“Marcando el paso”

Juan Rico (Fdez. R.) ©

“Tía, ya sólo tenemos futuro”.  Juan Rico (Fdez. R.)

 

Con un Sol de la hostia. En medio de la noche, los dos; me sonreíste. Perdidos, estábamos, en el coche…

Avanzan (o eso creen ellos), son alguien, algo, en la vida. ¡Ya está, tienen una "posición"! Marca la diferencia el ser de estas lombrices con el ser de, digamos, un "hombre de verdad", el que las lombrices -gusanos-, "avanzan”…, progresan con la lengua ya casi, casi como una esterilla de esparto, insensibilizada de tanto y tanto lamer culos..., hasta sacarles brillo, a los que están por encima...., quienes a su vez, frecuentemente hacen los mismo. Eso es lo importante, ésa es la norma... ¡Tú, eh! ¡No chistes, ni pío, eh! Ellos no..., ya es que babean al mirarse al espejo de lo mierdas que han llegado a ser...

El bar tenía las paredes pintadas de verde, había pósters, carteles de ésos…, de mierda, en los que se veían grupos de rock, de rock duro, muy duro. El dueño, camarero, tenía una panza de la hostia, llevaba la camiseta por fuera de sus extraordinarios pantalones vaqueros, el coqueto, para disimularla... En la camiseta, estampada, había una bonita imagen de un bonito grupo de heavy metal  -“Los Dragones”, creo que era el nombre, ¡jodeeer!, pero heavy, heavy-. En esto, entró la paisana, la mujer -treinta y tres añitos, ¡buenísima!- del amo del local o bar -como el lector prefiera-, y le dijo a éste, a Peloto, su pareja sentimental y empresario, como ya hemos dicho, hostelero…: "Tío, tienes vez para el dentista mañana por la mañana, a las diez..., tranquilo, joder, que sacar una muela del juicio... hoy en día…, que no, que no es nada, hombre...

Yo no sé si oí un llanto del barrigudo con coleta o me lo imaginé, lo que sí vi fue que Peloto -bonito nombre para un cornudo- tuvo, así, como una descomposición, cagalera, vamos, y se fue al baño, servicio o wáter -como la lectora o el lector prefiera- y estuvo allí la hostia de tiempo, su paisana, pareja o lo que sea, cerró el bar, dentro no había ningún gusano, ¡la crisis!... Fue, tengo que reconocerlo, mi momento, allí, en el mostrador y tapándole la boca...¡que pedazo de puta! Luego marché. ¡Qué vas a hacer!, no te vas a quedar a esperar a que el otro acabe de soltar todo el puto lastre… Uh. Bueno, ¡hala!, en la calle y son las tres de la tarde. Llueve. Tres euros. Cafetería. “Póngame un descafeinado…, sí, de sobre…, sí, con leche”. “¿Cuánto es?”. “Un euro con diez, vale, hasta luego”. ¡Oye, y uno que va jodido y encima no le contestan cuando dice “hasta luego”!, vale, tío, paro en la puerta, doy la vuelta (¡fiiirmes, eínn, media vuelta, eínn!), me dirijo a la barra, espero un momento, habrá allí unos cinco clientelillos; ya tengo a tiro al…, al, al, eso, al hijo de puta que me despachó… ”Tú qué, ¡¿no sabes contestar, eh, chaval?!”, “cómo dice”, me pregunta el asalariado… ¡Ya tiene la hostia encima, zas, en la cara! “Maricón -con perdón para los maricones, eh-, si yo te digo hasta luego, ¿tú no sabes contestar?, ¡¿eh?!, payaso”. Nada, se está limpiando la sangre de la nariz… y yo me largo antes de que me rompan la cabeza.

Tantos años, tantos años…, y siempre… el mismo sol. He cambiado yo, sí. La vida en una, atención, Gran Ciudad, no es nada, nada particular…, al final acabas haciéndola en el barrio, o lo que es lo mismo, en un pueblillo. Sí, y no pasa nada. La edad de Jesucristo cuando empezó a predicar -con éxito indudable, póstumo, eso sí- es la que ya ensucia mi inocencia -atención a la palabra- primigenia… En fin. Veo rocas azules, cielos infernales…, al atardecer.

El dentista es un sádico y un ladrón, eso está claro. Me contó Peloto que le cobró setenta euracos -o lereles- y que, al marchar, lo vio hablando con la auxiliar (de vuelo, no te jode) o ayudante, y que se reía…, el hijo de su puta madre.

“Nada, nada, Peloto, había que arrancar eso”…, y cuando digo esto, no sé por qué, le miro la cabeza y me parece que veo otras dos piezas que también debería arrancarse él, el cornudo. ¡Que quieres, que se joda!

      Salgo y voy pisando flores, las flores están vivas, vivas, en  la acera, encima de las baldosas. No hay solución. Hay un tope, es así, está bien. Me cruzo con gente. Estoy en la recepción del Hotel…, el trabajo es así…, cómo decirlo, ¿bien?, vale, bien. He visto pasar viajantes, empresarios, empresarillos, muertos, vivos, putas, parejas… de todo tipo, pervertidos; gente amable, amargada, cancerosa; gente…, zorras, borrachos; también he visto sí, la belleza, un poquito azorada, colorada, al lado de un cerdo hinchado. Y por la mañana, aun despeinada y así como mal vestida, incluso con ojeras como luces oscuras, la he visto salir, y seguía siendo bella, primorosa, limpia, sí, ¡la belleza! ¡Hombre!, pero ¿qué cojones puede hacerle malo, por mucho sadismo y empeño que ponga, un guarro asqueroso hijo de puta papudo y mierda, a una divinidad de ojos que son galaxias, universos, infinitud; a un cuerpo de dulces, blandos diamantes, de piernas inventadas una sola vez, esta vez, para ella, por Dios…, el pelo, los pechos, la cintura…, y más, sobre todo la magia… Contra esto, ¿qué puede hacer la baba, el vómito, la basura, el alcohol, el tiparraco hijo de puta gordo ése? ¿Qué puede hacer, qué imposible daño puede hacer? Nada, ninguno. Gente así he visto entrar y salir desde la silla eléctrica en la que me siento detrás del mostrador de la recepción en el Hotel de los Hermanos Muela. Un Hotel con una bonita fachada, ¡eh! Y ¡muy limpio! Con una llave inglesa podría romperles la cabeza a estos grandísimos hijos de puta que de vez en vez se encierran en una habitación con este tipo de mujer. ¡Phuffggfff!, piso flores, me emborracho, cobro a fin de mes, voy al dentista…, todo en los dentistas es blanco, todo…, incluso la sangre, todo es blanco. El Hotel de los Hermanos Muela, amigos…, ahí trabajo yo. ¡Id  a cascárosla por ahí!, no voy a explicaros por qué se llama así (la gente de por aquí ya se ha acostumbrado, no les suena mal, no les suena a nada, y la gente de fuera lo ve como algo exótico…), el Hotel… de los Hermanos Muela.

      Cuernos, aburrimiento, lavavajillas, sofás, series de televisión, críticos de arte… ¡Dios mío, qué es esto: críticos de arte, de literatura…, cómo, qué…, qué es esto!, maridos, esposas, hijos, viejos, abuelos, abuelas, bancos del parque, columpios mortales, meriendas de ansia, angustia y veneno…, bueno…, y si puedes dormir bien: no pasa nada… hasta que despiertas. Sillones con telas bordadas en la cabecera para que allí no quede la caspa de los putos cencerros, vamos, para que no se ensucie la cabecera del puto sillón de puto plástico, para que no se llene de puta mugre con el paso del tiempo, exactamente. Para que no quede en ellos la terrorífica, horrorosa, purulenta, verde caspa de todos vosotros, mortales asquerosos (señora, señor…, esto es, por decir algo, literatura…, calma pues, ¡joder!).

      En la recepción yo fumo, está prohibido, siglo XXI; fumo. Este país no tiene remedio…, por todas partes legiones y legiones, masas de corderos cobardes se esconden unos de otros…, se, en general, emputecen la vida… unos a otros, con saña, sin descanso…, infatigables, los corderos.

      “¡La propina se la mete usted por el culo, caballero, hace un tubito con el billetito y… eso. No te jode!”.

“Es la última vez, eso no se le hace a un cliente…, vamos, a nadie”, me reprende el jefe…, está a punto de echarme. Hablo varios idiomas, no le compensa, estamos en un sitio por el que pasan bastantes extranjeros, sobre todo en verano; no obstante, hay que andarse con ojo, cosa difícil para mí…, casi imposible…, ¿a ver lo que duro?

      Martillazos en la cabeza, esta tía es coja, no me había fijado la primera vez (la puta llevaba alzas en la pierna enana, ¡cabrona!, no, mejor, más así, suave, educado: ¡caramba!), hoy, sin la prótesis, veo que es coja, coja de cojones; ha ido a la peluquería… Me dan ganas de matarla (esto es literatura, caballera, caballero, señora, señor, ¡a ver si no nos despistamos, eh¡), de tirarla a un río profundo metida en un puto saco lleno de piedras. ¡Ayyy!, qué cosas. Flores, olor a leña ardiendo, labios finos, rojos. Voy a mear. Ves, ya está, ¡tan a gusto!

¡Cómo se agarran a la vida, estos asquerosos! ¡Míralos!, tomando el sol, el sol cuando no pica…, el de otoño. Míralos… ¡Un lanzallamas, rápido! ¡Un harén, necesito un harén (esto es literatura, lector, esto es literatura…, calma…, sin juzgar, lector, lectora)!

      La médico está separada, y llena de arrugas, tiene dientes postizos, eso está claro, creo… Arrugas, payasa. Sí, sí, y te jubilarás…, ¡y qué! Y va el tonto hablando por el móvil (seguro que de operaciones, de gestiones… importantísimas), y va y el tonto tropieza (¡Ayyy, Dios, qué vergüenza!), no cae, hace como si nada, sigue hablando (de eso, de negocios multimillonarios) y caminando, recobrando la compostura y mirando para atrás como diciendo: “¿Qué habrá fallado en la Tierra, en el suelo, en la ciudad, en el Universo todo, cojones, para que yo tropiece?”. Estos mierdas, pavos, son así… ¡Venga, a cagar y a tirar de la cadena, joder! Nunca nada volverá, que no se os olvide, hermanos; nunca, nada, no hay vuelta atrás. Dormid tranquilos, pues; si podéis. Ratas por las cloacas, miles, cientos de miles… Nada, no son nada. ¡Eh!, mira este cielo azul, respira, fuerte, este aire limpio. Fuerte. Dúchate, arréglate, perfúmate (la verdad es que a mí los perfumes me dan así como asco, me levantan, me levantan dolor de cabeza, leve, eso sí), espolvorea tu cara con estrellitas de fiesta… Coge una metralleta y mátalos a todos, eso es. Ni más ni menos, exactamente, reviéntalos, dispara a la barriga…, tardan más en espicharla. Violeta, dulce, amor; caramelo y caricia.

      Hay que comer, esto es inevitable…, yo, cuando trabajo (no sé qué hostias le importará a la gente lo que yo hago…, pero bueno), lo hago en la recepción… del hotel de los Hermanos Muela, en la parte de atrás, con un ojo puesto (el ojete en una silla, porque estoy sentado, lógicamente…, ju, ju, ju, juas, juas,)  en la entrada por si algún mamón se presenta de repente…, y si esto ocurre, sé que este mamón que acaba de entrar lo hace sólo para joderme el bocadillo, para fastidiarme el buen ritmo en la comida. En fin, la vida.

       Pero ya es una desconocida. Yo soy, soy… otro, y ella también es otra… Pero ya somos desconocidos, nos ha tragado el tic tac del reloj, las horas, los meses, los años, los años, nos han deshecho, pulverizado. Nos ha tragado la noche… infinita.

Ahora sólo está este hotel de los Hermanos Muela… y yo en su recepción, vestido de militarcito, de mamarracho, de uniforme…, con una corbata… que me roza el cuello, y con el corazón aullando, gimiendo…, pidiendo misericordia, paz. Sí, nada es igual, y además, a veces, tengo ardor de estómago. Así que, por la vía del tren, por el medio, entre los dos raíles, escuchando música con un altavoz en cada oreja; o sea: un casco -o altavoz- incrustado en el agujero de la oreja derecha y otro incrustado en… ¿dónde va a ser, hombre, dónde va a ser?, en el agujero de la oreja izquierda; digo que voy caminado entre los raíles, dándole la espalda a la dirección por la que el tren pasa a esa hora. Luego salgo de la vía.

      Y desde este hotel, desde este punto oscuro, desde esta ciudad hundida, esta ciudad que es todas las ciudades del Mundo, voy a bisbisear una oración en la que casi mudo diré que me cago (esto que escribo yo nunca será, ni de lejos, un, un, uno de esos best seller que hacen rico, muy rico a su mierda de autor; y eso que escribo sólo, sólo por la pasta…, para ganar pasta…, pero me da a mí que no, que no va a poder ser… ¡Ay, ayyy, si pudiera escribir un best seller de ésos, ná) en vuestra puta vida, en todas las vidas habidas y por haber; así, musitándolo, mudo, ya digo, casi; con la perra de la corbata que me aprieta la garganta y que hace que el nudo que tengo en ella (en la garganta, en mi interior, esos nudos que se dice de angustia y tal…) sea mayor. ¡Hijos de puta!

      Atardece, es como si la muerte estuviera reclamando nuestra atención en la penosa luz que va quedando y yéndose poco a poco en las fachadas de los edificios. Señores, es el momento de ir a tomar unos cortos. ¡Aleluya!

He venido hasta Málaga, digamos, por asuntos personales -en realidad en la vida, todo es personal, los negocios, todo, todo es un asunto personal, por mucho que digan que si esto que si lo otro, ¡nada, nada!, cuentos, siempre hacemos las cosas, aunque nos perjudiquen, por cuestiones personales, afectos, emociones, desprecios, asuntos personales, ya digo-.

Ésta no es una ciudad grande -ni pequeña-, aquí hay de todo -más o menos-. Yo ya he estado más veces. Tiene la misma, aunque en distintas cantidades, mierda de "cosas", de gente, de viejos, de niños chillones, de madres jóvenes, aburridas..., de asquerosas paisanas que al atardecer, en chándal, pasean en grupo, con paso rápido, hablando a voces, voces con un tono sutil (un tono "como que no") de "alegría" (comedida) y de satisfacción, sobre tonterías tan triviales como tan asquerosas son ellas.

Ellas, que en verano, algunas, llevan el chándal apestosamente sudado, marcándoles, como si fuera aceite (una mancha) la línea que separa una nalga de otra; ¡focas!

Tiene, esta ciudad, o ciudadcita, otras muchas más cosas iguales y, o muy parecidas a otras ciudades o ciudadcitas… Aquí también hay mierdas con traje -como si fuese un uniforme, en la mayoría de los casos, de trabajo-, y con corbata -alguna "verde", ¡Dios Santo: verde!-, que salen a fumar a la puerta de la, ¡hostia!, oficina... del Banco en el que trabajan, o de la compañía de seguros o de cualquier otra porquería de la que no sacan, yo creo, ni para comer..., bueno, para comer sí, pero, justo, justo.

Todas las esquinas, oscuras, negras, todo paredes, muros, ji, ji, ja, ja, ja, ji, ji, ja, ja, volteretas de muertos, eso es, son vuestros ji, ji, ji, ja, ja, ja, ja. Tormentas de locos, arañazos, paranoicos, delirios, loca, loquita, ¡qué te crees! Bueno, pues, adrede, un día, a eso de las diez de la noche –llovía- en la entrada del puto hotel, le hablé, dejando escapar saliva por la boca, haciendo que el cojo del director se empezara a mosquear por culpa -entre otras cosas- de las esquirlas de mi saliva que le llegaban a la cara, como misiles…, y le dije cosas ¡muy muy!; como que yo sabía que estaba con un tío y que lo había llevado allí, sí, y que ella, la muerta de su mujer no sabía nada... Así que, el finiquito y tres mil euros y no se hable más y no nos volveremos a ver más y no sabremos nada de nada el uno del otro. Automático, me largué, tres mil euros, bien, suficiente…, bueno, suficiente, en fin.

Por Tierra, Mar y Aire... ¡Todo tan lujoso! Y hay gente en la calle. La crisis. Año…, década del año 2000. Gente que busca, rebusca en la basura -¡da pánico, verlos!, es un decir, lo de pánico-. Hay que cambiar de acera. Hay que escapar de la miseria, es contagiosa..., puede que sea contagiosa; cambiar de acera, pues.

Con el cielo como plomo, plomo así como licuado, encima. Lloviendo, lloviznado..., vamos, y si te duele una muela -el dentista, hoy, en España, es un lujo, sí, sí- y no llevas paraguas y no sabes, en ese momento, a dónde ibas...Todo esto, así, de golpe, como una rayito, así, como el pinchazo de una aguja, hace que te entre un asco deprimente y hablando solo, mentalmente, digas, te digas: "Esto, esto no hay Dios que sepa nada, nada; pero qué cojones es esto..., qué hacemos aquí". ¡Hala, venga, que sí, hombre, y ahora los curas y así... ¡Oye, que éstos tienen una explicación..., te lo explican..., si te dejas! Los que viven bien son los políticos, sí, especialmente ésos que mandan los partidos a representar al -¡uh, uh, uh uh, juas, juas, juas!- pueblo..., al pueblo, allí… a la Unión Europea…, en su parlamento -allí, sí, allí, donde lo único que hacen es lamerse los huevos unos a otros y esperar un puente o el fin de semana (lo que gastarán en putas, ahí, algunos cabrones... Paga el, es que me da la risa, paga el pueblo, los payasos, vamos) para largase a, eso es, disfrutar de la vida, ¡los muy hijos de puta!-...Bueno, dónde iba... La cosa es que antes había guerras, guerras...y el personal se mataba de cara, directamente..., amigo, hoy no es así..., hoy se mata, tanto o más, con discreción, sin que se note..., como que no. Y se mata de hambre, marginando hasta la muerte al que no tiene pasta, esto está claro, es así, joder, indiscutible.

La tarde, la muy hija puta, soltaba sus últimos graznidos..., al fondo, a lo lejos, se veía, por la ventana, el mar, o como dicen algunos tontos del culo: la mar, azul, verde, gris, naranja en donde el sol en su ocaso desparramaba sus últimas palabritas. Es muy importante la apariencia, el aspecto, sobre todo si eres un puto cusmín, como es el caso de La Momia. El perfume del mar, su olor, era percibido por La Momia como una caricia..., estaba mirándose en el espejo... y cada vez se daba más asco, La Momia..., pero bueno..., hay que arreglarse, peinarse..., ver qué tal queda esto y lo otro y lo de más allá... Una última mirada y,  bueno, parece que se veía un poco mejor, La Momia, en el espejo, reflejada. La habitación ya se estaba quedando sin luz, natural, se entiende, quizá por eso La Momia se perdonaba la vida al verse reflejado en el espejo ese de los cojones, es que casi no se veía nada, ya digo. Encendió, pues, nuestro puto desagraciado héroe la luz, la artificial, se entiende, ¡¿cual si no?!, cojones, que ya me estoy cansando de escribir..., ¡joder!

Y ya, la Momia, en la calle... Es que le faltaban ojos para fijarse bien y que no se le escapara sin echarle una mirada melancólica y de admiración a tantas y tantas tías buenísimas que por allí, todas muy arregladitas, pasaban, iban, venían... ¡Uy, uy, uy! El paseo marítimo, con su s terrazas, sus cosas, sus tal..., y ya, la noche, y ya, las estrellas, y ya, La Momia con cinco euros en el bolsillo..., si es que es para morirse..., ¡eh!,

Momia. Roto,  pues, estoy..., ¡¿Qué cojones hago yo con cinco euros?! Aquí, precisamente aquí..., todo luces, colores, música..., es como si una lluvia de lujuria y deseos empapara el aire y costara respirar por..., ¡joder!..., porque uno se da cuenta de que no da abasto a todo... Hay que escoger, así son las cosas, la vida..., y aun escogiendo, muchas veces, la mayoría, vas de puto culo..., ¡oye, que es lo que deseas lo que, finalmente, te escoge a ti...! Vamos, que no nos salva ni Dios..., con perdón.

Sí. Entre montañas, circulando yo, coronadas por una niebla que bajaba lentamente, con algunas pequeñas perlas violetas... y con piedrecitas, ¡eh!, de oro, que bajaba al asfalto, un charco de hierro y humedad, el asfalto. Pues nada, he ido, he seguido feliz por ahí..., ¡y roto, joder!, entre montañas... Y a cabalgar, a cabalgar hasta enterrarlos en el mar, cabalga jinete del pueblo (menudo pájaro está hecho éste, el pueblo)..., que la muerte no es nada si va en tu montura..., y así..., es de un poeta español, esto de cabalgar... A mí la poesía no es que me guste, lo cierto, pero me ha venido a la cabeza esto de que la muerte no es nada si va en tu montura... ¡La muerte: nada! ¡Los cojones, nada!

Lo que es tener cinco putos euracos en el bolsillo y ver que está a tu alcance, si tuvieras, por ejemplo doscientos -o algo menos- esa preciosa, pero preciosa, digamos, prostituta... Mírala cómo me indica el camino que va al cielo... Nada, tía..., que no, que no puedo..., o sea: que no tengo un chapolín, pelao estoy. Así que seguimos, seguimos entre montañas verdes, difuminadas por la niebla..., ¡eh, eh, eh, eeeh!, húmedas, muy altas, laberínticas, asfixiantes a veces..., caminando a boleo, esperando un milagro..., y es que se me están hinchando ya mucho, pero mucho, los huevos... Está lejos, lo que busco... ¡Ah!, y la muerte, la muerte, la muy inconsciente está ahí..., por ahí, siempre..., la muy asquerosa, la muy cabrona..., pero, vamos, vamos..., que no voy a decir nada, nada.

Ahora ésta..., delgadita, alta, vaqueros rojos, algún grano en la cara..., los hombros algo anchos..., pelito de la cabecita, negro, o así, largo... Está muy..., es una maravilla..., y yo me veo así, solo..., feliz, con caries en los dientes... (no va ser el la polla, no te jode..., si es queee), con tabaco, con sabor a Coca-Cola. ¡Sólo pienso en dinero! ¡Puto miserable! Y cuando me entierren (si me entierran), qué más dará nada..., ¡qué más da ya nada! Yo tengo una brújula, siempre sé dónde está el Norte..., pero ¡qué más da!

Queridos gusanos, a veces sólo eso, un gesto amable, amable, es suficiente. Entonces, la inocencia es estar loco; así; loco como yo, yendo entre montañas de niebla verde, loco, inocente, feliz, con los dientes pochos, fumando..., ¡y guapo!  Queridos gusanos, el tiempo, sin ningún esfuerzo, sin hacer nada, invisible, inexistente..., es, ha sido eficaz, práctico, muy eficiente, muy real... ¡Como una serpiente pitón nos ha tragado desde que nacimos, a todos; a todo, y su digestión ha sido -es- nuestra vida.

Labios rojos, con un músculo que me levanta hasta el cielo... ¡Y ahora..., ahora...

Si llueve, y no hay nadie por la calle, a la una de la madrugada -una y media-, con las luces oscuras y amarillas de las farolas..., reflejadas en nada, ¡reflejadas en nada, joder! ¿El Infierno? Pues esto, o así; una ciudad de tres millones de macacos..., a la una y media de la noche..., en el mes que tú quieras, amor. ¡Nada! Y luego, la miseria, ¿qué os puedo contar yo de la miseria?... Había uno que, tirado en el suelo, gritaba y pedía limosna...¡Murió entre las llamas del fuego que lo devoraba! Vamos, que el tío parecía una antorcha, corriendo... y ¡dando alaridos! Fue el colchón putrefacto del sitio putrefacto donde dormía (pasaba la noche), ardió, accidentalmente, dicen, el colchón..., y él, ardiendo, salió dando voces... Murió poco después y... nada. No hay nada. Un poco la tiranía del estómago, el flagelo de la cabeza, la imaginación buscando excusas, salidas, alguna que otra necesidad más..., pero..., y, ¡nada!

Un sinsentido, tío. Aunque a veces, pocas, la belleza aparece, siempre fugazmente, la cabrona, imprevisible también..., entonces sí, incluso huele a salitre, huele a mar. Y la locura.

Así…,  éste estaba al sol; un calor de la hostia, un calor pegajoso, 40ºC. por lo menos. En un coche viejarrancáncano, de segunda -en el mejor de los casos- o de décima mano.

El tío (que en vez de sangre ya es que tenía heroína circulando por las venas…, por los siglos de lo siglos) tapaba las ventanas, todas, del coche, con cartones, con protectores de esos que usan las auto caravanas para protegerse del sol (de éstos, pocos, valen más que el cartón, claro).

Allí estaba, a pecho descubierto, en pantalones cortos, con las patas peludas; el maletero abierto, en la calle García Venido, en cuesta, pegado su automóvil de mierda a la acera, bien aparcado, bebiendo agua de una botella de plástico…, estaría caliente de cojones…, botella y agua. Pero eso sí, el chaval bien puesto, bien manos a la obra, y preparando su hogar, su dulce hogar, (lo debieron de haber echado de la pensión en la que dormía…, eso seguro…, por endrogao).

El tío está -no hace falta fijarse mucho- chupao, los pómulos marcados como si fueran chichones, los ojos como dos sartenes enanas, la boca apretada y los labios finos, finísimos, casi invisibles…(¡Hechos para besar princesas, sensuales, para besarte a ti…, ahí…, en una lujosa playa llena de ricos y tías buenas…, en una playa exclusiva, inocente, a ti, reina, puta!), un pendiente -eso que no falte- (¡Dios, si esto es todo lo que hay..., oye, que te lo digo: ¡vaya mierda!).

Pues allí, arreglando el cochecito, estaba.., para vivir…, pasar la noche. ¡Qué calor!, deberían ser, cuando lo vi, las cuatro de la tarde, finales de julio (¡siempre contando el tiempo, siempre contando los días, meses, años…, y todo ¿pa qué?, pa ná), el sol, machacando, ¡el muy vago! Bueno…, estirar las piernas, vestirse, “asearse”, “desayunar”, etc., Sudando como un asqueroso estaba el mamón…, todo bien jodido en ése, en ese… ataúd con ruedas…, y con todo lo demás de que se compone un vehículo a motor (juas, juas, juas), el tontolaba éste me daba como, ¡hostia!, casi miedo.

Más adelante (estar sin un chapolín es lo que tiene, paseas y paseas…, es gratis), en una calle perpendicular, donde la cuesta acababa de caer sobre la calle General Alfoz, justo en la esquina, estaban unos mataos, tres a cuatro, con sus cascos y sus cosas, trabajando, trabajando para el Ayuntamiento (llevando el pan a sus casas, honradamente…, sí, con el sudor de su frente…,¡qué remedio, esto es una lotería, chaval), cambiando unas baldosas medio rotas y casi sueltas por otras nuevas…, con interés, todo con atención, ¡amando el trabajo, eso es!…, y doblados, dando casi con la nariz en el puto, putísimo suelo de la acera de los putos cojones (¡hostia, qué calor paso sólo con mirarlos!).

Uno usaba un taladro, ¡¡tratatrunn, tratatrasss, tratatruntaaaaarrrrr!!, y picaba, picaba… con entusiasmo; estaban como borrachos, ¡todo se sentía pegajoso, una sauna..., el calor… y el ruido…, todo, de verdad, embriagador… ¡Ahí quería ver yo al alcalde, hostias, con un casco!

Hay que cambiar de acera, mi capitán; además, del otro lado hay sombra; ¡qué horror éste, el de los peones!

Cojo la emoción, me meto en la cabeza todo el mar..., entero.  Avenida Playa Mar, más de dos kilómetros; aceras, palmeras, terrazas, olores… a casi todo, especialmente a comida. Luces, gente, mucha gente; papás, mamás, familias, abuelas, chavalada con piercings y cosas..., pantalones caídos, ¡tías! Las tías…, oye, que ahora se ha puesto de moda el pantalón vaquero cortito, y que marque, subido, bien subido, hasta la cintura…, más aún, y oye, que se ve algo de culete, lo llevan desde las más jóvenes a las más…, o sea, menos jóvenes. No son conscientes, ninguna. Lo cierto es que hacen hasta daño, tiembla uno, esos movimientos…, belleza, piernas, ¡qué piernas! ¡Oh, Dios!, ¡qué sufrimiento…, sonrientes, si es que no calculan los esfuerzos, los desconocen…, aunque no sé yo…, que tiene que hacer La Momia para…, para, Dios…, contenerse, aguantarse…, en fin… Son preciosas, diosas.

Se respira sexo y deseo hasta cuando piensas en todas las desgracias que llevas a cuestas, ¡eh, Momia!, está en el aire, en las papeleras, en los que lloran, también en los bancos de los paseos, está en todas partes, el sexo, ¡ah!, el ansia, la búsqueda esclavizante del placer. Vamos, ¡como perros!, todos en celo…, y ellas también, claro. ¡Qué quieres!, todos.

Y la playa, los toldos para cubrirse del potente, del mamarracho del sol; las tumbonas, la arena ardiendo, las paisanas con esas tetorras tan caídas que es que las arrastran por entre las piernas, hasta los tobillos… y más. Celulíticas, llenas de aceites, sonrientes, con el puto gorrito para darse un chapuzón, en esas cabezas de sardina que tienen; haciendo sin querer con la punta de los pezones un dibujo (unas líneas, unos surcos) de loco en la dulce y asquerosa arena, arena de playa.

Así están, amontonados, son como patatas friéndose en aceite, en una buena cantidad de aceite. De vez en cuando se ve alguna tía buena; pero, ¡ah, amigo!, ¡hostia!, si es que ni te mira, vamos, que si algo notas, es mala hostia; tú, tú, puto pringao, puto gusano,¡¿ligar conmigo?! ¡Andaaa, andaaa.

Y a la orilla, el mar, ya sucio, de vómito, color de leche condensada aguada. Allí, eso es, retozando, los asquerosos, con su alegría extraterrestre y su puta, putísima panza peluda.

Momia, hay que esperar a la noche. Tío, te cuelas en un botellón, haces como que tal, y de gratis y por el puto morro te puedes tomar algo, y si alguna despistada (para esto tiene que funcionar muy bien el radar) se pone que no hay Dios que le perdone la vida…, pues nada, a por ella.

Así fue…, botellón, saludo a nadie, es decir, haces como que conoces, saludas, así como al vacío…, sólo tú sabes que nadie contesta…, pero ¡ojo!, la gusanada, el personal ve que saludas, y nada, piensa (esto todo ocurre muy rápido, eh), éste está aquí por derecho…, en algún grupo, seguro…

Mamao perdido…, y a las ocho de la mañana despertó La Momia…¡¿Y los cinco euros?!, ¡me cago en mi puta vida!...¡Aaaah, aquí, aquí están! Vale.

Hay que… asearse, despejar. La playita, la arena no está caliente, ¡y el agua!, y el mar limpio, fresco, no hay nadie, están (en el fondo, a veces, sólo a veces, me dan así como pena, sí, siento así como…, no sé, compasión, ¡joder! ¡Ay, Diooos!..., que todo se va, que las ilusiones, que la alegría, los sueños…, que todo se queda atrás, en ninguna puta parte…) durmiendo, o desayunando tristeza con los días contados, qué más da; el caso es que esto está vacío. Mar, azul verdosillo, fresco, olas… Si es que ya no hay lágrimas, ¡hostia!, no quedan ya, nos ha exprimido la vida, hasta la última gota, secos estamos.

Limpio, ¡qué olor tiene el mar! Me sumerjo, ojalá me ahogara, salgo, saco la cabeza…,¡siempre con el agua al cuello, oye! El cielo es una sonrisa…, y azul… y blanco.

Yo es que tengo un arroyo de agua fresca y clara en mis venas, ahora. Putita, putita, la de la noche pasada. Lluvia, lluvia. Los días, la vida es así, hay que desayunar, comer, cenar, dormir…, y dale y dale. Pues Momia, chumino, que eres un chumino, hoy vas a desayunar hostias. Y el que no tiene para desayunar, lo más seguro es que no tenga para comer (no da tiempo para juntar el dinero), ni para cenar…, ni para comprar una pistola y pegarse, con precisión, aguantando el retroceso, un tiro en el cielo de la boca… y que así reviente la cabeza como si fuera confeti tirado en una boda (serpentinas coloreando esta puta vida).

Hostia, amor, quiero serlo todo, quiero ser el mismísimo infinito, una estrella, Dios, quiero ser…, morir quiero, también. Abrirme el pecho con lo que sea, agarrarme el corazón, perderme en alta mar… (verde oscuro), desintegrarme.

No tengo esperanza…, pero tengo lo que hay que tener, ¡eh!, esto es muy importante; sí, y están ahí, un par, bien puestos.

Y luego está la ternura, la belleza..., en fin. Se te pega a los pies, a los tobillos..., más arriba aún, la arena, cuando sales de la mar salada; ¡cago en la puta leche! Y sin toalla, qué hacer. ¡Cola!, en las duchas públicas, contadas las hay. Unos culos, unas caras de berzas..., berridos de las criaturas, gente fea, fea. "No, no, por favor, pase usted primero". "No, no, pase, pase usted, señora"..."Muy amable, muchas gracias". "Nada, nada, no hay de qué"..., y pasa delante de mí a quitarse la pegajosa sal, costra y mierda de la límpida mar salada, la señora; un monstruo, con dos tetísimas -normal, dos, claro-, cada una, exactamente, como una hormigonera. Pone cara de gusto, el monstruo, echa la cabeza (que es como un balón de rugby) hacia atrás, sensual, la foca, y se alisa el pelo, mojadito de agua clara, húmedo, liso, como si fuera un casco bien ceñido al cabezón que se han de comer los gusanos y al que no le queda nada que se diga de apestar a aceite frito de la cantidad de horas que va a hacer en la cocina de su hogar, dulce hogar..., para que coma la familia..., unida. "Pase, pase usted ahora"..., y paso, claro, "Gracias". "No hay de qué, hace un día precioso, hasta luego". Aquí es cuando digo para mí..., uhmmm, hasta luego..., hasta luego..., bueno, bueno, buenooo.

En verano también hay unas tormentas de la hostia..., duran poco..., a ver si hay suerte y le cae un rayo a la hasta luego. Tengo dinero. Un giro. Los que están en el Banco, en la entidad bancaria, en la sucursal, en la jaula, los empleados… yo no sé, ¿estarán locos, loquitos?, ¡¿y los clientes?! (¡Dios, Jesús, Jesús!), ¡qué caretos cuando les sueltan la pasta…, se ponen así como alegres, incluso sin darse cuenta se sienten culpables (yo no me lo merezco... susurra su subconsciente), pero nada, nada, ellos están así, como un perrito moviendo la colita por la alegría al recibir un hueso, una caricia; y el galeote, el empleado de la sucursal de mis santos cojones recuenta (que no haya errores, eso lo primero) lo que ya está a punto (babeándose) de coger el señor cliente, el esclavo.

Esto es así, es lo que veo..., y miedo, mucho miedo por todas partes…¡Amigo, Momia!, es que es puro pánico el que da sólo el pensar en la, eso es, miseria. Yo cojo lo mío, educadamente, soy muy sensible, me conmuevo por nada (¡Ay, ay, ay, Virgen Santa, alcázar irreductible que eres, por siempre, por los siglos de los siglos!), soy muy pudoroso, amable, instruido, vamos, muy educado, por decirlo ya de una puta vez. Sin embargo, también, reconozco que soy eso, exactamente, La Momia…, llevo dentro un veneno queee.

Yo: “Hola”. El esclavo, el trabajador… -¡Con la crisis que hay, joooder!-: “Hola”. Yo: “Retirar”. “Hasta luego”, yo: “Hasta luego”, el cadáver, desde el otro mundo que hay detrás del mostrador sigue con su tarea.

¡Y que no se puede fumar, tío…Estos políticos, es que es para hostiarlos, bueno!

 Cómo se nos va la vida, agua entre las manos… pecadoras, en gilipolleces.

El asunto es no aburrirse…, es por lo que hay guerras, por lo que, a lo bobo a lo bobo, se enamora la gente…, por lo que se buscan problemas, también… ¡Hay que llenar el coco, chaval, es fundamental, básico, imprescindible…, para no volverse loco ya del todo. Es la esencia humana, bueno, eso y hacerse la vida más cómoda, constantemente; inventando, investigando, anestesiándose, y así…

Un día se me va a aparecer Jesucristo, rodeado, envuelto, cómo no, en una luz sobrenatural, inexplicable, amorosa, incluso olerá a rosas, y notaré, en medio del estercolero en el que estoy (y tú también, julapapillas), una gran paz…,¡así de grande! Y Él me dirá: “Pero, hijo (así, como debe ser, empezando con confianza…), ¿no ves?, ¿no me ves?, cómo, ¿así es que no creías -o no del todo, o andabas buscándome- en mí?, pues aquí me tienes; ¿me ves?, verdad”. La peste de la mierda que me rodea (casi de tan espesa se podría cortar con un cuchillo) me marea… y me tapona las narices, quiere asfixiarme, la muy cabrona (parece que está viva, que piensa y todo…). “Oh, sí, Señor, yo sólo, humilde, quería una prueba…, sí, y que pudiera con mis escasos sentidos, oído, olfato, gusto, vista y tacto, verificarlo”. Yo, La Momia, esperaba, antes de que los dos nos llegáramos a marear por el puto mal olor, que Él me dijera: “Anda, Momia, dime qué quieres, pide un deseo…, o dos, o… ¡Que estoy aquí que es que tiro la casa por la ventana!”. ¡Sí, sí, hostias!, ni mu me contestó a lo que yo, humilde siervo de los cojones, le dije, le pedí; musitó que la Paz sea con tal y tal…,¡y ahí te quedas!

Eres paciente Momia, lo sabemos, instruido, bueno, bien educado, prudente…, sí, sí, todo eso…, bien, vale, ¡pues te jodes! ¡Como no sea a hostiazo limpio, no hay Cristo que dé, vamos, ni la hora!

Llevas encima un peso tan grande que ya es que casi te arrastras en vez de caminar como Dios manda, parece que andas como nadando a braza, limpiando bien las aceras, a ras de suelo, tumbado, boca abajo… ¡Qué pena Momia!

Mi capitán, ¡arriba! Dos culos, pantalones cortitos, rosa y azul, iluminan el mediodía, ¡en pie!, llevan camisetas holgadas, enfrentando el aire, chocando con él, suavemente, y éste les marca, les dibuja, casi es que los ves, los pechos. Fuente de luz son…, el Big Bang también (que no sé quién lo ha puesto ahí… al principio…, que es que eso, será un paso, sí, pero de momento no explica nada), son leche condensada, ¡joder!, una maravilla, un imán… esos senos, esos pechos. Una es pelirroja, otra morena, se ríen (las tías, es que siempre, o están bailando o están riendo…, algunas, quede claro, ¡anda, que no hay mujeres valiosísimas en cualquier actividad humana, ciencia, empresa, arte…, y cada día más, ¡joder! ¡Ah, si el Mundo estuviera gobernado por ellas, ya veríais, ya, como otro gallo nos cantaría!). ¡Oh, qué culos, qué piernas…, y el pelo, y los dientes, y la sonrisa, esas sonrisas…! Salvadme, salvadme…, Dios, en el Cielo, os lo pagará…,¡que lo que es yo!

Los dientes, Momia, ¡que te lo digan a ti! Venga, éntrales, pregúntales por alguna calle, ofréceles dinero… Bueno, se está mejor sentado aquí, aquí, ¡hostias, joder!, en estas rocas, mirando la mar salada, sin deseos, la mente en blanco (dentro de lo posible, ¿no?), sin mover ni un dedo, así, como haciendo yoga…, pero, ¡uy uy uy, hostiaaa!, que te explota en la cabeza la visión celestial de esas dos tías de hace un rato. Control, control.

El mar, azul, perfumándolo todo, prolongándose en el cielo, impasible…, siglos y siglos, milenios. El mar, mira, mira, Momia, piérdete en él…, a ver si hay suerte, hombre. Yo sé bien lo que quiero…,¡pero, mientras tanto, ¿qué?! ¡Ah! No sufras, mi niño; no sufras, mi estrella; mira, que te canto una nana…,¿ves?

 “Oiga, oiga”, escucho detrás. “¡Eh, qué dice, ¿es a mí!”, y yo me señalo con un dedo (el índice, mano izquierda, a la altura del pecho) como diciendo con este gesto: ¡qué me cuentas, qué quieres! “Sí, sí, es a usted”, contesta el julapapas éste de los cojones (siempre tiene que venir alguien a joder la marrana, oye, es que no hay manera). “Qué”, le digo (el mandria éste está vestido así como de uniforme…, como un almirante, como un capitán general…, y ya se sabe, en esta mierda de país, le pones un puto uniforme al más baboso, tío, y es que se cree, vamos, el no va más).

“No sabe que no se puede estar ahí, que está prohibido (ya empezamos, pienso), que es peligroso…, ¿no lo sabe, eh?” Vaya, y es que es el “eh” ése que me dice al final…, y el tono, lo que me jode…

”Ah, pues no lo sabía”. “Pues no se puede estar, no”, insiste, la gusarapa. Dejo de mirarlo, le doy la espalda y echo el veneno, la mala hostia, fuego (bueno, algo así) que me sale por los ojos, por la boca, por la polla, por todas partes, al mar, a la mar salada, que ahí se disuelva…, que así me calme…, amor.

“Yo no se lo digo más…, aviso a la policía…,¿me oye”, dice el mierda. Ni puto caso, yo. Bueno, pues se largó…, así como hablando solo…, si se acerca y me toca los cojones, te lo digo, es que le rompo la cara, lo hostio, joder. ¡Hala, hala, vete a avisar a la policía…, mamón! A la policía, ah, ah, ah…, yo es que me descojono; ¡ay, ay, Dios mío! Ahí sigue el mar…, es bonito, algunas gotas de él me salpican…, es un gigante tímido…, se cerca y se aparta, se acerca y se aparta…, como los gatos (que son unos buenos cabrones, los gatos).

En la playa, en las playas no hay flores…, rosas, orquídeas, geranios… Hay arena. En la recepción del hotel tampoco hay flores. Ahí coincide La Momia pidiendo la llave de su habitación con una chica de unos veintitrés giros de la Tierra alrededor de su eje y del Sol, es que es así (es algo más joven que tú, Momia). La tía es dulce, dura, esbelta, morena..., pelo liso, largo, con una camiseta que deja que se vea casi toda su espalda (un aeropuerto), su piel con alguna peca, su cintura así, fina…, unas piernas casi eternas, bien dibujadas…, como hechas en carne y hueso por el Greco…, su cara…, de eso se encargó Modigliani.

Pechos pequeños (piedras), sólidos…, como si nadie los hubiera… ¡Virgen!, las cejas espesas, separadas, como si estuvieran enfadadas la una con la otra, oscuras…, a mí me parecen azules, un azul muy oscuro, en realidad son negras…; sí, así, tanto como mi puto futuro de los putísimos cojones (futuro que además me es igual…, ahora, eso sí, lo que me jode es el asunto ése de la Vida Eterna…, pánico, es que me da…, me angustia, es un horror…, ¡joder!, ¿entonces es que ni espichándola hay escape, no tenemos bastante con lo que nos papamos aquí?).

¡Oh! Unas chancletas de playa, corrientes…, dedos de cristal, rocas; las uñas pintadas de rojo. El pantalón, corto, nada ceñido…; vamos, como para no tener que andar por ahí con la parte de abajo del bikini al aire…, éste está, seguramente, entre el centro del universo (ella, lo suyo) y el pantaloncito verde oscuro.

“Oiga, por favor, ¿me podría dar una vaso de leche?”, dice ella, ya con su llave en la mano, al recepcionista (que parece un criminal con cara de bobo). El bigote del criminal, su mirada, que ya es la de un completo subnormal, tiembla, y contesta, casi soltando saliva, y a la vez como una máquina, un autómata…(ping-pong-ping-pong…,¡premio!, ¡bingo!). “No, no, pero en la…”. “Deje, es igual, es igual”, le corta ella sacándolo del apuro.Ella, alma pura que sabía muy bien que yo lo estaba viendo, que yo escuchaba todo…, incluso me miró. ¡Oh, Momia, no eres invisible! Pedí la mía, la llave, el salvoconducto… Los dos cogimos el ascensor, solos. Tembló el edificio, la Tierra perdió, eso, su eje…, incluso se puso a girar al revés, ¡un terremoto! Líquidos, fluidos…, todo empapado. Una explosión atómica levantó todos los catres del Mundo lanzándolos hacia el cielo, como un vómito, como si reventara una pelota llena de…

Lo mejor es el primer beso…, luego salí de su habitación, una vez satisfechas mis necesidades fisiológicas, y fui a la mía, ligero. Dios es testigo, le prometí (jurar ya es una cosa seria) en nuestra dolorosa despedida (mar de lágrimas, uh uh uh) que luego nos veríamos, iríamos por ahí, me presentaría a una amiga, montaríamos en los caballitos..., y así. Pues vale, seguro, eso seguro.

Ya, si no te sujetan las piernas, si no te mantienes, o a duras penas, en pie; ya, si todo, ves, el alma lo ve, es una mierda..., o peor, no es nada, nada; ya es que entonces quieres morirte..., un consuelo pensarlo, de verdad.

Qué bien se está, de momento, en esta habitación, además está en un piso muy alto, fíjate, un octavo.

Pasará un verano, un otoño, un invierno, una primavera..., pasarán..., y por aquí andaremos (si Dios quiere), tragándolo todo, empachándonos..., y siempre, siempre vacíos..., vacíos en el mejor de los casos… Tenías que haber venido a esta bonita ciudad turística del, todo él, bello litoral español, con Borrego..., pero, ¡ay, Borrego! Eso sí, cojones sí que le echó. ¡Éste sí que era el mejor!, todo le importaba una mierda, seguro que quería ver a Dios, ¡eh, Momia!, por eso, por impaciente, hizo lo que hizo.

¡Cago en la mar serena! Violeta y frío, verde, rosa, azulado, así es hoy esta bellísima puesta de sol..., así se ve desde la ligerita barandilla del balcón de este octavo piso de este hermoso hotel... de los cojones. ¡Mira a ver lo que haces, Momia! Échate, abrázate... y duerme, así por la noche, después de descansar un poco, una hora o dos, estarás más fresco para salir a oler lo que la calle te restregará por los ojos... No, no..., ver y no tocar. Duerme, abrázate..., sí ya no importa nada..., ¡qué más da! El ruido del agua, la caricia de su melodía en la fuente cayendo tranquila, firme, impasible, paciente, eterna... Duerme. No preguntes nada, y si lo haces, que sepas que no hay respuestas. (Este Dios que te pone de rodillas, esta naturaleza a la que le importas menos que una cagarruta de perro).

"Mira, hijo, ese edificio es una iglesia católica, ¿lo ves, es bonito, verdad?”. Conmueve, enternece, emociona, te parece heroico, Momia, el esfuerzo, la lucha, el intento del hombre, de todos los hombres de todos los tiempos por encontrar a Dios..., hablarle. ¡Hostias..., y pedirle explicaciones! Pero sobre todo, lo que es conmovedor es esa incesante y ciega pelea por creer..., por verte, sentirte, Dios..., pero no sé, me parece, me da a mí que si hay..., si eres..., ¡todo te suda la polla. O no, estamos de paso, ¿a que sí?!

Catedrales, mezquitas, sinagogas..., templos, ¡que ansía!, ¡que tenacidad!, ¡que empecinamiento! ¡Heroico!... No me digas, no me digas, ¡eh, Momia, que no es hermosa, bellísima, esta lucha..., y así por los siglos de los siglos...¡ ¡No somos cualquier cosa, Momia! Anda, duerme un poco, cascártela no, porque ya no tienes polvito de estrellas en el depósito.

Duerme, ¡payaso! Y así..., así..., pasando el tiempo...Y así..., y nada, nada. Nada... Bueno, en realidad, no sé. El verano, fulminante, estrepitoso, ruidoso… Con calor de fiebre... ¡Yo tengo aire acondicionado! ¡A joderse!

Una playita en Cerdeña..., una casa chula allí, sólo para mí..., con un pequeño harén, pendiente de mi más mínimo capricho..., ellas, todas, digo. ¡Oh, qué noches al lado del mar...! ¡Pues nada, tío, a joderse! ¡Al aire acondicionado!... Es lo que hay..., y aceras derretidas. ¡Joder! Tengo que ir al Cielo.

No creen en nada, no tienen ningún principio, ni moral, ni vergüenza; sólo tienen maldad..., un poco de astucia. En general, todos son herederos de algo, de alguien. Roban, matan..., pero lo hacen como si no. Son, fundamentalmente, malos, vanidosos, un tanto ignorantes, escépticos por viejos, avaros, cobardes. No son nada.

Son pequeños, viciosos... o muy, muy puritanos; son la peste, el ébola, el mar de veneno que inunda montañas, que destroza todo, son peores y más codiciosos que la muerte. Son mayoría, en fin. Son unos hijoputas. Es el hombre; la condición humana, vaya. Se pudren, se van hinchando..., amarillos se ponen, asqueados inconscientemente de vivir siempre en el mismo sitio; enloquecen..., alienados todos. Alcoholizados..., enferman, se mueren, así, más bien jóvenes, cuarenta, cincuenta y tantos..., sobre todo ellos, los tíos... Tanto tiempo viviendo en el mismo puto barrio los va enloqueciendo, enviciando..., hay neurosis de todo tipo y en todos, no se escapa nadie. Crían musgo, como las piedras que hay en esos arroyuelos donde el agua recibe las meadas de su última borrachera..., los vómitos. Se vuelven locos, tío. El culo de sus mujeres ya es que desborda asquerosamente el retrete..., han engordado... demasiado. Se acabó el verano..., ni más primaveras habrá. Al autobús, Momia, te esperan.

 

Nada, nadie..., cero. Limpiarse, lavarse los dientes..., los que haya..., el cepillo eléctrico, a pilas, es un buen invento... ¡Zruumzrum...! Enjuagarse la boca..., ya lo de hacer gárgaras no, mira. Secar las cerdas del cepillo, y guardarlo para la próxima vez que haya que lavarse los dientes, que no tarda mucho en llegar. Esto un día y otro..., y más..., así...Toda la vida..., bueno, ya cuando no puedes ni con los huevos..., o no, nada, pues entonces ya nada.

La Momia era muy amigo de Borrego..., pero de eso ya..., otro día os contaré.

Peinarse, más o menos..., y ¡zis zas!, a la calle. La mañana es agradable, ni frío ni calor; un poco de calor, quizá...Un cielo que brilla, por lo menos para ti, ¡eh, Momia!; es como un mar... sin agua, azul, como celofán más transparente que el normal. Hay suerte, la calle está limpia y mirando hacia arriba, por encima de los edificios, se puede ver un buen pedazo de él..., incluso oler, olerlo..., a salitre, a mar... Es que a ti, pedazo de Momia, todo, cuando está limpio, bueno, en calma, te huele a mar...

Un bolsillo del pantalón, si está agujereado, es un problema ¡gordo! Ya si están tres de cuatro, ni te digo... Bueno, pues nada, la pasta a un calcetín en un bolsillo que esté sano, y sino, con un imperdible..., colgando por dentro... ¡Tarjetas, tarjetas de Banco, sí, sí...!

Sujeta bien la cabeza, no dejes que te enrede y lo pases mal... Vete bien... Hombre, la voluntad hace mucho, ¡joder! Para arriba y para abajo, de un lado a otro, todos, unos más deprisa, otros menos... Nada, pero si es que no van a ninguna parte..., hacer compras, pagar aquí, pagar allí...(Lo de cobrar ya es otro cantar), rellenar papeles, que si falta esto, que si no nos ha llegado... Hasta luego..., hasta luego... Vamos, que estoy casi seguro que si fuera por las ganas, muchos se cargarían a otros muchos... Creo, sin darle muchas vueltas, que hay algo de asco en el ambiente, en el aire, en los ojos de la gente.., sí, sí, mucha risita, pero los cojones, ¡se arrancaban la cabeza, coño!

Ésta es tu ciudad, tu villa, tu población, Momia, tu cárcel..., la de ellos..., la de todos..., la misma en todas partes. Es así... Las hay peores, ¡eh!, a mí es que me dan un asco los que andan rebuscando en la basura... con un palo..., un gancho... Es que me da un asco.

Una maravilla se va a cruzar conmigo..., la miro cuando llega justo a mi lado, miro sus ojos (reposo del guerrero), miro discreto, con educación... ¡No  me ve..., la tía, nada, soy el Hombre Invisible! Levanto la cabeza, miro al cielo, tan azul, ahí, a su aire, hago como que saco algo del pantalón, tuerzo tanto la cabeza hacia arriba, que el cogote está ya justo en paralelo con la acera..., me paro..., vuelvo la cabeza a su posición normal, la giro, miro hacia atrás y... mi vista, mi mirada, se estrella con gusto en un culo que se desliza, se aleja..., que se contonea -no mucho- como si me estuviera mandando a tomar por el culo. ¡Ah,aaah!, se perderá por ahí, por otras calles, por cualquier sitio... ¡Seguro que ya tiene dueño, o al revés, él, ella es la dueña, tan contenta! Recupera el ánimo, Momia, adelante, camina, sigue... ¿Sabes a dónde vas?... ¡Que el mundo está lleno de tías como ésa…, mucho mejores, qué cojones!

¡Vamos a dar volteretas..., un asteroide, una roca, o así, un millón de veces mayor que la Tierra (dulce planeta azul), se va a estrellar, a chocar, sin compasión, con saña (los asteroides no tienen sentimientos..., en realidad, de tener, seguro que tienen más que nosotros; sí, los bípedos), con ella y la va a fulminar en menos de un segundo..., y seguirá su camino...¿a dónde?, como tú: ¡ni puta idea!

Tome, me dice un paisano, vestido como un exorcista, como un hombre de otro siglo..., muy antiguo; lleva sombrero..., me tiene mala pinta, algo viscoso, vicioso..., lento, sucio; la piel es muy..., es pálida. Me da un panfletillo, temas espirituales..., no, no, deje, deje, no quiero cháchara, ¿dinero?, sí, por los cojones... Adiós..., pero, bueno, antes de tirarlo, leo... algo: ... Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a mí...

Hostias, qué te parece..., ¿es que acaso las apariencias engañan?... No sé. Más: Una prostituta entró donde estaba Jesús, llevaba un frasco pequeño de un perfume muy caro..., comenzó a mojar los pies de él con sus lágrimas; y se los secaba con los cabellos de su cabeza. Y se los besaba, y los ungía con su perfume... Esta mujer amó mucho...

Y La Momia piensa: en la noche, en la infinita noche, sin principio ni fin..., todo oscuro, mucho, absoluto, creo que la vida es la luz...

Vale, chaval, que el dinero no cae del cielo, ¡eh!

A los de "Compro Oro", a éstos sí que les iba a dar yo para el pelo..., el otro día se ahorco uno que trabajaba en una funeraria... Se había divorciado..., estaba sin un chapo..., sin dinero, vamos, porque se lo había llevado todo la paisana, el piso, los hijos...¡Ju, ju, ju, juasss!

Momia, ya se te ha olvidado jugar al tute, a la subasta, a las cartas, al póquer, al gile... ¿De dónde vas a sacar tú ahora un poquito de libertad, un poquito de dinero? Mira el Cielo, reza... mientras caminas. Tú también palmarás, tranquilo, no hay problema..., pero mientras tanto..., nada, nada, créetelo, el dinero cae del cielo, sobre todo en esta mañana, con ese azul tan acogedor y optimista... ¡Esto promete, tío!

 

"Que se haga la luz, escuchad, escuchad el latido de mi corazón, también su silencio. Estaréis desarmados, os postrareis ante mí, os arrastrareis..., hacedlo ya, ¡vamos!..., a ver si así me molesto... aunque sólo sea para escupiros..."

Esta el tío con esta cantinela subido en un taburete en el parque de la Concordia..., unos se paran un momento, otros pasan..., miran, ríen... Tiene los pantalones subidos hasta la rodilla, una camisa verde, está despeinado, debe de medir un metro noventa como mínimo; me paro un momento, vale, no ha puesto nada para que le echen algo al bote..., algún céntimo... Es espectacular... Allí quedó, dando voces... ¡La crisis!

Controla la chola, Momia, mira que te lo dicen..., ¿es que hablas solo?, ¿a qué viene esto de... no llores más mi niño, que ya tengo lágrimas suficientes para construir con ellas todo un Universo, nuevo, nuevo. No llores más, pequeño, yo soy el amor, la esperanza, la fe... No le hagas caso al dolor, cielo, por mucho que se empeñe..., intenta sonreír... Yo construiré en ese universo, también, un palacio de luz, esplendoroso, magnífico, donde todas las almas buenas encontrarán un sitio para estar todo el tiempo que quieran, en paz. No te creas que eso que llaman vida es tal, no; eso es un estercolero, una vergüenza, una parte del camino, parte que a su vez recorremos esquivando como podemos tantas emociones y tan reales que parecen una Montaña Rusa de ésas que hay en las ferias, en las fiestas. No sufras más, amor. Deja al dios Tiempo, que forma parte de Él, de Dios, que haga su trabajo..., además, corazón, no te queda mas cojones que la cosa sea así...

¡Hay noches muy bonitas, titilan (¡eh!, esto de titilan, amigooo...), arriba, en la oscuridad, las estrellas..., todas, las vivas, las muertas..., y hay tantas..., fíjate, muchas, la mayoría, no las vemos... Luego está el vacío total, donde incluso el bosón de Higgs no podría producir materia..., pero, nada, ahí también construiré un palacio de Luz...

El recuerdo, oloroso, de cuando volvía a casa en el autobús..., alguien pelaba una naranja y apestaba, me volvió a la realidad... En el viaje yo, sí, yo, La Momia, meditaba, con poco ánimo, sobre el sentido de la vida mientras veía una película de Kung-fu... y mantenía una sutilísima discusión sin palabras con el que iba sentado a mi lado, todo a cuenta de ver quién, finalmente, se hacia con el posabrazos que divide un asiento de otro.

Ahora, por la calle Vía de Ley... camino más despacio... y veo... tu vestidito de rosas, tu sonrisita de labios rojos, tu codo que me roza.

En bicicleta, por Castilla, amarillo y sol, ¡Dios, Dios! Tu vestidito azul, tu carita con pecas. ¡Ah!, tu inocencia: “Y esto lo tendrías que ver tú, un día, conmigo, en bici...". Sí, sí, arroyo, agua, se va, se fue. Vestidito de amor; rositas de la noche, florecitas de risa. Tú y yo, trepidante; ya nada y nada. Vestidita de luz pura; vestidita, piel rosada, tarde violeta, azul oscuro, rosa fuerte. Castilla, allá, a lo lejos, en el fin, en el horizonte. Tú, tú, ¡Diooos!, tus labios de vida y carne. Y piedras de El Escorial; muerte entre nubes dulces, amor, amorcito. Eternamente. Morirme entre drogas, drogado. ¡Aaaah! ¡¡La belleza!! Putos mamíferos, hijos de puta, ratas... asquerosas. Yo marcho.

Jesús, Jesusito de mi vida..., eres niño como yo..., Jesús, ¿quién soy yo?... No sé. Mi amor, en la lluvia, las gotas. ¿Quién, me cago... en mi puta vida, soy? ¡¡Quién!! Esta luz amarilla. Hooostiiia. Dios, me iré, y ya está. Chillarán. Hostia. Escúpelos, escúpeles... y sonríe...Me iré.

Esta ciudad desde la que os escribo es la tierra de los cerdos-hiena. Miro al poniente y sigo la dirección del sol, voy, vuelo, me lleva la emoción y sigo al sol… Mi casa mirará adonde yo quiera. ¡Así dé puñetazos al aire!, seguiré, claro, acabaré, algún día.

 

Me han dado hasta en el cielo de la boca; a todo he respondido con fuerza, he devuelto todos los golpes, y hasta los que he podido, los he multiplicado, sí, sin piedad, porque a mí me han golpeado con saña, y qué queréis, sin embargo, hay, hay...Y no puedo devolverlo, porque sólo tengo el más grande de los puñetazos recibido..., no puedo devolvérselo a nadie, pero no pido piedad para mí, ni compasión...,¡jamás! Yo peleo con quien da la cara, al aire, ¿qué le voy a hacer? No voy ni en barco, ni en coche, ni en nada; camino, ando.

 

¿Sabes?, el sudor, con este calor, se me mete en los ojos, parece que me los irrita, el pantalón se me pega a la piel (¡no va a ser a las uñas, joder!); el sudor, unas gotas cuelgan de mis pestañas, parecen cristales, brillo líquido de luz de estrellas, como lunas heladas, transparentes. Vamos, vaya, que yo camino. Adelante. No sé si habrá algo más, no sé. Sí sé que hay algo que sí siento, que me consuela, sí, lo siento así, pues..., parece que...

 

Doy vueltas y vueltas, como un ratoncito -oye, tío, que a mí los ratones me dan un asco de la hostia, aunque creo que lo voy superando, la verdad- en una jaula que es como una noria y nunca me muevo del sitio. ¡Ah!, sin embargo, que sí, yo viajo (no hablo de drogas, ¡cojones!), ¡qué de sitios visito, cuantas emociones vivo (para conocer personas y eso, leo biografías..., por decir algo). ¡Dios!, y eso en esta noria, en esta jaula...,y también por ahí.

 

Tormenta, una fregona, toda el agua derramada a mi alrededor, rodeado, pues, inundado, inundada mi cabeza por el agua derramada.

 

¡Pufff!, no sé, ésa no me mira. Ni me mira, oye, soy translucido..., como si no existiera, no me ve. Nunca podré darle, además, un beso, nada, nunca podré nada... Es morena, el pelo muy corto, mucho, negro, delgada, es..., con una medio sonrisa, como algo enfadada..., unos ojos que parece que se están riendo..., sonriendo... ¡Y cómo anda, amigos, cómo anda!, mide cada paso, es como si flotara, ligerísima y pisando fuerte. ¿Yo?, yo nada, un ¡electrón-neutrino!, eso es. Y así será, por siempre, así será..., sí. Ya jode, ¡eh!, pues sí; nunca podré con ésa… que ni me ve ni me mira... Nada.

 

Lleno de flores y de besos, eso, así quiero estar. ¡Bah! Una mierda. Todo, todo una mierda, una puta mierda, ¡cojones!

 

Hay un olor a mar, aquí, en el interior, a veces, aquí, en la tierra de los cerdos-hiena, que es que ¡me da un gusto! Suele ser por las mañanas, pocas veces ocurre. Así, el cielo, esas veces, está azul..., no sé, como con una neblina..., pero clara y...como, como vapor de mar. Pasa pocas veces. ¡Joder, el olor a mar, en fin.

 

Yo, aquí, en esta ciudad, siempre he visto las piscinas privadas desde fuera..., las pastelerías -que me volvían loco de pequeño- pues eso, también, desde fuera..., el escaparate sólo, y más cosas.

Menos mal que había..., que teníamos recursos, colarnos por la noche... y en una piscina privada bañarnos en pelotas..., un día, una noche nos corrieron a hostias, ¿sabes? No sabíamos, no podíamos, no queríamos estar quietos…, vaya…,  que si te quedabas quieto, seguro que, como a una mosca, alguien trataba de darte un buen golpe y aplastarte…

Y los libros, y los quioscos... ¡Cómo soñaba con que un día se viniera abajo uno y que todo lo que en él había pudiera apañarlo yo... y llevármelo, gratis, a casa -dulce hogar-. Aquí nos dio la vida las bibliotecas públicas..., te hacías socio, sin pagar nada, claro, y allí, pues a leer..., sí, a leer y a...¡mangar libros...! La libros que sacábamos metidos, pegados a la piel, encogiendo el estómago, para no hacer mucho bulto y con la camisa de tapadera...

¡Un día..., o más de uno, nos pillaron..., oh, joder! Un policía municipal nos hecho un reprimenda... en un despacho..., nosotros calladitos..., a mí me da que le caímos bien. Este buen hombre, unos años más tarde murió acuchillado -junto con otros dos paisanos que tuvieron la mala suerte de estar por allí- por un chaval que, sí, estaba, y seguirá, esquizofrénico... Había entrado el tío en una ferretería y al salir de ella, con un cuchillo de la Virgen que había comprado, se lío, en una plazoleta a dar cuchilladas a quien se le ponía por delante... El policía municipal del que os hablo, llegó a desenfundar la pistola..., me da, creo que no se atrevió a disparar... ¡Palmó! Hay gente buena, hombre...

 

Cuando tomo algo en la cafetería de Panillo, y no queda ya gente... casi siempre pasa lo mismo, es difícil hablar de otras cosa, es difícil hablar..., pero bueno..., las consumiciones me salen gratis, incluso fumamos... porque la trapa del bar ya está medio cerrada, a media altura...

No falla, coge carrerilla, Panillo, y empieza con el rollo... ¡Amigos, con pasión!, dice, sin venir a cuento, esto siempre es así, sin venir a cuento... Dice: "Un cerdo de por aquí, tú no creo que lo conozcas, tiene, pico arriba pico abajo, unos quinientos millones de euros, o sea: su riqueza viene a estar por ahí, ¡buena cantidad, eh! Un asesino, un hijo de puta, un puto cerdo-hiena que tiene quinientos millones de putos euracos. Asesino. No tiene vergüenza, ni conciencia. No es un hombre. Una rata es más digna de vivir que él. Asesino. Toda la sangre de quienes esclavizas para que produzcan tu riqueza, teñiría el mar de rojo..., un océano teñiría. Asesino. Cerdo. No eres un hombre, eres el diablo, lucifer, y no tienes cojones para pegarte conmigo cara a cara, esto se lo tengo que decir un día a él, ¡eh, Momia!, de tú a tú..., pero tío, no hay manera. Cobarde, asesino (otra vez, joooer). Puede que haya otra vida, justa. En ella pagarás con dolor (yo sigo con mi consumición..., y el cigarrito..., es que casi ni lo oigo, tío), y arrancarte los dientes con alicates será una broma ante lo que te espera... si hay Dios. Hijo de la grandísima puta, criminal cobarde. No eres ni un ladrón que se juega la vida, ni un mafioso... de éstos que están así, en guerra... entre ellos y contra la Ley (¡hostia!, ssslurrrrfff, sorbito al Gin-tonic).

Eres lo peor de lo peor, el diablo cobarde vestido de señor normal. ¡Hijo de la grandísima puta! (¡y dale!). Que algo te hiele el alma..., el alma..., que mueras entre dolores jodidos mientras tus esclavos te mean y escupen en la cara. Asesino (otra vez..., ponme otro, Panillo; vale, me dice..., y sigue). Podría arrancarte el corazón con una sola mano. Rascando. No soy una hormiga, soy un gigante, y te arrancaré el corazón. Basura.

 

Y así, en este plan; se pone hasta verde…, colorado, rojo,  le sale saliva, al berrear,  como si su boca fuera una escopeta de feria soltando perdigones a lo loco..., yo ya les tengo pillada la distancia, sé hasta donde llegan, los perdigones...; aunque hay días, mejor dicho, noches y noches que, por lo que sea, no calculo bien la distancia y la velocidad, y zas, en el puto careto que me impacta, a lo bobo, a lo bobo, alguno..., siempre está uno aprendiendo. Esto es una cosa muy bonita de la vida.

 

Por lo que sea, la cabeza de este hombre es un misterio..., todas lo son, pero la de éste..., pufffff, cambia de tema y empieza con..., se pone a hablar de las mujeres que llevan una vida licenciosa..., de las putas, exactamente.

 

Sin tregua, ahora ya está violeta..., bueno, todos los colores del arco iris tiene en el careto, Panillo..., exaltado del todo..., una ametralladora, parece, ya no son perdigones, ahora son..., es fuego real...

Dice: "¡Salve, putas!, yo os quiero, con lluvia, con sol, con honor, con frío. ¡Honor, putas..., llenas de sentimientos. Limpias, con los ojos pintados! Alegres, y tristes, ¡por los cojones. Mujeres, madres, galaxias, sois la vida, dais la vida. Pero sólo vosotras, putas, limpias. Bondad, putas y bondad, y el sol, y el frío, en la calle, desafiando, intimidando a la vida, a la enfermedad, a la muerte. ¡Honor, putas! Reinas valientes. Reinas. Honor. En el frío, en la soledad, os envuelvo con mis brazos, y mis manos son madres, madres como vosotras. Putas, madres... Estáis desde siempre..., antes del principio del Tiempo..., y aún con los pies fríos dais calor, alumbráis al triste, lo ilumináis. ¡Salve, putas, honor, putas!”.

 

(No sé qué ha tomado, pero creo que ya le está haciendo un efecto queee, que es que ya no controla nada, nada de nada..., o muy poco, claro).

Continúa: (mientras hace una pelotilla metiendo el dedo tanto en la nariz que da la sensación de que le va a salir por encima de la cabeza, agujereándola, ¡mamón!) "Gasolineros, ¿vosotros sabéis que todos tenemos que morir? Casas de los pueblos, con todo cerrado. Barro, luz amarilla, el salpicadero del coche... en mis ojos..., en mis putos ojos de los putos cojones..., que también morirán.

 ¡Oh! Tiempo, rey de mis penas, cruz de mis días. Puto tiempo... Sí, sí, vosotros seguid así, aplastados en el sofá, con las ventanas cerradas... ¡El pijama, el pijama, Dios mío, y a dormir! Yo no, Panillo no, yo moriré de pie, andando, aunque sangre por la boca. En la calle, siempre".

("¡Sí! -pienso- ahí vas a estar..., y yo me quedaré sin priva gratis... Esto, Panillo, te pasa por tener el Bar, que ya lo tienes embargado, que la cosa ésta también te está jodiendo bien la cabeza, además de lo que, mira, ingieres...").

No se cansa, sigue: ... "Y cuando vomito, estoy más vivo que vosotros, sois basura, con vuestro dinero yo me limpio el culo".

Yo iba a decir algo, pero no, no, hay que dejarlo que se desahogue, bien. Se le salen los ojos, ahora, están rojos, echan chispas..., no sabe, pobre, que todo es inútil, todo. Pero no se cansa del todo aún, y... "Pasarán mil años y no habrá ya nada, nada..., hoteles color carmesí, tal vez".

 

-Bueno, tío, hasta mañana.

-¿Ya marchas...?

-Hasta mañana chaval (y es que vuelo...y oigo, así, como muy lejos...-"Hasta mañana, Momia").

Y nada más.

 

¡Ay, Dori, ay, ay, ayyy, Dori!

“Mira, mira, ha salido el sol, qué bien…, ¡qué bonito es el sol!, sobre todo éste, el del otoño… que sale por sorpresa, sí, y parece que me limpia de arriba abajo, incluso es como una ducha…, como si pudiera lavar mi cabecita loca y dejarla, así, tranquila, brillante, inocente…, mi cerebro, inocente… Este sol de otoño me lo deja en un estado tan puro… que es como si acabara de nacer…, no, no me quita la memoria… No. Pero es eso, Sol de otoño.”

Todo esto me lo cascó de golpe, sin parar…, como una ametralladora, con los ojos, así, como soñadores…, y la boca, los bordes, las comisuras de los labios, rebosantes de saliva, mi amiga Dorotea (alta, morena, gran lectora… ¡una tía buena!, se entiende lo de buena, ¿no? Unos pechos, un culito… ¡Ay, ay, ay!) mientras dábamos una vuelta por esta hermosa ciudad, envueltos en un pestiño a putrefacción que no nos importaba; eso es lo que aparentábamos…, ya se sabe, las apariencias. Había huelga de basureros, basureros… Llevaban ya una semanita de nada tocando los cojones y jodiendo a los vecinos con eso de seguridad en el empleo (en este caso, querían seguir recogiendo basura, mierda, y un aumento de sueldo…,¡los miserables!, también querían que la empresa no despidiera a, a… más de la mitad de la plantilla, seguro que estos trabajadores, servidores públicos, de alguna forma, tenían mucha razón, eso sí…, y seguro que al final los iban a joder bien jodidos, eso también, ¡es lo que pasa, siempre!) y  parece que estaban dispuestos a continuar…¡Guerreros, sí señor!

 

Le dije, mirando para arriba, a sus ojos, a su cara…, es que es muy alta…, y hasta juega al baloncesto y todo. “Dorita, tú que eres, creo, una muy buena amiga mía, ¿no podrías centrarte un poco en lo que estamos hablando, en lo que te acabo de decir?... Sí, sólo son quinientos euros de nada…, y…  de verdad que te los devolveré…”.

 

Oye, chaval, si es que les hablas de dinero, a la gente, y es que se te ponen todos, pero todos, todos, a la defensiva… O te salen con poemas…, el caso es cambiar de tema, esquivar el peligro… Pues ahí la tenéis, a Dorita, hablando del sol del otoño…, de lo bonito, de lo bello que es…, haciéndose la mártir…, la muy puta…

 

“Mira, (esto de decir “mira” cuando en realidad te están, o te van a hablar, tiene huevos…, no me digáis que no, ¡eh!, yo, bien lo sé tú…, esto del dinero me trae sin cuidado… ¡No es lo más importante en la vida, qué caramba…, ella es fina…, jolines, dice…, vamos como para mandarla a tomar por el culo, pero es que ya, pero ya…, en fin, paciencia, cabrona), hay cosas que tienen muchísimo más valor…, el amor, la belleza, la ternura… ¡uy, uy, uy…, tantas cosas, jolines”.

 

Seguíamos caminando mientras el perfume de la crisis, o sus consecuencias…, la huelga, nos iba agriando un poco el ánimo. “Pero, joder, si yo no te digo que no…, si tienes razón, pero, ya sabes, son quinientos lereles (euros) lo que tengo que pagar, como mucho dentro de dos días…, a ver…, eso tiene su importancia, no me digas que no…, si es que si no pago me ponen en la puta calle, así, sin más… Pero, vamos, tía (aquí metí la pata, en lo de “tía”…, no le gustaba…, los tacos los pasaba…, pero lo de “tía”… es que la ponía de muy mala hostia, a su manera, se entiende…, de muy mala hostia, pero muy fina, ella), si a ti eso no te parece… incluso hasta grave…, ¡ya me dirás!”

Como el que oye llover, exactamente así…, así seguía andando, a mi ladito, Dorotea.

 

“Yo, Panillo, te los prestaría con gusto, en serio, de verdad…, pero, que no, que no es para lo que me dices…, y me vas a perdonar la impertinencia…, te lo vas a gastar…, bueno, ya sabes…”.

Sin darme cuenta, una rata que estaba como borracha, sería por el veneno…, lenta, en zig-zag, tropezó…, o tropezamos los  dos, con un zapato mío… ¡Cosa de centésimas de segundo, le metí una patada…, pero vamos…, un hostión, que la lance, la puse encima del techo de un bonito choche…, allí cayó y hizo: ¡clack, clack…, criggg, griggg…! Medio muerta quedó.

 

Seguimos caminando, paseando, alegremente, ¡qué leches!, Dorita y yo, ella sin inmutarse, haciéndose la dura…, con el asco que le dan los ratones…, y las ratas…, pufff, si lo sabré yo.

Llegamos a una calle en la que no había… nada, no había gente…, nada…, basura. Pocas casas, algunas hechas polvo, en el esqueleto…, otras, medio enteras, medio de pie… comiéndose a los muertos de hambre que allí vivían, es un decir.

 

Por aquí también hay basura amontonada, sin recoger, desde hace días…, no, en este barrio, El Matadero…., hace siglos que la porquería acampó.

 

A ver si por el lado, por decirlo de alguna manera, romántico, cuela. “Dori, qué color, desvaído, vaporoso…, ¡qué hermosura!, esas hojas que alfombran el suelo, con ese bello color pastel, marrón claro, dorado…, y apagado, y que crujen según vamos pasando, pisándolas, nosotros dos, que somos las dos únicas luces encendidas demasiado pronto en este barrio miserable, podrido… Es que atardece, Dori, pero nosotros brillamos, resplandecemos…, no sabemos a dónde vamos, la verdad, pero bueno, nosotros aquí…, en cualquier sitio, día y noche, somos un destello…¡Luz divina, somos!... Cada día me gustas más… Bueno, qué, qué me dices, es la tercera vez que te lo digo, y no estoy pidiendo…, te dejo que me hagas el favor, vaya, que es muy distinto”

 

Una paisana, en un edificio de tres plantas, con las paredes como un cuadro del Gran Maestro Zen, Tapies, y con las pintadas mas asquerosas del mundo, se arranca, con unas tenacillas, unas pinzas de ésas, los pelos de la barbilla. Nos mira y no nos ve. ¡Qué asco, la Virgen!

 

Dori vive en una de las mejores zonas de Madrid, por allí, sólo con pensar en cómo es aquello, es que ya hasta hueles los billetes de quinientos euros (lereles, así los llama La Momia, a los euracos)

Por aquí, por este barrio, por El Matadero, hay alguna casa de una… o como máximo dos plantas, abandonada, en ruinas, deshecha.

Tiene una ventaja por donde caminamos ahora, brincando, henchidos de alegría, hay menos olor a podrido, hay menos basura, y aunque hay mucha, alguna ya está seca, ésta lleva ahí, seguro, desde el principio del Tiempo.

Y como vive -bueno, muere poco a poco… o deprisa la mayoría de ella- menos gente, pues los, llamémoslos así, residuos son relativamente también pocos… Además, éstos, la gente que vive aquí…, los miserables, los parias… consumen menos…, generan menos basura…, y mira que, verdad, les llega al cuello, la mierda.

 

“Te presto los quinientos… Vale, pero, pero… quiero que me hagas eso…, sí” -me dice ella, el amor de mi vida-.

Sacamos, compramos una botella de agua de dos litros en un Supermercado que tenía el suelo aceitoso… y las cajeras con una cara como de estar a punto de ser ahorcadas. “Allí -me dice, excitada-  en ese portal… no hay nadie, no pasa nadie por ahí”.

Me pimplo los dos litros…, hacemos tiempo… y vamos al portal, se agacha, de rodillas se pone, se echa el pelo para atrás, se abre la camisa… y lo demás, se toca, y me dice: “Venga, ya…, hazlo”. Tiene una mirada como si estuviera ida…

Me largué, ni siquiera la mandé a tomar por el culo… ¡Que me echaran del  piso, joder! Pero eso, es que eso… ¡Ah, no, eso no! Borrego me habría dicho que hice bien. Tengo frío.

 

 “Su saldo es de cincuenta y cuatro céntimos”. Escupitajo en la cara.  “¿No le gusta, no lo ha visto bien? Su saldo es de 0,54 céntimos”.  ¡Jode, eh! Esto me sale en la pantalla, pantallita, pantallita del móvil; con precisión, sin discusión, exactamente, ésa, esa es la cantidad que tienes de saldo para hablar, casi, en algunos casos, para vivir; no vales más, en este momento, para la Compañía.

Generalmente vales tanto como tienes, tanto como ganas…También vales, más o menos, según la edad que tengas… Es así, no hay hostias. A veces, qué mejor, sí, haber nacido bobo, pero bobo ya diagnosticado, clínico, clínicamente bobo…, nada chaval, a ser feliz…, y qué cojones, la vida resuelta. Ahí, en  estos casos, es que vales la hostia, claro, no eres un peligro, todo son risitas, mimos, ¡es tan bueno! Me cago en la… Éste es el caso, pues, cincuenta y cuatro céntimos de saldo, aquí no se fía, ¿quieres más?, paga. Paga, paga como un cabrón, ¿qué no puedes?, te jodes. Esto es lo que vale usted, caballero, ni más ni menos, ahora. ¡Ah, que está jodido, que las cosas no van bien! ¡Vaya, ¿dolor?! Oiga, esto es lo que hay. No existimos, somos algo intangible, un ente… Usted sí, usted sí existe…, hasta cincuenta y cuatro céntimos, existe.

¡Ah!, nos lavamos las manos, a nosotros que nos registren, somos una Sociedad Anónima…, aire, neutrinos, nada…, pero eso sí, a usted lo jodemos, sí, lo jedemos bien jodido… Es lo que hay. Cuenta Corriente, ¿cuánto?, pues eso vale usted, señor, señorito. Caballero. Ya puede ir a cascársela por ahí, a resoplar, a gritar, a ponerse rojo, blasfemar, es igual, nos la suda, bueno, ni eso.

 

Destellos, luces violetas, sangre, milagros. Ya es que llevo un peso encima que es la hostia, y ¡pummm!, me doy un cabezazo contra un muro, cemento, armado. Es igual. Ya está, si es que se te quitan las ganas, si es que ya no tienes ni ganas de tenerlas.

Todo veloz, como un rayo…, el fin. No haber nacido, listo; no haber nacido, eso, listo. Cincuenta y cuatro céntimos…, y tú borrachita, y ¡tan guapa!, el pelo por encima de los hombros, como olas, haciendo curvas, espirales, pero todo muy bien, geométrico y sensual y a la defensiva, ¡ojo!... Y la sonrisa, esos dientes, si es que ya te ríes sólo por estar viva, si es que ni tocarte quiero; verte, eso es… Y ya no existes, nada. No haber nacido Panillo. ¡Hala!, así, ahora a joderse. Ver pero no tocar.

 

Azul, agua y muerte, todo pegajoso, sin futuro…, o qué futuro, cuál… Yo creo que estas cosas me pasan para joderme aún más, sí, el haberte conocido, eso, ¡toma, para que te jodas chaval!, te lo restriego por los putos morros, venga, vía.

 

Duérmete Panillín, todo llega a su fin, todo acaba, todo tiene un final (no un fin, de eso no sabes, ¡ni puta idea!...), así que tranqui, tronko, tranqui.

 

Es que me pasan unas cosas que son, qué sé yo, milagrosas, raras, no sé, y por la noche, casi siempre, a las tres o a las cuatro, por la calle, ¡joder!, tengo un imán…, total, que nada.

 

Le has jodido el coche a tu padre, Dori, tía, un coche cojonudo, sabes, ¡una pasta!, si es que te sobra, perdidita mía, que estás ciega… ¿Y yo?: “Tú no le digas nada, contra menos hables, mejor, a tu padre”… ”No tuviste la culpa, vamos, y nada más, a callar”.  “Que no te huela el aliento, bebe agua”.

Se apagó una luz, me palpita muy deprisa el corazón, parece que se quiere escapar; me paro, como un árbol, en la puta acera, clavao, ahí, miro el cielo, las fachadas de los edificios, cuento cuántos pisos tiene éste, el otro…; echo a andar otra vez… Quiero que llueva, y sin mojarme, limón, jugo de limón; quiero todo verde, limpio, limpio sobre todo, esto es muy importante. ¡Ah!, puro. Quiero estar limpio, ser un recién nacido, respirar aire de limón, aroma.

Recogerte el pelo y besarte en la boca, un choque de trenes, una explosión, chispas, un estruendo…, y luego más y más… Vete a la mierda…, o… ¡que te jodan!

Si es que me hueles a dinero, Dori, si es que me molestas…, el smartphone, el  iPad, el bolso, tan bonito y caro, las dos rosas en el asiento de atrás, envueltos los tallos así como con plástico muy fino. ¡Aaaggg! ¿Por qué cojones me pasará esto a mí, si yo no quiero nada…, bueno, tampoco es así. Si es que parece que me escupieras en la cara, que me insultaras, me molestas, me da asco esto.

Yo quiero la pureza, palacios de cristal, de luz, en el aire, en el cielo…, la boca limpia, el estómago en paz…, eso es lo que yo quiero…, y no saber nada, vaya, y quizá no existir. Ya es que estoy anestesiado, quiero volver a ser un niño… y ya no mucho más…, y desaparecer. Pero puedo repartir hostias, soy Panillo, amigo de Borrego, nunca lo dejaría en feo…, no me creo que se diera el matarile…, no.

 

Voy deambulando. Estoy en el fondo, ya (hay muchos fondos, más profundos, menos…, hay muchos… Yo estoy en uno… jodido, sí…, y no pasa nada, hombre), hago pie, camino sintiendo su base… escurridiza, los pasos son ligeros a pesar de todo…, no cuesta casi nada andar. No sé a dónde voy…, la boca seca…, tiene gracia la cosa. De un lado a otro; miro los tapacubos de los coches aparcados… Todos son, vamos que la simetría es el rasgo común…, los hay de todo tipo, pero, el patrón de todos es una circunferencia y luego… pues eso, distintos diseños… Así parece que vas como ocupado en algo, de vez en cuando miras al frente, claro, pero, vaya, que no, que las calles, la gente, la ciudad, ¡eh!, ciudad…, la tienes asimilada, no te afecta… nada, ni los coches, ni los perritos que hacen que el dueño doble el espinazo para recoger su caquita… ¡que es que ya manda cojones!

Nada, abstraído, a lo tuyo…, que es, exactamente, no pensar en nada…, en la muerte…, puede.

 

La acera, gente que te adelanta, gente que se cruza… y no se sabe bien, generalmente una mirada choca con la otra… Para esto, lo mejor son las gafas de sol… Vas como Dios, aun en invierno…, sí, es como una barrera… ¡Anda, que os jodan!

Una plataforma fría, es la acera, no siento la gravedad, su fuerza, se entiende, ¡hostia!  A medida, la situación se repite, para joderme a mí, seguro, así que ahí están: unos para aquí otros para allí…, todos ocupados, eso sí…, con papelines debajo del brazo, ¡pringaos!

Y ahora ya es estoy caminando por el centro del hormiguero…, sí, tiendas, oficinas…, pin, pan, pun…, gente…, de todo, gentuza… Corbatitas, señoronas… de los cojones…, náufragos hablando solos…

¡Ah!, cartelito: “Deme algo, es para comer”…, y eso…, con el tío doblado…, si es que se te cae el alma al suelo, ¡jolines, caramba…

! Os digo, perecemos astronautas! Y nadie nos dirige…, en el fondo, nadie sabe por qué está aquí…, en el centro…, en cualquier parte.

No sabemos qué dirección tomar (excepto los listos, éstos es que se engañan a sí mismos… que es la rehostia lo bien que lo hacen… ¡payasos!). ¿Cuál es nuestro destino, nuestra meta? (aparte de espicharla en el momento que toque, claro, que eso lo sabe cualquiera…, hasta los bobos…, bueno, si son muy, muy bobos, no…, ésta es gente especial… Son bobos, necesitan todo el apoyo del mundo y mucho cariño…, encima, ¡fíjate, si es que es para joderse!, además yo no sé si este personal vota…, por lo que tenemos al timón, me da que sí…, además los primeritos, fijo…, y lo que les manden…, eso, por la tele, joder), no sabemos cuánto tiempo llevamos aquí, pero sí, sí…, creo que tenemos la sensación de que hemos llegado al final…, al corazón de la locura…, así, a lo bobo, a lo bobo… ya hemos alcanzado el final del abismo, sin enterarnos. Mucho, mucho…, y en realidad estamos a oscuras… y en un laberinto…, pero así y todo: perlas y violines, oro de cristal…, aquí en el fondo, en lo profundo, en el mejor lugar, eso es.

 

Sigo caminando (eso, eso, como dijo el otro: caminante, no hay camino, se hace camino al andar… Sí, sí, y una hostia, Antonio…, lo que hay es que nada más nacer -sin que tú lo hayas pedido, si esto fuera posible, claro- te dan un par de hostias…, y luego una patada en el culo…, y ya sales disparado haciendo camino a la fuerza…, y es que te comes hasta la hierba para que el camino que te han marcado esté más decente… Una buena patada en el culo es lo que te pegan…, para que eches a andar…, a la puta fuerza, coño…, y es muy difícil ser libre, pocos, pocos hay, pocos), siempre al frente, adelante… ¡que no se diga!

 

En el laberinto, apresados, encarcelados en una prisión que está dentro de otras muchas, infinitas.

 

Por esta calle, estrecha, con una sola dirección para que circulen los coches, con arbolitos plantados al borde de la acera, con bolardos para proteger al peatón…, muy bonitos; en esta calle, calle Virgen de las Angustias, hace dos semanas o así, uno, y no es el primero, que esto ya es que mosquea bastante, se tiró por la ventana, sí, ventana…, dio un beso a un familiar y dijo: “Bueno yo ya…”. Desde un cuarto se tiró, no es mucha altura, aunque en ese edificio sumándole el entresuelo y la entreplanta, ya es una buena altura, pero…, vamos, que puede que no la espiches al estrellarte contra el suelo…, de color, gris, por donde tú tanto paseas Dori, y siempre dejas un perfume, un olorcito a vida, a limpio… Se tiró, se lanzó, pues, el chaval…, veintitantos años o así, más o menos…, supongo que miraría que abajo no hubiera nadie cuando hizo el tarzán…, sí, creo que miró…¡Plas, pref, plasssss, poook…! Se estrelló, se mató…, no había ni sangre ni nada…, reventó, por dentro, se conoce…, bueno, pues por esta calle, por esta parte de la calle, por esta acera paso yo mucho…, desde que lo sé, oye tío, que sí, en serio, que me pego a la pared, no pegado, pegado, pero sí bien arrimado…, aunque hay días que voy así que tal y me digo: psssss, qué más da, que más da que me caiga uno…, pero que acierte, joder, que no te deje, así, tullido…

No es el único sitio, que yo sepa, en esta deslumbrante y amarilla ciudad donde la gente se tira… a muerte por el balcón, ventana… No, no es el único, ni mucho menos; hace un mes, en mi barrio, un profesor de música de un instituto de enseñanza secundaria, desde un sexto, se lanzó… desde la ventanita de la cocinita… a la hora de comer…

Así que yo, con esto de la crisis y tal, y la polla…, me ando con ojo…, no siempre, ya digo, a veces, no vaya a ser que algún títere me caiga encima… ¡Joder!, a la madre de una amiga mía ya le han caído encima dos veces, dos vecinas, primero la madre y al poco la hija…, nada, no pasó nada…, el susto, los dos sustos…, hostia, que las dos vivían, viven, en un puto segundo piso…, que hay que ser gilipollas. A la madre -la receptora de los hostiones- de mi amiga tampoco le pasó nada grave, ni mucho menos, ahora que esta amiga del alma les tiene un asco a las frustradas suicidas…, está dando la barrila con que… ¡las voy a denunciar, las voy a denunciar! Vale, que sí, mujer, que sí…, si es que este desfallecimiento de la economía nacional, europea…, mundial, está matando más personal que la famosa gripe española del año 1918… Es que hace falta más cultura, hombre, y sobre todo ser menos egoístas, que es que ya da un asco tanto individualismo, tanto yo, yo, yo y sólo yo, que le dan ganas a uno de ir a la luna…,¡tan bonita!

 

Estamos llegando al final, Dorotea (voy a hacer un cigarro, cigarro, eh, picadura, eh, un momento…), también a lo más profundo…, no podemos elevarnos, salir. Luz, aire, horizontes…, nuestra mirada no llega más allá de cien metros. Sucio, todo, melancólico, y sí, eso es, queremos salir de un impulso muy fuerte, salir a la luz, llegar a ella… No podemos, seguimos danzando drogados y como locos por el fondo…, al andar parece que bailamos, somos muchos, todos, somos…

Arriba, arriba, muy arriba brilla el azul ligero, puro. No sé, por aquí abajo hay muros grandísimos, muy fuertes, gruesos como la hipocresía y las sonrisas falsas y las ambigüedades y la cobardía, son de cemento… armado, muy altos… los muros.

Estamos en el fondo Dorotea…, en un fondo, porque yo puedo saber que hay muchos… y más profundos, peores… Éste, en el que nos vamos ahogando…, a veces de risa, todo hay que decirlo, es jodido, bien, bien jodido de llevar. Bueno, al final todos la vamos a espichar, así que tranqui Dori… Estamos en lo que todos hemos convenido en llamar La Vida. Sí, eso es, peleando, imaginando cualquier cosa…, y todo para matar el aburrimiento…, para pasar el tiempo… hasta llegar a dejar de ser.

 

Sólo los muy ricos, y eso sí, que están bien de la cabeza, no notan tanto el Tiempo…, bueno y los pobres muy pobres, los miserables, siempre y cuando estén, sí, locos, pero muy locos. Dori, tú eres rica, tía…, a ver.

 

Violetas verdes, rosas de amor naranja, nubes grises, perlas de oro, lágrimas…, niebla. Sí, estamos aquí abajo, en el fondo del todo, de todo…, todos.

Reina la muerte, je, je, je, eso a nadie se le quita de la cabeza…, ya ves, es ella la dueña, la que abre la puerta, la que te pega un empujón y te lanza al azul límpido, puro, en el que inmerso, ya sí, eres libre…, bueno, tampoco sé.

Hemos llegado, pues, sin darnos cuenta, como que no quiere la cosa, al Fondo. “Hola”.  “ Hola”. Hablamos, vamos, venimos, llenamos el tiempo, el vacío, ¡cuesta la hostia! Pero ahí estamos todos, todos los hombres, como si fuéramos uno, un héroe, somos. Bien está, claro, no hay escape, esto es indiscutible. Calma un poco saber que es imposible, todo.

 

Nos cortamos las uñas, nos peinamos, nos arreglamos... ”¡¿Gusté?!, ¡¿no gusté?!”.

 

Y la Dori, despatarrada, con el corazón abierto de par en par, sin dobleces, entregada a todo, por completo, abierta al máximo, así, ahí está Dori. Lo quiere todo, probar hasta el veneno, emociones fuertes, está loca perdida, ¿sabes?, es buena, muy guapa, tiene unos ojos…, y unas cejas, negras, que te dejan ciego…, y, a la vez, se dejan ver.

Sus ojos…, como el estruendo de una tormenta, pero no hay ruido ni nada, pura belleza, sólo…, y se supera cuando sonríe… y los ojos, así, como achinados, ¡chispeantes!, se le ponen. ¡Ay, qué sonrisa! Limpia, la quiero con alguna peca, algún lunar…, con su pelo negrísimo, carbón, liso, muy bonito…

 

Tengo que quitarle de la cabeza esas porquerías… Tú, Dori, que casi lloras cuando lees en voz alta a algunos poetas españoles, de raza, con cojones…, ellos, digo; tú, cómo, cómo. Nada, no existes, creo que te sueño, eres un invento. Pura, como La Virgen, te quiero, sí, así…, y que engendres un Mundo nuevo, tú Sol, inmaculado, tú, Dori. Dori de los cojones, te sale el dinero por los ojos, se os pudren los billetes de quinientos lereles (euracos) en casa, se os olvida que los tenéis… de tantos y tantos que hay.

Tú, y tu piscina con luces, esas lucecitas, puro diseño, calmando, acariciando a todos en las noches transparentes, frescas, divinas, limpísimas, únicas, de verano…Tú…, tu casa, en lo mejorcito de Madrid.

 

Yo ya estoy al final…, pero espero un poco, un poco más. Hay que salir a fumar fuera, en la calle…, pegadita a la pared, mi espalda…, los zapatos mojándose…Todo lo que tengo enfrente es… una pena, como un niño, sujetando el balón, esperando a que pare de llover…, pegado a una pared, solo…, menos mal que sé que te estoy esperando…

 

SI es que lo piensan ellos mismos. ¡Que Dios os bendiga, bien, pero bien, bien!

 

Ahí están, míralos, ¿los ves bien, lo aguantas?, míralos..., con sus corbatas, sus trajes de marca (no, de marca no, trajes hechos por un arrastradillo de sastre -se ponen a gatas, tío- en exclusiva, a medida).

Fíjate, con las mejores galas; políticos, empresarios y, y, sí, periodistas; así, sin ninguna vergüenza, todos juntos, relamiéndose, con un vaso de vino "español" en la mano (mano vaga…, no trabajan, en realidad), a éstos sólo les falta hacer un círculo y empezar a lamerse el culo unos a otros, así, sin parar, hasta el final de los tiempos...

-¿Me queda bien, cariño?

-¡Oh!, sí, estás magnifico...

Se empalman al mirarse al espejo (bueno..., los que pueden..., porque ni eso, algunos...). Y luego, ¡hala!..., a hacerse fotos, a mamársela unos a otros...

Siempre celebran algo…, por ejemplo, la entrega de cualquier premio de mierda por parte de un periódico... Esos trajes…, de uniforme todos…, los pelucos, a ver cuál es mejor…

Y de aquí para allá..., saludándose, dándose bien por el culo, con gusto....

Hay uno, alto, con gafas, con cara de gamba...,¡es que es como una gamba!... Sonríe constantemente..., el muy asqueroso..., cara de crustáceo..., está muy satisfecho, verdad... En la calle seguro que no vale ni para recibir media hostia… ¡Ah!, pero, amigo, ha heredado, ¡cara de puta gamba!, dos metros debe de medir el baboso ése, sí, sí...; ¿y los otros?..., si es que dan asco..., ríen, mandan (o eso creen), se cuidan mucho, revisiones médicas cada dos por tres (pues había uno que se miraba bien en la consulta del médico, el médico iría a verlo a él, la verdad, que palmó, de repente, inesperadamente, nadie lo podía imaginar… ¡tan sano estaba...!), les da gusto… todo el puto tinglado que tienen montado.

Y al acabar, para casa…, a cagar, eso es, exactamente. Son de lo peorcito que hay…

¡No curran, ni han currado en su aromática vida!

¡¿Habrá Dios, a ver si Él os da cera, pero bien, bien?! Una pasadita por EE.UU. les pegaba yo a todos... ¡Putos paletos!

 

Dieciséis soles, tres lunas, mil amarillos, y aquí yo, nuevamente…, con la espalda pegadita a la pared (me cagüendiosla), esperándote, así.

Serán las siete de la tarde…, sigue lloviendo.

Lo que tiene fumar es que las primeras caladas saben cojonudamente, luego, según va consumiéndose el cigarro van sabiendo algo menos bien…, ya no te digo si echas uno detrás de otro…, es que en realidad no los disfrutas, los cigarros.

Yo hubo un tiempo en el que me gustaban los días de lluvia, cuando llovía, vamos, ahora es que me dan por el culo, o sea, que no me gustan, que me dan asco, ¡joder!

Y no para…, Dori. Porque no tengo, creo, vanidad, sino casi creería que llueve sólo para joderme a mí.

 

Lo cierto es que no somos muy distintos unos de otros…, somos muy parecidos…, casi iguales…, iguales en lo básico, ¡ah!, pero eso sí, todos, toda la puta peña de los cojones se cree que cada uno de ellos es único, especial…, sí, sí; pero no, tío, muy, muy parecidos, todos; casi iguales, ya digo.

Ahora bien, cierto que hay gente que es fea, fea y fea, ruin, mantecosa, retorcida, espesa, cobarde, alienada (con gusto y sin consciencia de ello, de la cosa), perra, muy perra…, a mí me dan un asco de la hostia; yo es que me ha faltado un pelo para liarme a hostiazos , o al menos liarla, el que haya creído -sea verdad o no- que alguien me ha mirado mal.

 

Bueno, pues este personal del que os hablo…, estos cerdos que se tiran al suelo (así, como cuando un jugador de fútbol -amor mío, jugarlo, digo, hasta la muerte- celebra un gol en un campo con la hierba mojada, en plancha) arrastrándose, suicidas, lanzándose hasta llegar al céntimo que han visto con esos ojos que parecen escobillas de váter, encanallándose por la acera, sometidos, limpiando, barriendo la superficie por la que viajan –cortísimo viaje, pero clarificador…- escobillando gapos, mierda de perrito…, lo que sea, hasta llegar, al final, por fin, al objetivo: agarrar el puto céntimo… Así se tiran. Roñas, putos roñas… estos cerdos, perracos asquerosos…, hay que ver cómo mueven al rabito, como eso, chuchos, si les enseñas un billete…, pues de cien, vale…

 

¡Ah, y me moriré, todos, yo también, dejaré de estar aquí…, el aire, la tierra, el café, las risas…, el buen calor, amorcito…,¿seré nada? Y dónde está el Tiempo, qué es…, qué es…

Mil años, dos mil…, qué queda, que quedará, para qué… Nada, eso: nada…, no sé…,¡sonrisitas cargadas de futuro…, expuestas ya a la laminadora, al Tiempo…, ¿ves?, ya no están…, pero qué quieres, son historia, tu memoria…, tú, eres tú.

Flores, sol…, sol de agosto…, noches de agosto, sí…, y el  sonido dulce, agudo, monótono, de los grillos… soltando, parece, todo el calor acumulado durante el día…, exudándolo…¡Aaah, me iré…, ni nieve, ni sol… Dios!

 

Pues sí, todas estas gusarapas no son muy diferentes del resto de gusarapas que pueblan, viven, joden al prójimo, habitan este bello, flotante planeta azul (¿flotante?)…, dicen, eso, que es azul. Esto es así.

 

Mira, la punta de mis zapatos está ya…, vamos, que noto el agua. Voy acabando el cigarro. Hay paisanas que al cruzarse conmigo, con esos paraguas  que parecen tiendas de campaña estampadas con florecitas, ositos, pajaritos…, penas…, casas ambulantes, autocaravanas, eso son, sus putos paraguas…, y a mí me dan ganas de darles unas collejas, a las señoracas ésas, y decirles: “Señora, hostia, haga el favor, venga, mujer, haga el favor…, acérquese un poco… (y…¡colleja!), váyase a tomar por el culo, muérase usted”.

 

Yo he visto, en sueños, durmiendo, quiero decir, mi pasado…, ¡hombre!, es normal eso de “ver” tu pasado, pero así, con distorsiones, con la boca seca, ¡jode!

Y cuando llegues Dori, pedazo de so puta, te voy a dar un beso, tierno, suave, cariñoso, en la boca… ¡Qué labios, Señor!, perfectos…, bien dibujados, ni carnosos ni finos, ¡Dios! Una línea horizontal, un corte, un navajazo, divide en dos la carne de tu cara ovalada, un poco alargada, con un mentón fuerte, y del corte, como si acabaran de ser creados,  asombrosos, rojos, alargados, algo gruesos, surgen siempre por primera vez para que yo dé gracia a Dios porque existen... para mí, ¡eh, Dori!

Y voy disparado, hacia la muerte, desde que nací… Estrellitas azules, cielo de verano, de noche, mis ojos, ya tan grandes como los de un búho, ahí, en medio de la noche, en pantalones cortos; no ha habido opción, como todo, ¡Dios!, he crecido, ¿buscando qué?, pues eso, el final, despegar, subir y bajar…, ¡espicharla!, vamos.

 

Puta lluvia, marcho, no espero más.

¡Hostias!, tengo que entrar en el bar a pagar el café…, se me pasó, vía, marcho…

Sin paraguas, ¡joder! ¡Hala!, a raspar las paredes, aprovechando cualquier balcón, los voladizos de, ¡atención!, los bienes inmuebles (cosas de bancos, usura), para mojarme menos…

Pisar una baldosa en esta heroica escapada y que ésta esté suelta, mal cimentada, en la acera y que te salte un montón de agua que te llega hasta las rodillas, es una de las cosas que hace pensar que sí, que la vida es bella, que la vida merece la pena (al loro con esto de “merece la pena”), que ¡que bonito es todo!... ¡Me cago en el grandísimo hijo puta del alcalde, hostia…, y en el servicio, sección o cómo se llame de Obras Públicas del ayuntamiento de los huevos!

 

Yo, Panillo, ¿por qué no me moriré ya de una puta vez?..., en dos o tres días, el deceso, que dure el asunto, digo, sin dolor…, y, ¡hala, carril, ahí os quedáis, mierdas!

 

¿Embargado el bar?, ¿el alquiler del piso sin pagar?, ¡minucias, pequeñeces!..., nada, nada, esto lo arregla Dorotea… Pero, quede claro, hay cosas por las que no paso, que no trago. Lo tengo jodido, sí, jodido, jodido…

Bueno, y que no me amenacen con La Vida Eterna, eh, eso sí que no, ¡hostias!...

Menudo capón que me dio en la iglesia, en misa, de pequeño, el cura…, desde entonces, ¡joder!, cada vez me gustaban más los cómics…, estaba, cuando el manotazo (dedos gordos) en la cabeza, leyendo un cómic…, ¡curita, curita!

 

El fallo está en haber nacido, ahí, ahí es donde le duele…, ni te preguntan ni nada, ¡hala!, venga, fuera, ahí, a tragar…, esto es queee.

 

La casa, el chalet, la polla, de Dorotea, tiene tres plantas, un semisótano…, la cubierta del palacio es una hermosa terraza con una pequeña  guardilla… El  césped verde, ¡no te jode!, su piscinita…

Oye, para entrar en la urbanización, pues sí, hay que pasar un control. Allí tienen, los muy hijo putas, una empresa contratada, de vigilantes jurados.

Y todos o casi todos, en sus fortificaciones, en sus inmensos hogares, tienen unos perros de la hostia que saltan alegremente, expectantes, sobre la diabólica superficie de hierba…,¡tan bien cortada!..., la altura justa, igualada al milímetro.

Y cámaras de vigilancia, y alarmas por todos los lados…, en las alcantarillas debe de haber, casi seguro.

Y miedo, miedo, mucho miedo, eso es.

 

 

 

Vuelo, estoy volando. Como chicle. ¿Ves? Mira cómo está el cielo, allí, donde toca la Tierra, ¿ves el perfil? Mira, ahora, un poco más arriba…, las nubes, pocas, compactas, sueltas…, se estrella la luz del Sol en ellas, allí se queda, dorada, un dorado flojo, casi naranja…, están rodeadas por un azul, así, eléctrico…, atardece, claro, es otoño. Yo voy volando, veo los tejados de las casas, la gente, chiquitina… Como chicle, escupo, con el gapo va el chicle, ¿a quién le caerá?

Estoy encima de la ciudad, esta ciudad que es como una lavadora…, y la gente la ropa sucia…, frenéticamente danzando, dando vueltas… descerebradamente…, limpiándose… la mierda…, y sin acabar nunca; así, siempre, por los siglos de los siglos…

Ya estoy aquí, a tu lado, sentado en un parque, con ganas de echar una meada, miro, busco un árbol, y…, bueno, ¡qué desahogo! Me vuelvo a sentar en ése, mi banco, a tu lado, sí, a tu lado, sí, aunque estoy solo, solo. Hago un cigarrillo, zas, zas…, y fumo, el humo es verde, mi sonrisa es triste…, tristísima; creo que me están apuntando con una pistola…, me van a dar, van a dispararme… a la cabeza.

¿Te das cuenta, Dori? Pero bueno, si estoy solo… Dori, Dori, pero ¡qué puta eres! El humo, ahora, es azul, violeta…, toma forma de anillos… de oro, de plata. Ahora es rojo, así, como el vino, vinito, vinito, vinito tinto…

 

Desde que tengo embargado el bar, y el alquiler del piso sin pagar, hace de esto ya mes y medio…, le estoy dando vueltas a la idea de entrar en tu casa y arramblar con todo, ¿sabes? Dori. Sé dónde están las cosas, sí, las de valor…, ¿robar yo? No, no soy un ladrón…, y mira que en esta mierda de país ya…, si es que hay gente que pasa hambre…, niños que…, que muchos días no tienen para comer. Y hay, también, grandísimos hijoputas que mangando el voto, ¡uy, uy, uy, qué democracia!, a los, eso, hambrientos, no hacen más que aprovecharse y robar, robar…, pero sin cojones, ¡qué va!, cobardemente, con chanchullos, hablando… en despachos, en…

 

Se pone fresco; los ojos, abro mucho los ojos, marcho…, voy a ver si aún puedo entrar y dormir en mi hogar, dulce hogar.

Rosas, peceras, jaulas para pájaros. Cruzo como un rayo las calles, ¡zig, zag, zig, zag!, voy deprisa; si es que es igual… ¡Ah, no!..., entonces, un día, sí, vendrá un ejercito de ángeles… ¿ Sabes lo que harán, Dori? Justicia, exterminarán, aplastarán a los que abusan, a los ladrones mansos y cobardes…

 A los que se juegan la vida, no, no creo, igual hasta los reclutan para su ejercito.

“¡Hostia, no han cambiado la cerradura…, pa dentro!” La lavadora gira, gira, eterna, todos estamos dentro. No hay forma, nadie se libra…, todos enfangados, sucios…, divirtiéndose, algunos, pasando el rato, matando el tiempo… como sea; y amor, mucho, mucho amor. Ser bueno, dulce, descansar, no tener prisa.

Voy a abrir una puta lata de sardinas, me hago un bocadillo, como…, y al sobre, a dormir, eso.

Saltimbanquis. No, no creáis, les va en ello el garbanzo…, sonreír, decir que sí, inclinarse…, no fallar al que está por encima, arrastrarse sin que se note.

¿Y ellas?, ellas estirándose la piel, el pellejo, la envoltura…, ya casi, hasta de tan tirante, romperse la puta jeta; que no, que no…,¡que se os nota! El botox. La toxina botulínica. “¡Ay!, si somos inmortales”, ¡jodidas pellejas…!, en veinte años hablamos, dentro de veinte años hablamos.

“Cariño (dice el hijoputa, al que le pone la paisana unos cuernos como unos rascacielos), he tenido un día muy duro (¿estresante, ponemos estresante, eh?..., hostia) en la oficina”…, (la oficina…, el despacho… de la… maricona, ¡no te jode!). Aquí, en este punto exacto, es cuando, si fuera posible, un tremendo hostión le debería caer en todo el morro al tiparraco éste…, y así…, que lo dejara…, bueno, vamos, que lo espabilara, que le quitara la roña de payaso y la tontería definitivamente de la cara…, del cuerpo…, de todo, entero.

“¡Vaya, ¿no me digas?!”, contesta ella, mientras come una aceituna… y chupa, lame, despreocupadamente y bien, pero bien, el hueso y lo posa, después, delicadamente encima de, sin más, la mesa del salón, grande, hermoso…, baboso…, para aparentar, en definitiva, así es el saloncito; siempre, la muy perra, con un gesto de asco en la cara que le sale la mar de fácil.

 

Vengo de otro mundo, cabrones. Me ha empapado, he sido inundado por el Sol, un sol de verano, en una plaza de pueblo. La iglesia, allí, como punto de referencia central…, y yo, yo y mi viserita…, de ésas que te protegen, mal que bien, para que la luz no te dé, una vez sí, otra vez no, puñetazos en los ojos.

Mis ojos de niño, deslumbrado, en esa plaza perdida en el tiempo; una carrera, era la meta, allí, llegaban los ciclistas.

En ese mismo sitio vi, y a esa edad aproximadamente, un combate de boxeo, no había que pagar entrada, dicho está, era al aire libre, en la plaza del puto pueblo. ¡Unas hostias se metían!, no tenían protección ni nada en la cabeza…, sudor, angustia, sangre…, les brillaba la piel…, eran unos críos; hay que ganarse el pan, aquí, en este caso, a hostia limpia.

 

Saltamontes, lagartijas…, les arrancas el rabo… y les vuelve a crecer, sí.

Sois viejos, sois viejas, pellejos, pellejas, sí, no podéis hacer nada. ¡Ah!, sí, ducharos, luciros…, ropa cara…, y qué, y qué… Membrillos, que sois unos membrillos, nada, eso es, nada. Hay una edad, cumplida una edad, que ya es mejor no estar, dejar el partido, salir de la película, darse el matarile…, en fin.

Yo ya he echado mis cuentas, y nada, pues muy bien.

 

Ahí lo tenéis, con las manos destrozadas. La cabeza en punto muerto…, sólo sensible al malestar…, baldado del trabajo, viene.

De arrancar a la tierra, como un puto topo, algo que tenga valor, a oscuras, medio asfixiado, y un día y otro…

 

No sé ni cómo he estudiado (la universidad y tal), no sé cómo he estado en los sitios en los que he estado, hecho las cosas que he hecho, tratado a los cerdos que he tratado…, creo, puede ser que haya algo en mí, que sin yo saberlo conscientemente me empuje hacia delante, a conocer, a no ser menos que…, vaya…, a no ser menos que los demás, que el que más, incluso.

Os conozco, no dais mucho de sí, estáis muy cerca de la putrefacción…, del vicio…, las apariencias, sólo eso es lo que vale.

Que sí, mamones. Se sientan el los parques, toman el sol… de otoño, hablan, especialmente de hospitales, consultas, operaciones, cirugía, vamos, esperan, ya sabes…

La nariz, la cara, algunas ya, sí, casi rozan la acera cuando, mal que bien, van andando; luego, pues eso, desaparecen. Con Dios.

Está bien haber ido a la Universidad, quieras que no algo se pega. ¡Hombre, sí!, ya…, hay profesores perros, perros…, vagos; fíjate, por no mear bien, ni se baja la bragueta…, demasiado trabajo éste; a uno vi yo -y no era por enfermedad- que siempre, casi siempre, se notaba que se había meado… encima.

Los hay…, son ácaros, muchos, y muy vagos, irresponsables, que sólo van a por la nómina…, hasta ir a cobrar les cuesta, de cojones; son más de los que se cree…, y están ahí, mamando…, aburridos. Esto aquí, en España.

Pero bueno, está bien, como hay tanto mierda, les pasas el título por los morros, en la calle…, y ya…, pues nada, como que eres alguien.

 

“Cariño, no me pongas muchos cuernos”. “Que no, mujer, ya sabes, nunca, pero nunca, nunca tantos como tú a mí! “Ja, ja, ja, ja”, ríe la señora  zorrona de la casa, el putón.

Se suelen divorciar, separar…, ellos, los muy mamones, pervertidos…, que es que ya no le sacan gusto a nada, las cogen más jóvenes, es así…, si hay pasta, claro.

Me tengo que cortar las uñas, el problema de esto es que hay que tener cuidado…, una vez acabado cada corte, las muy hijaputas saltan y no sabes a dónde han ido a parar… para siempre, hasta su descomposición. Yo ya le he pillado el punto, raro es que se me escape una.

Tengo en mi dulce hogar flores, son de cristal, de color violeta..., y amarillas (un amarillo tierra), azules (un azul tirando a oscuro), rojas sangre, o como el color del vino tinto.

No tengo muchas más cosas…, por la noche, si hace bueno, pues dejo entrar a las estrellas, unas cuantas…, y están por la habitación…, ¡si ves cómo se mueven!, brillan, entonces, sólo para mí, y a mí me es igual, de verdad, me la suda.

Como sardinas en lata vivimos y eso, con suerte, te lo digo yo, chaval.

Yo siempre encuentro las puertas cerradas…, llamo, y nada, cerradas; manos a los bolsillos…, es que ahora me han contratado (dos semanas), a mí, a La Momia, a la gran Momia, para hacer encuestas…, me da un asco.

Puerta a puerta. Hoy es el tercer día…, he tirado todo a tomar por el culo, al suelo, ni cobrar quiero…, no me ven más el pelo. Además, iba vestido de Almirante, tío, traje, corbata, zapatos, así, brillando…, brillantes… de puro negro…, de pura pena…, rozaban, los cabrones, encima.

¡Joder!... Hay mucho paro (yo creo que sólo trabajan los políticos…, y lo hacen cojonudamente…, sin ninguna vergüenza, con la cara así de grande, de cemento armado, la tienen…), la gente tiene miedo…, y qué.

Yo creo que no falta mucho para que nos liemos, nuevamente, a hostias, aquí, en España…, una costumbre, para limpiar.

“Cariño, no te olvides de darle  recuerdos a Pipina, ya sabes que la quiero mucho”. “Se lo diré, no te preocupes”.

 

Firman con el dedo, o con una cruz, y  están en el Senado, en el Parlamento (diecisiete hay…, y la de Dios hay…), en puestos inventados por ellos que son la rehostia.

Hay hambre, hay gente (unos asquerosos, la verdad) que olisquea en la basura…, comedores sociales…, vamos, mucho pringao, hay. Eso es.

 

Una mole, un gigante, inmensa, gorda es poco, como diez bombonas de butano en un solo cuerpo; fea, medio calva, cincuenta y tantos, 150 cm, o así..., hasta bigote tiene, algo; un carro de la compra que está tan lleno que llega al techo. Panillo sólo lleva unas Coca-Colas. El hipopótamo está delante..., además es un animal... risueño..., feliz..., como los bobos, exactamente.

Es horrorosa, la mujer…  Michelines como neveras, aplastada... Y ríe. Ha comprado, mirando con ojos da vampira mosqueada hasta el último céntimo, para todo (fíjate) el fin de semana. Es una vaca, enana, hinchada; la hija se le parece..., va tomando forma, el pequeño monstruo... ¡Te pueden dar muy mucho por el culo! Panillo. Dejó las Coca-Colas y salió sin comprar nada; eso sí..., cubierto con una sensación de asco... puro.

Corred la voz, pasadlo por ahí, que mi palabra, hijos, llegue lejos, y que si alguien se da por aludido, que se joda, que le duela...¡Porque, a ver si vamos a empezar a dar nombrecitos, eh, pitufos! Que Dios os bendiga. No penséis nunca en el infinito, ni en el tiempo… No hay respuesta… Pero aprended a distinguir en vuestra vida a los mierdas de los que no lo son… No cuesta mucho...,sólo hay que fijarse un poco.

Alabemos al Señor. Bondad infinita. ¡Oh! Dedicado a todos los lameculos que tienen como único (o principal) objetivo en su deslumbrante mediocre existencia, gris, arrastrada, cumplidora, objetivamente cobarde, la jubilación, la perfecta jubilación… Para después de ella, qué..., ¡eh! Después de la jubilación, nada, y durante, tal vez os venga el recuerdo de vuestra cobardía e indignidad. Ni vuestros propios hijos os tendrán afecto, ni un poco así. Nada. Sois los que habéis hecho de

este puto país (Españañañá) de mierda…, una madrastra asesina, envidiosa..., celosa hasta el paroxismo de la excelencia ajena, expulsando lo bueno. Perros.

 

 

 Todo el año, frío o calor, daba igual, buenas hostias que nos dieron…, alguna que otra vez…, a mí, en una de ésas, me reventaron el oído…, sangraba…, dibujaba en el suelo una, así, como línea roja, rojo oscuro…, ¡hostia!, chorreaba…, iba dejando una pista…, me iban a volver a pillar…, je, je, je. Nada, el oído quedó bien…, reventó alguna vena o así, nada. Se la juramos al cabrón que lo hizo... Hasta cuatro años pasaron... y no olvidamos…, y tuvimos la oportunidad…, quedó cojo y bizco…, el cabrón hijo de puta. ¡Toma, por abusar!

 

 

Estudia, estudia…, y estudié. Esto le jode, lo que más, al señor juez…”Éste, éste… ¡con una titulación universitaria…!”, dice, mientras se sube el pantalón,  el padre de Dorotea… Es que esto le jode.

Nunca, nunca te tomes la justicia por tu mano, esto es muy importante… ¡No se podría convivir!, ¿sabes? Un día me voy a colar y le voy a dejar a la paisana…, que va a salir corriendo colgada detrás de mí, más aún que su hija…, ¡que no me joda!..., que bien sé yo por qué los que controlan esa entrada a la idílica, bellísima urbanización siempre me ponen pegas…, y lo que más me hincha los huevos, casi, a veces, noto, me parece…, es que me miran como mal…, ¡pues que no jodan ellos tampoco…, pringaooos!

 

Soy azul, soy redondo…, floto, me abrazo, inconsciente, a ratos…, voy a despegar como un cohete, de aquí…, y rosa, violeta, dorado, iré hasta el mismísimo alma de un agujero negro…, perderme…, ni ceniza, nada…, cero.

¿Ves este sudor?, fíjate cómo brilla…, me purifica, me pone en mi sitio…, me limpia. Mira, ¿ves cómo sangro?, me estoy quitando un peso…, y nunca lo consigo del todo.

 

CONTINÚA...