“Marcando el paso”

 

J. F. R. (Ep Rico) ©

 

“Tía, ya sólo tenemos futuro”.  J. F. R.(Ep Rico)

 

Con un Sol de la hostia. En medio de la noche, los dos; me sonreíste. Perdidos, estábamos, en el coche…

Avanzan (o eso creen ellos), son alguien, algo, en la vida. ¡Ya está, tienen una "posición"! Marca la diferencia el ser de estas lombrices con el ser de, digamos, un "hombre de verdad", el que las lombrices -gusanos-, "avanzan”…, progresan con la lengua ya casi, casi como una esterilla de esparto, insensibilizada de tanto y tanto lamer culos..., hasta sacarles brillo, a los que están por encima...., quienes a su vez, frecuentemente hacen los mismo. Eso es lo importante, ésa es la norma... ¡Tú, eh! ¡No chistes, ni pío, eh! Ellos no..., ya es que babean al mirarse al espejo de lo mierdas que han llegado a ser...

El bar tenía las paredes pintadas de verde, había pósters, carteles de ésos…, de mierda, en los que se veían grupos de rock, de rock duro, muy duro. El dueño, camarero, tenía una panza de la hostia, llevaba la camiseta por fuera de sus extraordinarios pantalones vaqueros, el coqueto, para disimularla... En la camiseta, estampada, había una bonita imagen de un bonito grupo de heavy metal  -“Los Dragones”, creo que era el nombre, ¡jodeeer!, pero heavy, heavy-. En esto, entró la paisana, la mujer -treinta y tres añitos, ¡buenísima!- del amo del local o bar -como el lector prefiera-, y le dijo a éste, a Peloto, su pareja sentimental y empresario, como ya hemos dicho, hostelero…: "Tío, tienes vez para el dentista mañana por la mañana, a las diez..., tranquilo, joder, que sacar una muela del juicio... hoy en día…, que no, que no es nada, hombre...

Yo no sé si oí un llanto del barrigudo con coleta o me lo imaginé, lo que sí vi fue que Peloto -bonito nombre para un cornudo- tuvo, así, como una descomposición, cagalera, vamos, y se fue al baño, servicio o wáter -como la lectora o el lector prefiera- y estuvo allí la hostia de tiempo, su paisana, pareja o lo que sea, cerró el bar, dentro no había ningún gusano, ¡la crisis!... Fue, tengo que reconocerlo, mi momento, allí, en el mostrador y tapándole la boca...¡que pedazo de puta! Luego marché. ¡Qué vas a hacer!, no te vas a quedar a esperar a que el otro acabe de soltar todo el puto lastre… Uh. Bueno, ¡hala!, en la calle y son las tres de la tarde. Llueve. Tres euros. Cafetería. “Póngame un descafeinado…, sí, de sobre…, sí, con leche”. “¿Cuánto es?”. “Un euro con diez, vale, hasta luego”. ¡Oye, y uno que va jodido y encima no le contestan cuando dice “hasta luego”!, vale, tío, paro en la puerta, doy la vuelta (¡fiiirmes, eínn, media vuelta, eínn!), me dirijo a la barra, espero un momento, habrá allí unos cinco clientelillos; ya tengo a tiro al…, al, al, eso, al hijo de puta que me despachó… ”Tú qué, ¡¿no sabes contestar, eh, chaval?!”, “cómo dice”, me pregunta el asalariado… ¡Ya tiene la hostia encima, zas, en la cara! “Maricón -con perdón para los maricones, eh-, si yo te digo hasta luego, ¿tú no sabes contestar?, ¡¿eh?!, payaso”. Nada, se está limpiando la sangre de la nariz… y yo me largo antes de que me rompan la cabeza.

Tantos años, tantos años…, y siempre… el mismo sol. He cambiado yo, sí. La vida en una, atención, Gran Ciudad, no es nada, nada particular…, al final acabas haciéndola en el barrio, o lo que es lo mismo, en un pueblillo. Sí, y no pasa nada. La edad de Jesucristo cuando empezó a predicar -con éxito indudable, póstumo, eso sí- es la que ya ensucia mi inocencia -atención a la palabra- primigenia… En fin. Veo rocas azules, cielos infernales…, al atardecer.

El dentista es un sádico y un ladrón, eso está claro. Me contó Peloto que le cobró setenta euracos -o lereles- y que, al marchar, lo vio hablando con la auxiliar (de vuelo, no te jode) o ayudante, y que se reía…, el hijo de su puta madre.

“Nada, nada, Peloto, había que arrancar eso”…, y cuando digo esto, no sé por qué, le miro la cabeza y me parece que veo otras dos piezas que también debería arrancarse él, el cornudo. ¡Que quieres, que se joda!

      Salgo y voy pisando flores, las flores están vivas, vivas, en  la acera, encima de las baldosas. No hay solución. Hay un tope, es así, está bien. Me cruzo con gente. Estoy en la recepción del Hotel…, el trabajo es así…, cómo decirlo, ¿bien?, vale, bien. He visto pasar viajantes, empresarios, empresarillos, muertos, vivos, putas, parejas… de todo tipo, pervertidos; gente amable, amargada, cancerosa; gente…, zorras, borrachos; también he visto sí, la belleza, un poquito azorada, colorada, al lado de un cerdo hinchado. Y por la mañana, aun despeinada y así como mal vestida, incluso con ojeras como luces oscuras, la he visto salir, y seguía siendo bella, primorosa, limpia, sí, ¡la belleza! ¡Hombre!, pero ¿qué cojones puede hacerle malo, por mucho sadismo y empeño que ponga, un guarro asqueroso hijo de puta papudo y mierda, a una divinidad de ojos que son galaxias, universos, infinitud; a un cuerpo de dulces, blandos diamantes, de piernas inventadas una sola vez, esta vez, para ella, por Dios…, el pelo, los pechos, la cintura…, y más, sobre todo la magia… Contra esto, ¿qué puede hacer la baba, el vómito, la basura, el alcohol, el tiparraco hijo de puta gordo ése? ¿Qué puede hacer, qué imposible daño puede hacer? Nada, ninguno. Gente así he visto entrar y salir desde la silla eléctrica en la que me siento detrás del mostrador de la recepción en el Hotel de los Hermanos Muela. Un Hotel con una bonita fachada, ¡eh! Y ¡muy limpio! Con una llave inglesa podría romperles la cabeza a estos grandísimos hijos de puta que de vez en vez se encierran en una habitación con este tipo de mujer. ¡Phuffggfff!, piso flores, me emborracho, cobro a fin de mes, voy al dentista…, todo en los dentistas es blanco, todo…, incluso la sangre, todo es blanco. El Hotel de los Hermanos Muela, amigos…, ahí trabajo yo. ¡Id  a cascárosla por ahí!, no voy a explicaros por qué se llama así (la gente de por aquí ya se ha acostumbrado, no les suena mal, no les suena a nada, y la gente de fuera lo ve como algo exótico…), el Hotel… de los Hermanos Muela.

      Cuernos, aburrimiento, lavavajillas, sofás, series de televisión, críticos de arte… ¡Dios mío, qué es esto: críticos de arte, de literatura…, cómo, qué…, qué es esto!, maridos, esposas, hijos, viejos, abuelos, abuelas, bancos del parque, columpios mortales, meriendas de ansia, angustia y veneno…, bueno…, y si puedes dormir bien: no pasa nada… hasta que despiertas. Sillones con telas bordadas en la cabecera para que allí no quede la caspa de los putos cencerros, vamos, para que no se ensucie la cabecera del puto sillón de puto plástico, para que no se llene de puta mugre con el paso del tiempo, exactamente. Para que no quede en ellos la terrorífica, horrorosa, purulenta, verde caspa de todos vosotros, mortales asquerosos (señora, señor…, esto es, por decir algo, literatura…, calma pues, ¡joder!).

      En la recepción yo fumo, está prohibido, siglo XXI; fumo. Este país no tiene remedio…, por todas partes legiones y legiones, masas de corderos cobardes se esconden unos de otros…, se, en general, emputecen la vida… unos a otros, con saña, sin descanso…, infatigables, los corderos.

      “¡La propina se la mete usted por...

 

 

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