Libro. Tatuaje. 

J.F. Rico.  

 

 

Pero tienen curiosidad; sí, tienen curiosidad... Se esconden..., bien protegidos por muros de hormigón armado de euros... y con muchas cámaras de vigilancia. ¡Tienen curiosidad, los hijoputas, los perdidos..., mortales, como todos. Desde sus nidos, borrachos como ratas envenenadas... se informan bien, los cabrones, les da un gusto de la hostia, especialmente, ver la miseria..., desde lejos..., con precaución..., que no se note, que no les salpique nada de mierda... Disfrutan conociendo la miseria que les rodea... Ellos hasta casi se empalman cuando, de pasada, de reojo, se comparan, aprecian las diferencias..., el abismo que los separa de los parias, los miserables..., ¡la masa de esclavos! ¡Ah!, ellas... ¡Oooh, oooh..., han pillado!...; vienen de familias con abolengo (en el escroto, tienen el abolengo... de los cojoncillos), especialmente con dinero, ¡mucho dinero!, de allí vienen ellos..., los zanahorias..., y ellas y su conejo, la mayoría. El muro de hormigón armado de euros los protege a todos... Por allí no se cuela nada, ni el olor, ni el mismo aire que respira la chusma. A veces creen que el sol, generoso, brillante, cegador..., ¡tan luminoso y apacible!, es de ellos, es un sol particular, privado. Piensan que debe de haber otro para los intocables..., los desarrapados..., la basura...; pero ése seguro que es un sol distinto, mucho peor..., ¡es, se mire por donde se mire, el sol de los pobres!; muy distinto del suyo. Sin embargo, estas ratas viciosas y alienadas, monótonas, asfixiadas, anestesiadas por la rutina..., por la seguridad..., y por ¡el qué dirán!, en el fondo, y no tan en el fondo, tienen ¡miedo!..., se cagan, se angustian. ¡Uy!, un grano, un granito..., ¡un lunar!, ¿será canceroso...? ¡Que me vea el médico, si, sí, que me vea! Putas perfumadas..., que ya no sabéis cómo vestiros de tanto qué tenéis. ¡Esos armarios, grandes como pisos pequeños! ¡Zorrones!, hacéis deporte..., os miráis en el espejo el culo (¿estará respingón?), de perfil..., de espaldas..., retorciendo el pescuezo..., palpándooslo. Ansiolíticos..., sois superiores..., ni queréis que se hable de vosotros..., pasar desapercibidos, eso es, para la chusmarraca, los aplastados... Pero vosotros, ¡sí, sí tenéis curiosidad!... Os corréis del gusto que os da saber, ver cómo se arrastran, padecen, sufren..., ésos, la escoria, los pobretones de los cojones...¡Es que es una gozada, ¿a qué sí, ratas?! Entonces yo, un día -un atardecer violeta, naranja, rojo, azul, sangriento-, envuelto en una luz muy blanca, amable y pacífica, apareceré en el cielo, sobre a una carro del que tiran cuatro caballos, brillantes como el ébano, volando, acercándome desde lo alto a vosotros, echando fuego por la boca os paralizaré de miedo... y os pisaré las tripas, uno a uno..., así, para que la  cosa dure más. "Tío, pepino, chaval..., como sigas con esto rollos..., esta puta matraca, me vas a cansar... y te voy a mandar a tomar por el culo". Le dijo Pistolo, cortándolo, a Pepinillo. "Venga, hombre, Pistolete, que es un desahogo..., una fantasía..., yo, ya lo sabes, no le hago daño a nadie, nunca, por nada..., no pongo la otro mejilla, eso también..., pero, vengativo, rencoroso o violento..., nunca jamás..., eso bien lo sabes tú, quede claro". (Continuará...)

 

 

 

 

 

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PARA LECTORES

Jimdo cartooningja.jimdo

MADRID JIMDO 

JIMDO - J. F. RICO

Se nos va a caer el techo encima; se nos va a hundir el suelo y nos va a tragar. Vamos a echar a volar con los taburetes pegados al culo..., y seguiremos hablando a pesar de todo; gilipolleces, mamarrachadas..., que si el seguro del coche, que si esto, que si lo otro, que esa tía, sí, la del culo gigante, me mira... y hasta me dice "hola"... sin conocerme de nada...  Hasta que se nos quede la boca seca..., vamos a hablar, y no nos escucharemos nada de nada... Luego, en casa, cada uno por su cuenta, vomitaremos... hasta que se atasque la puta bañera de los putos cojones. Habremos pasado un buen día, una buena noche, la Araña y yo. Más de diez tíos se dan el matarile en España al año... Es importante idiotizarse... con cualquier cosa..., idiotizarse, abobarse, ilusionarse..., hay que escoger. Está girando la Tierra a toda hostia alrededor del Sol... y Colillas tiene el bar embargado y debe tres meses de alquiler en el piso. A la Araña se le está poniendo cara, así, como de pastilla. La Tierra también gira sobre su eje..., vamos, ¡que tiene un eje, la Tierra, cojones!... La lluvia en el cristal..., las gafas escupiendo colores..., deseando acabar ya de una puta vez; vamos, que es que estamos así. Mira que virguerías hace tu falda al andar, un vestido (una pieza) blanco, desde la mitad de tus muslos para abajo todo carne, ¡qué color!, ¡qué bonita!, ¡qué forma!, ¡qué piernas!, ¡cómo andas!... A veces, cuando estoy haciendo algo, se me olvida que estoy también echando un cigarro... y se me apaga, ¡el cabrón! Agua con muchos diamantes en el pelo..., olor a cloro...

JFR

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PARÍS JIMDO

J. F. RICO JIMDO

“Mira, mira, ha salido el sol, qué bien…,¡qué bonito es el sol!, sobre todo éste, el del invierno… que sale por sorpresa, sí, y parece que me limpia de arriba abajo, incluso es como una ducha…, como si pudiera lavar mi cabecita loca y dejarla, así, tranquila, brillante, inocente…, mi cerebro, inocente…Este sol de invierno me lo deja en un estado tan puro… que es como si acabara de nacer…, no, no me quita la memoria… No. Pero es eso, Sol de ivierno.” Todo esto me lo cascó de golpe, sin parar…, como una ametralladora, con los ojos, así, como soñadores…, y la boca, los bordes, las comisuras de la boca, rebosantes de saliva, mi amiga Dorotea –alta, morena, gran lectora…¡una tía buena!, se entiende lo de buena, ¿no? Unos pechos, un culito…¡Ay, ay, ay!- mientras dábamos una vuelta por esta hermosa ciudad, envueltos en un pestiño a putrefacción que no nos importaba; eso es lo que aparentábamos…, ya se sabe, las apariencias. Había huelga de basureros, basureros…Llevaban ya una semanita de nada tocando los cojones y jodiendo a los vecinos con eso de la seguridad en el empleo (en este caso, querían seguir recogiendo basura, mierda, y un aumento de sueldo…,¡los miserables!, también querían que la empresa no despidiera a, a…más de la mitad de la plantilla, seguro que estos trabajadores, servidores públicos, de alguna forma, tenían mucha razón, eso sí…, y seguro que al final los iban a joder bien jodidos, eso también, ¡es lo que pasa, siempre!) y parece que estaban dispuestos a continuar…¡Guerreros, sí señor! Le dije, mirando para arriba, a sus ojos, a su cara…, es que es muy alta…, y hasta juega al baloncesto y todo. “Dorita, tú que eres, creo, una muy buena amiga mía, ¿no podrías centrarte un poco en lo que estamos hablando, en lo que te acabo de decir?...Sí, sólo son quinientos euros de nada…, y, de verdad que te los devolveré…”. Oye, chaval, si es que les hablas de dinero, a la gente, y es que se te ponen todos, pero todos, todos, a la defensiva…O te salen con poemas…, el caso es cambiar de tema, esquivar el peligro…Pues ahí la tenéis, a Dorita, hablando del sol del invierno…, de lo bonito, de lo bello que es…, haciéndose la mártir…, la muy puta… “Mira” -esto de decir “mira” cuando en realidad te están, o te van a hablar, tiene huevos…, no me digáis que no, ¡eh!-, “Panillo, yo, bien lo sabes tú, esto del dinero me trae sin cuidado…¡No es lo más importante en la vida, qué caramba (ella es fina…, caramba, dice…, vamos como para mandarla a tomar por el culo, pero es que ya, pero ya…, en fin, paciencia, cabrona), hay cosas que tienen muchísimo más valor…, el amor, la belleza, la ternura…¡uy, uy, uy…, tantas cosas, jolines”. Seguíamos caminando mientras el perfume de la crisis, o sus consecuencias…, la huelga, nos iba agriando un poco el ánimo. “pero, joder, si yo no te digo que no…, si tienes razón, pero, ya sabes, son quinientos lereles (euros) lo que tengo que pagar, como mucho dentro de dos días…, a ver…, eso tiene su importancia, no me digas que no…, si es que si no pago me ponen en la puta calle, así, sin más…Pero, vamos, tía (aquí metí la pata, en lo de “tía”…, no le gustaba…, los tacos los pasaba…, pero lo de “tía”…es que la ponía de muy mala hostia, a su manera, se entiende…, de muy mala hostia, pero muy fina, ella), si a ti eso no te parece…incluso hasta grave…, ¡ya me dirás!” Como el que oye llover, exactamente así…, así seguía andando, a mi ladito, Dorotea. “Yo, Panillo, te los prestaría con gusto, en serio, de verdad…, pero, que no, que no es para lo que me dices…, y me vas a perdonar la impertinencia…, te lo vas a gastar…, bueno, ya sabes…”. Si darme cuenta, una rata que estaba como borracha, sería por el veneno…, lenta, en zig-zag, tropezó…, o tropezamos los dos, con un zapato mío…¡Cosa de centésimas de segundo, le metí una patada…, pero vamos…, un hostión, que la lance, la puse encima del techo de un bonito choche…, allí cayó y (sí; "y") hizo: ¡clack, clack…, criggg, griggg…! Medio muerta quedó. Seguimos caminando, paseando, alegremente, ¡qué leches!, Dorita y yo, ella sin inmutarse, haciéndose la dura…, con el asco que le dan los ratones…, y las ratas…, pufff, si lo sabré yo. Llegamos a una calle en la que no había…nada, no había gente…, nada…, basura. Pocas casas, algunas hechas polvo, en el esqueleto…, otras, medio enteras, medio de pie…comiéndose a los muertos de hambre que allí vivían, es un decir. Por aquí también hay basura amontonada, sin recoger, desde hace días…, ¡no,no,no, aquí, en este barrio, El Matadero!..., hace siglos que la porquería acampó. A ver si por el lado, por decirlo de alguna manera, romántico, cuela. “Dori, qué color, desvaído, vaporoso…,¡qué hermosura!, esas hojas que alfombran el suelo, con ese bello color pastel, marrón claro, dorado…, y apagado, y que crujen según vamos pasando, pisándolas, nosotros dos, que somos las dos únicas luces encendidas demasiado pronto en este barrio miserable, podrido…Es que atardece, Dori, pero nosotros brillamos, resplandecemos…, no sabemos a dónde vamos, la verdad, pero bueno, nosotros aquí…, en cualquier sitio, día y noche, somos un destello…¡Luz divina, somos!...Cada día me gustas más…Bueno, qué, qué me dices, es la tercera vez que te lo digo, y no estoy pidiendo…, te dejo que me hagas el favor, vaya, que es muy distinto” Una paisana, en un edificio de tres plantas, con las paredes como un cuadro del Gran Maestro Zen, Tapies, y con las pintadas mas asquerosas del mundo, se arranca, con unas tenacillas, unas pinzas de ésas, los pelos de la barbilla. Nos mira y no nos ve, ¡Qué asco, la Virgen! Dori vive en una de las mejores zonas de Madrid, por allí, sólo con pensar en cómo es aquello, es que ya hasta hueles los billetes de quinientos euros (lereles, según…, así los llama La Momia, a los euracos) Por aquí, por este barrio, por El Matadero, hay alguna casa de una o dos, máximo, plantas, abandonada, en ruinas, deshecha. Tiene una ventaja por donde caminamos ahora, brincando, henchidos de alegría, hay menos olor a podrido, hay menos basura, y aunque hay mucha, alguna ya está seca, ésta lleva ahí, seguro, desde el principio del Tiempo. Y como vive, bueno, muere poco a poco o deprisa la mayoría de ella, menos gente, pues los, llamémoslos así, residuos son relativamente pocos…Además, éstos, los miserables, los parias…consumen menos…, generan menos basura…, y mira que, verdad, les llega al cuello, la mierda. “Te presto los quinientos…Vale, pero, pero…quiero que me hagas eso…, sí” -me dice ella, el amor de mi vida-. Sacamos, compramos una botella de agua de dos litros en un Supermercado que tenía el suelo aceitoso y a las cajeras con una cara como de estar a punto de ser ahorcadas. “Allí”, me dice, excitada, “en ese portal…no hay nadie, no pasa nadie por ahí.”. Me pimplo los dos litros…, hacemos tiempo…y vamos al portal, se agacha, de rodillas se pone, se echa el pelo para atrás, se abre la camisa…y lo demás, se toca, y me dice: “Venga, ya…, hazlo”. Tiene una mirada como si estuviera ida…Me largué, ni siquiera la mandé a tomar por el culo…¡Que me echaran del piso, joder! Pero eso, es que eso…¡Ah, no, eso no! Borrego me habría dicho que hice bien. Tengo frío.

JFR

Jimdo cartooningja.jimdo

BERLÍN JIMDO

J. F. RICO - JIMDO

¡A ver chaval deja ya de comer tanto..., joder, que pareces un cerdo, hostia. Que te llega la papada al ombligo, tío… guarro! ¡Comen, beben, se hinchan... hasta reventar, hasta que no pueden más; incluso vomitan adrede… para seguir zampando! Les puede el vicio… Cabrones…, hacen ejercicio…, bicicleta estática…, carreritas por aquí, carreritas por allí… ¡Pontifican por todos los lados, saben todo, de todo…, se las dan de no sé qué y no sé cuantos... Y, y, y… nada.., nada... En casa (hogar, dulce hogar) son unas mamonas... Sus empresas pierden dinero todos los años..., millones... Sí, sí..., ah, pero ellos saben, te explican cómo se debe llevar una nación, un país... Cojones, si no sabéis dividir ni multiplicar con lápiz y papel…, sin calculadora, hostia... Venga…, venga mariscadas!… ¿El mérito?, el mérito os lo pasáis vosotros por el culo... No tenéis vergüenza… Dais lecciones ... Pero eso sí…, el muerto de hambre que se joda…, vosotros ni mover un dedo… ¡Oh, eso no ,no… Porfi, qué cosas tiene usted!… Como ovejas, como corderos..., la “mano de obra” suda, trabaja, se sacrifica (¡a joderse!), malvive, hace, construye, planta, recoge..., y Ellos, los amos del dinero, disfrutan de lo hecho por otras manos (las de los desgraciados); disfrutan unos productos, eso sí, que ya cuando llegan al consumidor éste, elitista (el amo del dinero), ya han sido limpiados por lacayos intermediarios entre ellos (los amos) y la mano de obra (lo mataos de siempre), han sido limpiados, digo, bien limpiados del sudor sangriento, de la sangre. ¡Y empezaran a caer estrellas y destrozaran la Tierra, chocaran entre ellas, será el caos, el principio de todo, desaparecerán soles, y otros chocaran entre sí, locura del universo, caos, creación, moriréis ratas, ratas de rascacielos, perros mimados, hinchados, gordos, viciosos, abusones, cobardes..., os reventará la Bondad (¿Qué te parece?, ¡eh!, Choni: la Bondad)..., será el día en que ésta se enfade, está cerca, está cerca, está al llegar; parásitos, inútiles... Vamos, ¡mierdas!, en una palabra, tres, mejor dicho: Se hará justicia (que no sé qué cojones es, exactamente). Pero seréis aplastados, hechos papilla, vosotros, los amos…,y de paso, la “mano de obra”, ¡que cojones!, que tampoco es manca. (Menudos cabroncetes, eh). Esto nos lo soltó Pistolete, subido en una mesa, de golpe, sin coger casi aire, haciendo aspavientos, en el bar de Panillo. Una cosa vergonzosa... Luego hubo una pelea... Yo no vuelvo por allí, eso está claro..., ¡gentuza!... Sólo iré algún día para ver, ésos, tus ojos asombrados, rojos..., sonrientes... ¡Arañita, puta!

JFR

IBIZA JIMDO  cartooningja.jimdo

J. F. RICO - JIMDO

Comprenderá usted, cara de perro. Mierda. Como ajo. Me disfrazo, me pongo los pantalones, la camisa; abrocho todos los botones..., falta alguno, ¡bah!, es igual, no se nota. Refunfuño; silbo (bajito), hablo solo. A ver..., ¿el careto?, bien; un cigarro... ¡Vamos a la calle! Ilustrísima señora, la calle, eso es. A ver por aquí, a ver por allí. Bien. La misma edad que Jesucristo cuando empezó a predicar. Vale, podemos hacer algo. El Pavo, Pavito, me hace una entrevista de trabajo. Indiferente, como si yo no existiera, corta la entrevista, por el teléfono (ya se sabe, las personas... o así, muy ocupadas, con poco tiempo..., con mucho trabajo... ¡Bien encarriladas!) que le ha sonado, al mamón, tres o cuatro veces..., y qué no te creas, no..., no se da ninguna prisa por acabar de... decir gilipolleces..., con esa cara, ¡tan bien afeitada..., una piel brillante... como su calva! ¡Es que ni me mira... ¡Hostias! "Entonces -me dice la cerda, aunque es un tío, es la cerda- usted...". ¡¡Pinggg!!, para, vuelve a hablar por el telefonito de los cojones. En la pared, detrás de él, tiene una foto de su, lo que sea, familia..., ella , un niño, un perro, su puta madre... y él, la cerda. Sigue hablando..., me echa una mirada... de reojo; ya es que empiezo como a sudar; hago como que toso... y cargo en la boca saliva..., un grumo casi... (juas, juas, juas). ¡Ah!; ya ha terminado..., mira..., ¡qué coincidencia!, toser yo, y acabar de hacer la mamona él..., hablando. ¡Me mira!, lo miro, empieza a abrir la boca para sabe Dios qué..., porque a mí ya me tiene hasta huevos..., antes de que diga nada, antes de que le salga por la boca ni la primera letra de lo que me va a decir... el hijoputa, voy, y, con energía, con fe (¡Oh, Señor, Señor, tú que todo lo ves, tú que haces que todo encaje, que todo cuadre... ¡Oh!), iluminado por todos los parias de la Tierra, por su espíritu, su alma toda... que se unifica y condensa en mí, le suelto un lapo, un escupitajo..., un obús, una bala..., en línea recta, con potencia, en todo el careto. ¡Zas, plas! Se me pone blanco, el berza, la fantasmona, la cerda ésta... La saliva, el impacto del misil le cae, se escurre entre la nariz, la mejilla y el canalillo que todos los seres humanos, sean de la raza que sean, tenemos debajo, justo, en medio de los dos agujeros negros que adornan (en este caso, con pelos blancuzcos) la base de la napia, que en el caso, aquí, de la cerda, es una napia más bien impersonal..., puesta ahí por la naturaleza por poner. ¡Hooostiaaas! Vaya, que me he quedado a gusto...; aunque un buen bofetón, con la mano abierta, que queda como más fino, hubiera completado la jugada..., pero bien sabido es, sobre todo, por los muertos de hambre, que en esta vida no se puede tener todo... Así que, ¡pchsss!..., es igual. Se levanta, se limpia, primero con la mano..., blanca, blanda; luego con un pañuelito que saca de los huevos... ¡Uy, uy, uy! Me levanto. "¡Voy a llamar a seguridad, es usted...", esto lo escucho cuando ya abro la puerta del nido de la rata y estoy ya casi fuera... Voy tranquilo, nada de prisas... ¡Hala, a tomar por el culo! No tengo más que cinco euros en un bolsillo... de atrás... a la izquierda del pantalón. Por un escupitajo no creo que me denuncie (que es que está esto que a la mínima..., ¡te fusilan, joder!, hasta mirar a la luna, sin moverte, sin molestar, en un parque, parece algo así como sospechoso... "¿¡Qué hará ése a estas horas ahí..., no sé, no sé...!?", deben de pensar los que van, los afortunados que van a cumplir con sus obligaciones... cuando aún no ha salido el Sol. Denunciar, ¿por un escupitajo?, no..., no, ¡no hay color! Di que estos cabrones tienen cámaras ,vigilan, graban... ¡La de Dios tienen!... Pero, vamos, yo creo que al mandria ése le dará vergüenza ir y decir: "Es que uno..., mire, ése de ahí..., ¿se ve bien, verdad?..., me escupió... a la cara, sí, sí..., a mí, a mí... que soy el jefe..., el puto amo..." Pues vale. Está lloviendo..., a ratos sale el Sol, no hace frío..., hay un ruido de la hostia..., motos, coches, taladradoras y, atención, esto sí que es una batahola de la Virgen: ¡radiales!, sí, radiales..., ¡echan chispas, las cabronas!... "Entonces, qué tal Pistolete, ¿qué tal la entrevista ésa..., de trabajo?". "Bien, bien..., ¡hay gente fea de cojones!..., espero, no sé..., que me llamen". La Momia, un tío serio. Sigue y dice: "Pero, hombre, ¡que te llamen, que te llamen!, ¿no?" "No Momia, no, que no me llamen...,¡que me cago en la puta que los parió a todos!" Salimos del bar, audazmente, sigilosamente..., reptando..., ¡sin pagar!..., y ahí, ahí, otra vez el puto ruido de la calle..., ¡la gran ciudad!, la puta mierda. Miro al cielo y quisiera salir despegando como un cohete hacia él..., deshacerme allí, y ser azul, nada... ¡Ah!, la llamada de la Tierra; ahí, enfrente, ahí está..., un culo perfecto..., pantalones vaqueros..., ¡un culo!; yo le echo veintiséis a la tía, a la propietaria de ese universo... Me tiene hipnotizado... La Momia y yo..., sobre nosotros van volando, a nuestro ritmo..., a nuestro paso, ángeles, seis o siete..., son nuestros ángeles de la guarda..., se ríen, bailan..., nosotros nos arrastramos... y vamos cada uno para nuestro hogar, dulce hogar... Es la hora de comer, ¡cojones! Ya están vomitando, vomitando nada, bilis... verde..., violeta..., del color de la monda de una patata, todos los pobres, los miserables, los desarrapados de todo el mundo..., ¡al mismo tiempo! No nos decimos ni hasta luego, ¡hostias!, es mucho tiempo el que llevamos haciendo el mismo recorrido... Hay que matar a todas las palomas, tío, son una plaga..., ¡mira que intento enganchar de una patada alguna! ¡Ah, putas, la esquivan, se escapan! Voy a comer madera, perlas, diamantes, voy a beber agua de una estrella..., voy a eructar..., me echo un cigarrito..., y siempre, siempre, veo, con la primera calada, tus cejas negras, tu cara... que es todo el mundo, toda la vida..., tu pelo negro, tus piernas..., y es que ni me miras, ¡so puta!

JFR ©

 

BARCELONA JIMDO cartooningja.jimdo

J. F. RICO - JIMDO

Cuando Dios quiera, todo será un abrazo, Dori. Nada más, sí, así, y eso será todo…,¡un abrazo, Dorotea, hostia! Ya estoy empapado…, los calzoncillos, todo…, hasta la polla. No hay forma de esquivar esta romántica, bucólica, entrañable, hostia, lluvia. Son las cuatro de la tarde mi capitán, hay que levantarse, ¡ya!, hace un día espléndido, un sol muy limpio, de primavera, ¡vamos mi capitán, arriba! Que si no, iremos a la deriva…, nos moriremos, penosamente, y ya sabe, mi capitán, de pie, siempre de pie, aun con la muerte estrangulándonos, de pie, mi capitán, siempre en pie. Momia, sal del sobre, ya has dormido bastante, te espera un día muy agitado, ¿sabes?, tienes que ir al Corte Inglés, a subir y bajar, durante horas casi, en las escaleras eléctricas ésas, sí, que tanto te divierten… Cruzando la Puerta del Sol de Madrid, la capital del imperio, Finisterre, La Momia, a paso ligero, marcialmente, como desfilando, pecho fuera, barriga…, bueno, barriga no tiene, mentón apuntando al cielo…, tan azul (juas, juas, juas…), la mirada fija en un punto…, en dos puntos…, en un culo espectacular, de una maldita pecadora, la mirada, la vista, la mente, todo, de nuevo al centro…, centrándose en el objetivo, es decir: los grandes almacenes, allí, sí, es allí donde está la meta, no, no, no me despistéis, brujas, malditas amazonas…, con vuestro contoneo. “¿Y me lo puedo llevar?”, dice La Momia. “No, no señor, caballero (esto de “caballero” es que pone a La Momia de muy mala hostia), aquí vendemos los libros…, los vendemos”, contesta el maniquí, (que está, eso, exactamente, de dependiente…, bien peinado…, seguro que con la ropa interior limpísima, también…, coño, ¡joder!, que para eso está casado…, y la paisana es de las de tooodaaa la viiidaaa). “Pues entonces no me lo llevo -dice La Momia- ¿lo coloco donde estaba o se lo doy ya, aquí mismo, a usted…, señor... dependiente?” El empleado ya es que se mosquea, definitivamente, con esto último que acaba de escuchar…, él, él, que es Licenciado en Dirección y Administración de Empresas y que se ve, injustamente, en un puesto que no le corresponde. ”Démelo”, dice este espectacular, este domesticado ratoncillo. Y la Momia se lo da; se miran con, sí, verdadero odio, La Momia lo mataría, el empleado, dependiente, hortera, mataría a La Momia; pero, ¡no, no!, somos, estamos muy bien educados…, somos gente civilizada. “Tome”. “Gracias”. “¡Hostias!, no hay de qué”. (Ligera, pequeña, casi invisible sonrisa del asalariado. Bien). Agarras un puñado de hormigas de un hormiguero y otro puñado de hormigas (reinas del Sol, son las hormigas) de otro hormiguero, las metes a todas en una botella de plástico…, de esas de refresco, o de agua…, de uno o dos litros…, botellas que te dejen ver lo que hay dentro, se entiende, claro; ¡tía!, y hostiaaa, es que se matan, se comen, se cortan la cabeza…, vamos, un espectáculo…, para que luego digan de los animales…, que si esto que si lo otro…, para que luego digan, maldigan del Hombre. ¡Ah, no, no!... Estamos muy equivocados. Hay cámaras por todos los lados…, chaval, vigilan, lo graban todo, estamos controlados, no se te ocurra sisar nada…, es que te matan. ¡Oh!, una sonrisa, eso sí que sí…, por muy ligera que sea, rompe todo, deshace el paso del tiempo, intimida a Dios y al diablo…, una sonrisa, allí, aunque tengas una soga al cuello, no pueden ahorcarte, si sonríes. Pastillas. Dos tías se morrean, en un probador, La Momia se compadece, pobrecitas, al Infierno, irán al Infierno, ¡oh, pecado! A la calle, el cielo es rosa, un rosa desvaído, así, como inestable…, es violeta, suave, es como frío, también, estamos empezando la primavera, atardece...Y ya está ahí, cerquita, la Reina, la Noche. A ver, anda, venga, dame una señal, hazme un gesto, dime algo, sí, tú, Dios, ¡venga, cojones!, un detalle, no ves que ahora empieza a hacer más frío. Ni puto caso…, acelerando el paso, mi capitán, vamos, venga, a algún garito... 

JFR

Estamos justo, al borde... del abismo, es que esto ya no da más de sí. JIMDO

J. F. RICO JIMDO cartooningja.jimdo  

Lo olíamos..., como una sombra..., entraba..., allí estaba, mamao perdido, manteniendo la compostura..., murmurando no sé qué de Schopenhauer..., de Nietzsche. Se apalancaba en la silla... La pizarra a su izquierda (¡vade retro,..!); sacaba el Interviú. Nosotros lo mirábamos como si fuera una mosca danzando en la punta de nuestra nariz. Empezaba a mover el brazo con la mano debajo de la mesa..., cada vez con más energía..., estaba colorado..., por el vino no, por otra cosa. Era la clase justo después del recreo; casi todo Dios estaba sudoroso..., no nos concentrábamos..., y él... dale que te dale al manubrio..., pasaba una hoja..., y con más ganas; nosotros, las bestias, los héroes, entre algún eructo y algún que otro gesto de desesperación, rellenábamos quinielas, mirábamos el móvil..., y así. Concluida su evasión, nos miraba... y a duras penas, pero con energía y bizqueando, decía: "¡Silencio!". Ni puto caso; hacía que escribía..., recibía algún pelotazo de papel arrugado, volador; sonaba el timbre..., se levantaba subiéndose la bragueta... y a través de una carrera de obstáculos salía por donde había entrado. ¡Dios!, ¿por qué nos echaste del Paraíso?... Ver cómo se consumen... envejecen, palman... se doblan... ¡Ah!, mírala, ahí está ella... con el perrito, paseándolo... agachándose a recoger la caquita de la bestia...¡Oooh!, es que el marido le ha dicho que: “No, no, niños no... Yo no quiero tener hijos”. Así que se han comprado un perro... Me dice unos hola de la hostia, ella... Que no se descuide el Adán... que cualquier día le entro… y tiramos el perro al río... Íbamos unos cuatro... Serían las tres de la madrugada..., de la noche, mejor, por una calle, más bien estrecha, ni un coche aparcado; caminábamos por el medio... y, a veces, alguno por la acera..., no había nada, ni un ruido, un silencio de la hostia. Empapados y envueltos por la Noche; ¡perdidos estábamos!, vaya. No notábamos nuestros pasos, las suelas de goma nos mantenían, al caminar, en el aire, silenciosamente..., a un milímetro del suelo... ¡Ah!, esto menos a uno que llevaba zapatos, buenas suelas, como de metal..., y a cada paso hacía: ¡clac, clac, clac!; aquello no nos daba la risa... porque nosotros, ahí, esa noche no sabíamos ya ni quiénes éramos ni adónde íbamos (a sobar, eso sí..., pero...). Y ¡clac!, y ¡clac!...; y alguna farola con una luz blanca proyectando nuestra sombra arrastrándose sobre la superficie que pisábamos, poco fiable, y que nos servía de alfombra llena de cristales rotos. Allí no hablaba nadie, no había ni viento..., ni lluvia... ni nada... ¡Silencio oscuro!, como las paredes de los edificios que nos apretujaban. ¡Qué vergüenza nos daba el ruido que hacía el otro tonto de los cojones al andar con esos zapatos que, incansables, nos obligaban a que estuviéramos pendientes de ellos todo el rato! Tiramos la casa por la ventana... señores.... ya no damos abasto a tanta y tanta y tanta ¡injusticia! ¡Oh!

JFR

J. F. RICO - JIMDO   cartooningja.jimdo

Se te acercan, primero te rondan... sigilosamente..., como que no quiere la cosa..., dan vueltas alrededor de ti..., como gatos..., buscan algo, un cruce de miraditas, de palabras y..., sí, son algunas que acaban de bajar del Arca de Noé. Bien, chaval, eso es que esta mañana estás guapito..., puedes hacer lo que quieras, de esos fósiles..., pero lo principal..., lo básico es, es disimular el asco que te dan. En la sala de espera del dentista...

Está desenfrenado, enfebrecido... Con los ojos a colores..., a veces en blanco..., ¡una cosa!; despeinado, las venas del cuello hinchadas..., y va y dice: "Pero, tío, tienen curiosidad; sí, tienen curiosidad... Se esconden..., bien protegidos por muros de hormigón armado de euros... y con muchas cámaras de vigilancia. ¡Tienen curiosidad, los hijoputas, los perdidos..., mortales, como todos. Desde sus nidos, borrachos como ratas envenenadas... se informan bien, los cabrones, les da un gusto de la hostia, especialmente, ver la miseria..., desde lejos..., con precaución..., que no se note, que no les salpique nada de mierda... Disfrutan conociendo la pobreza que les rodea...  Ellos hasta casi se empalman cuando, de pasada, de reojo, se comparan, aprecian las diferencias..., el abismo que los separa de los parias, los miserables..., ¡la masa de esclavos! ¡Ah!, ellas... ¡Oooh, oooh..., han pillado!...; vienen de familias con abolengo (en el escroto, tienen el abolengo... de los cojoncillos), especialmente con dinero, ¡mucho dinero!, de allí vienen ellos..., los zanahorias..., y ellas y su conejo, la mayoría. El muro de hormigón armado de euros los protege a todos... Por allí no se cuela nada, ni el olor, ni el mismo aire que respira la chusma. A veces creen que el sol, generoso, brillante, cegador..., ¡tan luminoso y apacible!, es de ellos, es un sol particular, privado. Piensan que debe haber otro para los intocables..., los desarrapados..., la basura...; pero ése seguro que es un sol distinto, mucho peor..., ¡es, se mire por donde se mire, el sol de los pobres!; muy distinto del suyo. Sin embargo, estas ratas viciosas y alienadas, monótonas, asfixiadas, anestesiadas por la rutina..., por la seguridad..., y por ¡el qué dirán!, en el fondo, y no tan en el fondo, tienen ¡miedo!..., se cagan, se angustian. ¡Uy!, un grano, un granito..., ¡un lunar!, ¿será canceroso...? ¡Que me vea el médico, si, sí, que me vea! Putas perfumadas..., que ya no sabéis cómo vestiros de tanto qué tenéis. ¡Esos armarios, grandes como pisos pequeños! ¡Zorrones!, hacéis deporte..., os miráis en el espejo el culo (¿estará respingón?), de perfil..., de espaldas..., retorciendo el pescuezo..., palpándooslo. Ansiolíticos..., sois superiores..., ni queréis que se hable de vosotros..., pasar desapercibidos, eso es, para la chusmarraca, los aplastados... Pero vosotros, ¡sí, sí tenéis curiosidad!... Os corréis del gusto que os da saber, ver cómo se arrastran, padecen, sufren..., ésos, la escoria, los pobretones de los cojones...¡Es que es una gozada, ¿a qué sí, ratas?! Entonces yo, un día -un atardecer violeta, naranja, rojo, azul, sangriento-, envuelto en una luz muy blanca, amable y pacífica, apareceré en el cielo, sobre un carro del que tirarán cuatro caballos, brillantes como el ébano, volando, acercándome desde lo alto a vosotros... Echando fuego por la boca os paralizaré de miedo... y os pisaré las tripas, uno a uno..., así, para que la cosa dure más". "Tío, Pepino, chaval..., como sigas con estos rollos..., esta puta matraca, me vas a cansar... y te voy a mandar a tomar por el culo". Le dijo Pistolo, cortándolo, a Pepinillo. "Venga, hombre, Pistolete, que es un desahogo..., una fantasía..., yo, ya lo sabes, no le hago daño a nadie, nunca, por nada..., no pongo la otro mejilla, eso también..., pero, vengativo, rencoroso o violento..., nunca jamás..., eso bien lo sabes tú, quede claro". 

J. F. R.

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 Que es que no te aguantas, ¡hostias!

"Se ha caído el sistema", dice el empleado... del banco; exactamente, como aparentando que él no ha matado ni una mosca en su vida -con esa barba canosa... y ese pelo, abundante, el pelo..., ya blanqueando también-... "Entonces..., ¿qué, no..., no puede..., no puedo hacer (al loro) efectivo el cheque?" -dice, neutral, Pepino. "¡Ah, no, no...!". "¿Y qué lleva, así toda la mañana?" -dice Pepino, el del cheque, pregunta, vamos..., así como en una intentona, sin fe, para arreglar el problema; cobrar.  El esclavo (hoy algo contento; pero, de todas formas, sin bajar la guardia...), con distancia, como hablando solo, mientras cuenta el dinero, contesta que hace un cuarto de hora que se "cayó el sistema..., el sistema informático" (el sistema siempre está tocando los cojones, por lo que se ve..., bien lo sabe el Colilla, sí, hombre, Colilla, el soñador..., el mismo que no consiguió la plaza fija que quería en la Universidad Campechana de Madrid..., y ya ves la que ha armado...; ¡ah!, Paplín, Pablín..., ¡que no te hayan hecho funcionario a ti, a ti..., que hasta has leído a Platón, y todo). Pepino: "Bueno..., vale..., como es viernes... y ya son las dos y media..., pues..., vendré el lunes... Hasta luego". La rosa de los vientos..., el puto mamón de los putos cojones, el hombre de la barba canosaca no contesta... ¡Uy, uy, uy, qué mal, ¿no?! Así que Pepinillo sale de la sucursal bancaria medio sudando, de la mala hostia, pero, eso sí, sin perder la compostura..., que no se note nada, esto es importante, sobre todo. Este fin de semana... te la vas a estar cascando Pepinín...; o a ver fútbol en un bar..., te pides un café... y ¡hala!, arreglado. Si es que le hubiera arrancado, pelo a pelo, todos los que enmascaraban el careto del bancario, con unos alicates..., Pepino. El semáforo, el paso de peatones (de cebras, de carneros...)..., el Bus, el burrubús..., y esta gente ¡tan fea, tan fea! ¡Hostias, si esto no es vida, joder! Sumisos..., cuando les dan la pasta, salen, así, del banco, como perrillos moviendo la cola..., si es que no lo pueden disimular..., aunque es suyo, el dinero, parece que al cogerlo están pidiendo perdón... En fin..., el tiempo está marcado...; ¡hala, a comer! Y en las escaleras, antes y después de coger el ascensor, esa puta peste a verdura, a pescado frito..., a fritangas... ¡Oooh! ¡Cómo deben de vivir los multimillonarios... si tienen salud!

JFR  ©

 

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