es nada, nada; ya es que entonces quieres morirte..., un consuelo pensarlo, de verdad.

 

Qué bien se está, de momento, en esta habitación, además está en un piso muy alto, fíjate, un octavo.

 

Pasará un verano, un otoño, un invierno, una primavera..., pasarán..., y por aquí andaremos (si Dios quiere), tragándolo todo, empachándonos..., y siempre, siempre vacíos..., vacíos en el mejor de los casos, la verdad, ¡eh!

 

Tenías que haber venido a esta bonita ciudad turística, del, todo él bello litoral español, con Borrego..., pero, ¡ay, Borrego! Eso sí, cojones sí que le hecho. ¡Éste sí que era el mejor..., todo le importaba una mierda..., seguro que quería ver a Dios, ¡eh, Momia1..., por eso, por impaciente, hizo lo que hizo. ¡Cago en la mar serena! Violeta y frío, verde, rosa, azulado, así es hoy esta bellísima puesta de sol..., así se ve desde la ligerita barandilla del balcón de este octavo piso de este hermoso hotel...de los cojones.

 

¡Mira a ver lo que haces, Momia! Échate, abrázate... y duerme, así por la noche, después de descansar un poco, una hora o dos, estarás más fresco para salir a oler lo que la calle te restregará por los ojos... ¡No, no...! ¡Ver y no tocar!

 

Duerme, abrázate..., sí ya no importa nada..., ¡qué más da!

El ruido del agua, la caricia de la melodía del agua de la fuente cayendo tranquila, firme, impasible, paciente, eterna... Duerme. No preguntes nada, y si lo haces, que sepas que no hay respuestas. Este Dios que te pone de rodillas, esta naturaleza a la que le importas menos que una cagarruta de perro. "Mira, hijo, ése edificio es un iglesia, católica, ¿lo ves, es bonito, verdad?”

 

Conmueve, enternece, emociona, te parece heroico, Momia, el esfuerzo, la lucha, el intento del hombre, de todos los hombres de todos los tiempos, por encontrar a Dios..., hablarle. ¡Hostias..., y pedirle explicaciones! Pero, sobre todo, lo que es conmovedor es esa incesante, ciega pelea, por creer..., por verte, sentirte, Dios..., pero no sé, parece, a mí me da que si hay..., si eres..., ¡te suda la polla...! ¡O no!, ¡estamos de paso, ¿a que sí?!

 

Catedrales, mezquitas, sinagogas..., templos, ¡qué ansía!, ¡qué tenacidad!, ¡qué empecinamiento! ¡Heroico!...No me digas, no me digas, ¡eh, Momia, que no es hermosa, bellísima, esta lucha..., y así, por los siglos de los siglos...¡No somos cualquier cosa, Momia!

Anda, duerme un poco, cascartela no, porque ya no tienes polvito de estrellas en el depósito. Duerme, ¡payaso!

 

Y así..., así..., pasando el tiempo...Y así..., y nada, nada. Nada...Bueno, en realidad, no sé. El verano, fulminante, estrepitoso, ruidoso...Con calor de fiebre...¡Yo tengo aire acondicionado! ¡A joderse! Una playita en Cerdeña..., una casa chula allí, sólo para mí..., con un pequeño harén, pendiente de mi más mínimo capricho..., ellas, todas, digo. ¡Oh, qué noches al lado del mar...!Pues nada, tío, a joderse! ¡Al aire acondicionado!...Es lo que hay..., y aceras derretidas. ¡Joder! Tengo que ir al Cielo.  No creen en nada, no tienen ningún principio, ni moral, ni vergüenza; sólo tienen maldad..., un poco de astucia. En general, todos son herederos de algo, de alguien. Roban, matan..., pero lo hacen como si no. Son, fundamentalmente, malos, vanidosos, un tanto ignorantes, escépticos por viejos, avaros, cobardes. No son nada. Son pequeños, viciosos...o muy muy puritanos; son la peste, el ébola, el mar de veneno que hunde montañas, que destroza todo, son peores y más codiciosos que la muerte. Son mayoría, en fin. Son unos hijo putas. Es el  hombre; la condición humana, vaya.

 

Se pudren, se van hinchando..., amarillos, se ponen, asqueados inconscientemente de vivir siempre en el mismo sitio; enloquecen..., alienados, todos. Alcoholizados..., enferman, se mueren, así, más bien, jóvenes, cuarenta, cincuenta y tantos..., sobre todo ellos, los tíos...Tanto tiempo viviendo en el mismo puto barrio los va enloqueciendo, enviciando..., hay neurosis de todo tipo, y en todos, no se escapa nadie. Crían musgo, como las piedras que hay en esos arroyuelos donde el agua recibe las meadas de su última borrachera..., los vómitos. Se vuelven locos, tío. El culo de sus mujeres ya es que desborda asquerosamente el retrete..., han engordado...demasiado. Se acabó el verano..., ni más primaveras habrá.

Al autobús, Momia, te esperan.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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